Estados Unidos es menos apasionado por el fútbol que la mayoría de los países, pero con el presidente Donald Trump al mando, el deporte rey también se ha convertido en un campo de batalla diplomático.

Trump, que está orgulloso del papel de Estados Unidos como coanfitrión del Mundial, reconoció que se puso en contacto con la FIFA, que revocó la tarjeta roja mostrada a la estrella estadounidense Folarin Balogun.

Trump también puso en entredicho la reputación del árbitro brasileño Raphael Claus, que mostró la tarjeta roja, aunque precisó que no le gusta “crear controversias”.

Brasil, un país que mantiene varios contenciosos diplomáticos y comerciales con Trump y que vive el fútbol como una religión más, reaccionó mediante su Confederación de Fútbol (CBF), que reivindicó la honestidad del colegiado. “La CBF rechaza cualquier insinuación que ponga en duda la integridad de Raphael Claus.

Es un profesional ejemplar”, explicó.