Opinión

Editorial

EDITORIALHoy hace 15 años se presentó la denuncia por la desaparición de Cristina Siekavizza, un caso que aún sigue sin resolverse.

En 2025, el Ministerio Público registró 206 víctimas de femicidio, frente a 180 en 2024: un notorio repunte de crímenes contra mujeres que a menudo fueron precedidos por agresiones previas, pero perdidas en el subregistro y, por ende, en impunidad. Según análisis estadísticos, de las mujeres guatemaltecas que sufren algún tipo de violencia física, verbal, psicológica y sexual, solo un 10% presenta denuncia ante las autoridades. El año pasado fue el más bajo en este tipo de quejas en una década y no porque no ocurran los ataques, sino a causa del miedo, la indefensión y la inoperancia de la justicia. Solo la justicia efectiva contra agresores y victimarios será un disuasivo para frenar esta barbarie, que con frecuencia ocurre en el entorno del hogar, a la vista de los hijos y con terribles desenlaces.

Hoy hace 15 años se presentó la denuncia por la desaparición de Cristina Siekavizza, un caso que aún sigue sin resolverse. El supuesto inicial fue un secuestro, pero pruebas de luminol y el testimonio de la empleada doméstica apuntaron directamente al esposo de la víctima, Roberto Barreda, como presunto responsable y cuya progenitora, la ex magistrada y ex presidenta de la Corte Suprema de Justicia Beatriz de León, fue señalada de amenazar a la testigo, pero en 2020 se libró de ir a juicio por un criterio de oportunidad dudosamente aplicado.