Los emprendedores evangélicos en Brasil están transformando las referencias religiosas en marcas de consumo, compitiendo por un mercado que mueve más de 20.000 millones de reales al año y que está impulsado por la Generación Z.La tendencia incluye hamburgueserías, marcas de ropa, aplicaciones de transporte, bares sin alcohol e incluso un sex shop. La empresa paulistana Bem Amada, de Adriana Araujo, vende productos para el "parque de diversiones" del matrimonio sin "dejar de lado los valores". Según ella, el propósito es "fortalecer los matrimonios y ayudar a las mujeres a vivir su sexualidad sin culpa, pero con responsabilidad, amor y respeto por sus valores, sin vulgaridad y también sin vergüenza".

Para Renato Meirelles, del Instituto Locomotiva, el fenómeno formaliza un comercio que ya existía de manera informal en las iglesias, aunque ahora con otra escala y una nueva generación. Un estudio del instituto muestra que el 47% de los evangélicos prefiere consumir productos o servicios de proveedores de la misma fe, frente al 38% de los católicos.

La antropóloga Livia Reis, del Iser, compara el movimiento con otros nichos de consumo identitario, como el "black money" y el "pink money". "En el neoliberalismo, todo se convierte en un producto", afirma.