Ahorrar en el supermercado no siempre significa llenar menos la cesta. En un contexto en el que la alimentación sigue presionando el presupuesto familiar, la diferencia puede estar en comparar mejor antes de comprar. El precio grande del lineal es solo una parte de la información: para saber si un producto sale realmente a cuenta conviene mirar también cuánto cuesta por kilo o por litro y si se va a consumir antes de estropearse.Ese es el punto de partida del llamado método de los tres precios, una forma sencilla de ordenar la decisión de compra. Según los últimos datos publicados por el INE, los alimentos y bebidas no alcohólicas registraron en mayo del 2026 una subida interanual del 2,2%, por debajo del mes anterior, pero todavía en positivo. La presión es menor que en los peores momentos de la inflación alimentaria, aunque la cesta sigue obligando a afinar.Gemma Reinón, de Català Reinón Abogados, resume el método así: “Antes de comprar, conviene mirar el precio visible, el precio por kilo o litro y el precio real de aprovechamiento del producto”. La idea, añade, es evitar que una compra parezca barata solo porque el importe final del envase es bajo. “Solo con esa triple comparación puede saberse si una compra es realmente barata o solo lo parece”, apunta Jordi Català, abogado especializado en derecho civil, consumo, vivienda y cuestiones económicas cotidianas.El precio visible no siempre permite compararEl primer precio es el más evidente: el que aparece en la etiqueta del lineal. Es también el que suele decidir muchas compras rápidas. “Es el que decide muchas compras impulsivas, pero también puede inducir a error si se compara un envase pequeño con otro más grande, una marca con otra o una oferta que obliga a comprar más cantidad de la necesaria”, advierte Reinón.El importe que aparece en la etiqueta puede resultar engañoso si no se compara también el precio por kilo, litro o unidad equivalente. iStockLa legislación española obliga a indicar el precio de venta y, con carácter general, el precio por unidad de medida, precisamente para facilitar la comparación. El Real Decreto 3423/2000 establece que esa información debe servir para que el consumidor pueda evaluar precios con mayor conocimiento de causa. En la práctica, significa que el dato relevante no siempre es si una bandeja cuesta 2,95 euros o 3,40 euros, sino cuánto se paga por el kilo, el litro o la unidad equivalente.Català insiste en este punto: “El segundo precio es el más útil: el precio por unidad de medida. En alimentación suele ser el precio por kilo o por litro”. Ese dato permite comparar formatos distintos sin dejarse llevar por el tamaño del envase o por una oferta llamativa. “Dos envases pueden parecer parecidos, pero contener cantidades distintas. El precio por kilo o por litro elimina esa confusión y permite saber cuál es más económico en términos reales”, explica.El método resulta especialmente útil en productos donde las diferencias de formato son habituales: aceite, leche, queso, carne, pescado, café, legumbres, cereales, detergente o productos de limpieza. “Muchas veces el ahorro no está en cambiar de supermercado, sino en dejar de comparar envases y empezar a comparar cantidades”, resume Català.El tercer precio: lo que realmente se aprovechaEl tercer precio es menos visible, pero puede ser decisivo: el precio real de aprovechamiento. Una promoción solo reduce el gasto si el producto se consume. “Una oferta solo es ahorro si se va a consumir”, recuerda Reinón. Comprar tres unidades porque la tercera sale más barata puede ser razonable en productos habituales y duraderos, pero no lo es si una acaba caducada en la nevera.El Ministerio de Agricultura estimó que en el 2024 se desperdiciaron en España 1.125 millones de kilos o litros de alimentos y bebidas, un 4,4% menos que el año anterior. La tasa global de desperdicio se situó en el 3,7% de lo comprado. El dato ayuda a entender por qué el precio real no termina en la caja: si parte de la compra acaba en la basura, el coste efectivo de lo consumido sube.