Cumplieron todos los jugadores de España en el partido más exigente que les ha deparado esta Copa del Mundo. Ante Portugal nadie esperaba una jornada turística. Sin embargo, es muy probable que ninguno de los excursionistas de Luis de la Fuente inscriba el partido de Dallas entre sus recuerdos más estresantes. Ocurrieron pocas cosas en el curso de un encuentro jugando con cierto espíritu de partido benéfico, saturado de maniobras tácticas estériles, prudentes, precavidas. El gol de Merino en el minuto 91 fue como una intervención quirúrgica indolora. No hizo falta ni la anestesia. Cumplido el trámite nadie puede considerarse decepcionado con nadie en la alegre caravana española. Unai Simón. Su jardín permanece poco transitado. Apenas pisan la hierba los visitantes. Crecen los matorrales. Contra Austria, el portero vasco no recibió ni un tiro entre los tres palos y contra Portugal paró dos, sin fuerza ni colocación. Los dos tiros llevaron la firma de Cristiano, que deambuló pesadamente en las inmediaciones de la portería española esperando que llegara su equipo como el protagonista de El Desierto de los Tártaros. No llegó nadie hasta que no llegó Bernardo Silva en la carga final, y el pequeño mediocampista cabeceó por encima del larguero. Simón se fue de Dallas con los guantes nuevos y la mente despejada después de una tarde sin novedades. Con Rodri y Laporte como máximos cómplices, la vida en la portería es más llevadera.Marc Cucurella. El lateral izquierdo se emparejó con uno de los jugadores menos populares y más cáusticos de Portugal. El inagotable Pedro Neto es una máquina de dar trabajo a sus oponentes. Dallas no fue una excepción en el marco de una selección de Portugal que exhibió desde el minuto uno la clase de melancolía que embarga a este equipo condenado al servicio de Cristiano. En la depresión general, Neto destacó como un optimista extraño. Cucurella lo enlazó. Mano a mano, los dos compañeros hiperactivos del Chelsea se anularon mutuamente en el curso de un duelo sofocante. El resultado fue la suma cero. Misión cumplida para Cucurella. Aymeric Laporte. Es un reloj. El comandante incuestionable de la defensa de España. Junto a Rodri, viejo camarada del City, compuso una pareja infranqueable desde el buen juicio. No tomó una sola decisión precipitada. Siempre en su sitio, siempre a tiempo, radical en la acción directa cada vez que lo exigió la jugada, el central de origen francés situó la línea a la altura ideal y se afianzó como la pieza imprescindible para comprender la imbatibilidad del arco de Unai Simón. A su lado, Cubarsí conserva la serenidad y eleva sus prestaciones. Pau Cubarsí. La versión estatuaria de Cristiano fue capaz de hacer un remate acrobático en el área chica. Le marcaba Cubarsí, casi siempre alarmado en situaciones de duelos cuerpo a cuerpo. A falta de agresividad, filtrar pases se ha convertido en su sello de identidad. Es consciente de ello y se afanó en romper líneas intentando envíos decisivos a Lamine. Sin consecuencias en el área de Diogo Costa.Pedro Porro. Fue el tapón de Joao Félix, el sabueso de Leao, y una ayuda valiosa para Cubarsí. La derecha de la zaga española permaneció sellada por el lado del lateral del Tottenham. Su pasión, su deseo de participar en cada eventualidad del partido, y su empatía con Lamine, le han consolidado como un elemento fiable en entornos exigentes. No se asomó mucho por el campo rival y España lo acusó.Rodri. Alma del equipo. Por presencia, por lucidez en todos los órdenes del juego, y por precisión a la hora de impulsar la jugada al peligro en el momento exacto, sus pases en profundidad a Olmo y Lamine desencadenaron algunas de las acciones más exigentes para la defensa de Portugal. La tibia presión portuguesa le abrió el horizonte de acción en las salidas y le brindó un partido confortable en defensa. No hay un futbolista más despierto