El 45º Festival de la Guitarra de Córdoba, que se celebra en la capital omeya hasta el 11 de julio, acogerá en su jornada de clausura el homenaje de su ciudad y del flamenco a la consagrada artista Blanca del Rey. Una acumulación de circunstancias rodea un tributo que contribuye a conmemorar uno de los hitos que inauguraron la etapa denominada de revalorización del flamenco: la creación en 1956 del veterano Concurso Nacional (CNAF), que ha cumplido 70 años, los mismos que celebró el pasado mayo uno de los tablaos más antiguos de Madrid, el Corral de la Morería, fundado por el empresario Manuel del Rey ese mismo año, puede que animado por un aliento dignificador de este arte similar al del certamen cordobés. Para redondear la doble efeméride, la homenajeada, que es la actual directora artística del citado tablao, alcanza sus 80 años (y sigue bailando). La historia de Del Rey bien podría asemejarse a un cuento de hadas, algo que ella llega a admitir, pero esconde a su vez una historia de lucha y superación que tiene siempre presente. Nacida Blanca Ávila Molina, despuntó muy precozmente en su ciudad natal: con tan solo 14 años emigró de la mano de su madre a la capital del reino para abrirse paso en el mundo del baile. Allí trabajaría en diversos tablaos, entre ellos el citado Corral. Fue una etapa que recuerda como muy dura: “Aquellos tiempos no eran estos, pero mi madre era una luchadora con muchos reaños, veía algo en mi como artista y lo defendía”. Tanto que, cuando don Manuel, el dueño de la Morería, le pidió la mano de su hija, un lustro después de su llegada, ella se opuso porque, además de alguna que otra oferta llegada de América, adivinaba que ello iba a suponer su abandono del baile. No se equivocó la madre: Del Rey lo dejó al menos durante los 10 años que empleó en atender su maternidad. “Mientras los niños eran pequeños, no lo echaba de menos pero hubo un momento en que la mente se me rebeló: tienes que bailar porque naciste bailando”, cuenta en conversación telefónica. Empezó a hacerlo tímidamente, cubriendo las ausencias de Lucero Tena en El Corral, pero una llamada del programa La danza de TVE acabó por determinar un regreso que sería definitivo. Su carrera ha tenido, pues, un carácter intermitente, lo que no le ha impedido crear escuela en gran parte debido a su constancia en el empeño dancístico, ya fuera formándose o creando. El suyo ha sido un sendero de crecimiento que no se ha detenido con el tiempo, siempre en la búsqueda de una expresión personal que fue madurando a través de una permanente reflexión sobre el baile y el arte. Suyas son aportaciones a la danza flamenca que son patrimonio de la disciplina, como la reconocida Soleá del mantón, una coreografía emblemática que su autora cedió al Ballet Nacional de España y fue incluida en su repertorio. La bailaora y coreógrafa Olga Pericet (Córdoba, 51 años), que es Premio Nacional de Danza 2018, llegó a ver el desarrollo de esa coreografía en el Gran Teatro cordobés y sintió que con ese flamenco se identificaba. “La vi como una diosa. Sentí que su baile se expandía, con fuerza y fragilidad, con una estilización de la danza llena de sencillez”, dice. El también bailaor y coreógrafo Manuel Liñán (Granada, 46 años), Premio Nacional de Danza 2017, confiesa igualmente que esa obra le marcó muchísimo por el protagonismo que ella le otorgó al mantón, que él utiliza en sus trabajos, dentro de una coreografía que ha sido reconocida por su lirismo. El acreditado director escénico Francisco López, desde otra óptica, piensa que lo más importante de su legado es “la relación tan profunda que hay entre el fondo y la forma en su concepto del baile”, que la convierte en un “referente ético”. Precisamente, López, también cordobés, ha sido el inspirador —y será el director— de un homenaje que justifica “porque tanto Córdoba como el flamenco se lo debían”. López ha concebido La Reina Blanca, nombre de la gala homenaje, como “un viaje emocional en torno a ella” —desde Córdoba al primer Madrid para terminar en la actual maestra—, pero también un recorrido por el baile flamenco de los últimos 70 años con guiños a figuras fundamentales como La Tomata, también cordobesa, Antonio Gades, Mario Maya, Lucero Tena… Para el espectáculo, López ha contado con un elenco de artistas de primera línea que, para él, suponen una muestra muy diversa de una generación que está entre los 30 y los 50. Son David Coria, Eduardo Guerrero, Florencia Oz, Manuel Liñán, Marco Flores, Marta Gálvez, Olga Pericet y Úrsula López. “A todos los une el respeto claro hacia la herencia, más allá del compromiso que tienen con sus búsquedas personales. También todos están relacionados con el Corral y con Córdoba y sus cursos”, explica del otro lado del teléfono. Entre los participantes en la gala se encuentran artistas que, por edad, no han podido ser discípulos directos de Del Rey, pero que se reconocen herederos de su escuela y magisterio. Uno de ellos es Manuel Liñán, quien relata que, al principio, la presencia de la maestra cuando él bailaba lo ponía nervioso, pero que con el tiempo notó “su energía de persona cercana que está con los artistas, que los cuida y los jalea”. Pero, sobre todo, Liñán subraya el respeto y la apertura con que Del Rey admite la evolución del flamenco desde la diversidad. La opinión al respecto de la maestra es contundente: “Apoyo a la juventud a muerte porque veo que se dejan la piel. Cada tiempo tiene su luz y, en el camino de la evolución, lo importante es no perder la esencia, la conexión con la tierra y con la verdad del flamenco”. “Desde luego”, concluye, “la belleza del arte está en su diversidad”. Olga Pericet, por otra parte, destaca la capacidad de la maestra “para hacer el flamenco desde otro punto de vista, el del arte en general, al que lo eleva”. “Es una chamana, que ha sido muy autodidacta, y tiene la madurez exacta de los buenos vinos”, añade. Otro integrante de la obra, el bailaor y coreógrafo Marco Flores (Arcos de la Frontera, Cádiz, 45 años), que impulso su carrera desde Córdoba, cuando recibió todos los premios posibles en el CNAF de 2007, se declara también admirador de Blanca del Rey, a la que considera “referente absoluto para varias generaciones”. “He tenido, además, la dicha de conocerla y tenerla cerca, compartiendo escenario, porque ella ha sido una de las figuras que ha sido grande en los teatros, pero que también ha seguido bailando en los tablaos”, apunta. Estos tres artistas —y otros tantos— coinciden en haber experimentado el trayecto que va desde la admiración y el respeto hacia Blanca del Rey, a la cercanía e incluso a la amistad que hoy comparten con ella, que no duda en subir a bailar cuando ellos la llaman. Es algo que suele ocurrir cuando actúan en El Corral de la Morería, el lugar donde se encontraron, pero es más que probable que también suceda en las tablas del Gran Teatro de Córdoba la noche del 11 de julio.