“Las promociones de segunda unidad, tres por dos o formato ahorro pueden reducir el precio por unidad, pero también pueden empujar al consumidor a comprar más de lo que necesita”, señala Català. Antes de aceptar una oferta, propone hacerse tres preguntas: si el producto se consume habitualmente, si se gastará antes de caducar y si el precio por unidad mejora de verdad frente a otras opciones. “Si la respuesta es no, la oferta no ahorra: aumenta el gasto”, concluye.Productos rebajados por fecha próxima: oportunidad, pero con planLos productos próximos a caducar pueden ser una oportunidad real para ajustar la compra, pero no siempre. “Pueden ser una magnífica oportunidad si se van a consumir ese día o se pueden congelar correctamente. Pero no son ahorro si se compran sin plan”, sostiene Reinón. La clave no es solo el descuento, sino si encaja con una comida prevista, con espacio de conservación y con un uso claro.Los productos rebajados por fecha próxima pueden ayudar a ajustar la compra, siempre que se consuman a tiempo o puedan conservarse correctamente. Getty Images/iStockphotoAquí conviene diferenciar entre fecha de caducidad y consumo preferente. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición recuerda que la fecha de caducidad indica hasta cuándo un alimento puede consumirse de forma segura y no debe superarse. La fecha de consumo preferente, en cambio, marca el momento hasta el que el producto conserva la calidad prevista, aunque puede seguir siendo seguro si se ha conservado correctamente y el envase no está dañado.“Debe distinguirse entre fecha de caducidad y consumo preferente. La primera afecta a la seguridad del producto y debe respetarse con más rigor. La segunda se refiere sobre todo a la calidad, aunque también exige prudencia”, apunta Català. Reinón lo sintetiza en una frase útil para la compra diaria: “Comprar barato algo que acaba en la basura no es ahorrar”.Comparar entre supermercados también forma parte del métodoEl mismo producto puede costar diferente según el establecimiento. No hay una obligación general de que todos los supermercados vendan un artículo al mismo precio. La Ley de Ordenación del Comercio Minorista establece, con carácter general, la libertad de precios, dentro de la normativa de defensa de la competencia y con las excepciones previstas en leyes especiales.“Cada supermercado puede fijar sus precios dentro de la libertad de mercado, salvo límites legales concretos”, explica Reinón. Por eso, comparar entre establecimientos puede ser útil, aunque no siempre compense desplazarse más lejos si el ahorro es pequeño o se acaba comprando de más. “Lo importante es que el precio esté indicado de forma clara, que el consumidor pueda conocerlo antes de comprar y que no se utilicen ofertas o mensajes que puedan inducir a confusión”, añade Català.Si el consumidor detecta en caja un precio superior al anunciado, la recomendación es actuar en el momento. “Lo primero es revisar el ticket antes de salir del establecimiento”, aconseja Reinón. Si el importe cobrado no coincide con el lineal, debe pedirse la corrección y conservar el justificante. “Conviene conservar el ticket y, si es necesario, hacer una fotografía de la etiqueta o cartel donde constaba el precio”, añade Català. Si el comercio no corrige el error, el consumidor puede solicitar la hoja de reclamaciones o acudir a los cauces de consumo correspondientes.El método de los tres precios no promete un ahorro automático ni igual para todos los hogares. Su impacto depende del tipo de compra, de los hábitos de consumo, del tamaño de la familia, de la capacidad de almacenamiento y de la planificación de comidas. Pero sí ofrece una pauta prudente: mirar el precio final, comparar por kilo o litro y preguntarse si todo lo comprado se va a aprovechar. En tiempos de cesta cara, comprar mejor puede ser tan importante como comprar menos.
El método de los tres precios para ahorrar en el súper sin comer peor
Mirar solo el importe de la etiqueta puede llevar a decisiones engañosas: el precio por kilo o litro, las promociones y el aprovechamiento real del producto son claves para ajustar la compra sin rebajar la calidad