que el mediocentro español. Su ojo clínico anticipó accidentes antes de que se produjeran.Pedri. Anclado en el doble pivote como auxiliar de Rodri, el volante más imaginativo de la selección prosiguió en Dallas el camino que le ha llevado por Guadalajara, Atlanta y Los Ángeles sin exhibir todo el abanico de sus posibilidades. Pedri parece resignado a cumplir un papel secundario en este Mundial. Así y todo, resultó imprescindible para estructurar a España. Antes del final, fue sustituido por Merino. Lamine Yamal. El jugador más desequilibrante del equipo se encontró con su antagonista más cualificado. Frente a frente con el portentoso Nuno Mendes, el atacante de Mataró aterrizó en el planeta de los futbolistas limitados. Su duelo con el mejor lateral izquierdo del mundo fue memorable. Solo se escabulló mediante acciones de combinación. Cuando lo hizo descubrió un hermoso remate, que despejó el impermeable Diogo Costa, y tiró algún desmarque vertiginoso, pero en general no consiguió atormentar a la zaga que lideró Ruben Dias. Tampoco después de la lesión de Mendes, que se retiró pasada la hora de partido con problemas musculares. “Lamine no nos creó problemas”, sentenció Roberto Martínez. Olmo. Creció en todos los sentidos, dentro de sus posibilidades. Oxigenado por el planteamiento laxo de Portugal, mostró su mejor nivel de los últimos meses. En lugar de limitarse a esperar convertido en el eslabón del último pase, privilegiado por el esquema de 4-2-3-1 que no le exige grandes responsabilidades defensivas ni goleadoras, se esforzó por ayudar al sufriente Pedri. Sus desplazamientos tuvieron sentido altruista. Cuando se soltó entre líneas, consiguió dejar solo a Oyarzabal mano a mano con el portero y él mismo puso a prueba a Diogo Costa.Baena. No estorba en una trama que exige múltiples aptitudes. Esto tiene su mérito. Sin el desborde que se espera de un extremo, fue capaz de desequilibrar por su sentido de la asociación y por su ambición de ir a la profundidad. Con esas armas fue un socio fiable de Cucurella, Olmo y Rodri en el flanco izquierdo de la selección. No siempre preciso en el pase. Pero generoso para ofrecerse.Oyarzabal. Fue el primero en dirigir la presión cuando España se estiró en campo contrario y le dio tiempo a robarle balones a Cristiano en el transcurso de los lentos ataques portugueses de la primera hora. Cuando bajó al mediocampo provocó asociaciones fructíferas, robos, o faltas a favor. El máximo goleador de La Roja nunca es un espectador cuando no marca goles. Tuvo un mano a mano con Diogo Costa que definió con un tiro desviado.Merino. Entró por Pedri en la secuencia final del partido y resultó decisivo. Su presencia en el carril central sorprendió a la defensa de Portugal cuando los cambios de Roberto Martínez habían despojado al mediocentro de Vitinha, la primera referencia. Una combinación entre Rodri, Ferran y Fabián, le abrió la autopista hacia el gol. Se escurrió entre Dias, Dalot y Veiga. Su definición angulada y fría coronó su virtuosismo. No es el mejor centrocampista. No es el mejor mediapunta. Probablemente sea el mejor llegador de la plantilla. Ferran. Entró al campo en el minuto 75, en lugar de Alex Baena. Añadió sus habituales dosis de energía y movimientos sin balón. No le vino mal a un encuentro que daba síntomas de molicie general. Entre Rodri y Fabián le sirvieron un balón con tiempo para que se girara en la maniobra que resolvió el partido. Su pase filtrado entre líneas, gesto técnico inusual en él, descuadró a la defensa portuguesa en su eje y habilitó a Merino en una acción bien coordinada que acabó en el 1-0.
Lamine Yamal, contenido por Nuno Mendes: análisis uno por uno de los jugadores de la Selección ante Portugal
El mejor lateral izquierdo del mundo limita el despliegue del hombre más desequilibrante de España en un partido en el que cumplieron todos













