Los hombres de mi tribu [familia extensa] arrojaron a mi familiar Kawthar Bashar al-Husayjawi, una niña de 15 años, a una fosa y cubrieron su cuerpo con un poco de tierra. Horas antes la habían matado de 10 disparos y le habían destrozado la cabeza con un hacha. Después salieron a la calle para bailar y celebrar su muerte con otra gente.

Kawthar vivía en al-Nahrawan, un distrito al sureste de Bagdad. Sus padres la habían sacado de la escuela y, a los 13 años, la obligaron a casarse con un hombre alcohólico mucho mayor que ella.

Durante un año sufrió violencia y maltrato, y finalmente huyó y regresó con sus padres. Su familia la encerró en casa y la presionó sin descanso para que regresara con su marido y maltratador. Ella amenazó con quitarse la vida y, finalmente, se divorció legalmente en el juzgado a finales de 2025.

Poco después, su primo salió de prisión y pidió la mano de Kawthar a los padres. Ella se negó: todo el mundo sabía que el pretendiente estaba metido en el tráfico de drogas y alcohol. Su familia hizo caso omiso y dio consentimiento al matrimonio porque, según sus costumbres, “la palabra de un hombre no puede ser cuestionada por una mujer”. Ni su madre ni las demás mujeres de la familia pudieron apoyarla en su negativa.