A veces los pueblos nacen por necesidades específicas, en otras ocasiones surgen de casualidad. El caso del uruguayo Arapey, ubicado en línea directa a la represa de Salto Grande y enfrentado a la ciudad de entrerriana Concordia, tuvo una función práctica: en la década de 1940 el Instituto Geológico del Uruguay inició perforaciones en las inmediaciones del río Arapey (del guaraní “río de los camalotes”) en busca de petróleo. Tras horadar la tierra a gran profundidad, salió un líquido oscuro y festejaron. Hasta que se transformó en un intenso chorro de agua cristalina a más de 40 °C. Sí, era una vertiente termal del Acuífero Guaraní.
El crecimiento de este rincón del departamento de Salto fue escaso: la intendencia construyó los primeros moteles y piscinas a partir de un comodato con el ejército, dando un uso recreativo al hallazgo. Así se trazó un predio de 250 ha que combinó complejos municipales con zonas de camping. Lo más llamativo es que la plaza central de esta mini ciudad, apenas tiene 10 cuadras a la redonda, es un circuito de piletas municipales, completamente gratuitas y hasta con toboganes. Además el camping, que admite motorhomes y tráileres, está junto al río, ofreciendo una hermosa vista.









