La Pen�ltimaAndr�s Hurtado no sab�a que el cuadro era valioso. A �l le result� pint�n y decorativoActualizado Lunes,

julio

18:51"Me gust� el marco!, dice el paisano murciano del Sorolla que encontr� en Sevilla. Andr�s Hurtado no sab�a que el cuadro era valioso. A �l le result� pint�n y decorativo. Luego, ayudado por la IA, confirm� que, efectivamente, aquello era bueno. Para sus due�os, la obra tiene valor sentimental. Curioso eso: tanto Andr�s como ellos le ven al Sorolla unas virtudes que, en principio, no tienen demasiado que ver con que lo pintase el genio valenciano. Ni con su precio de mercado. Por otro lado, Joaqu�n Sorolla fue un artista muy prol�fico, con m�s de dos millares de obras catalogadas. Si hubiera pintado un cuadro al d�a, todos los d�as, se habr�a pasado 6 a�os enteros sin dejar de producir, fines de semana y festivos incluidos. Hay muchos Sorollas ah� fuera y m�s gente de la que creemos tiene uno en casa. Alguno m�s habr� terminado tirado en la calle.Yo vi una vez, en una casa de post�n, una cabeza de Brancusi colocada, muy decorativamente, en un lugar en que cualquiera podr�a darle una patada. Confirmo ahora, como Andr�s, v�a IA, que no era de las m�s caras del escultor rumano. Hace un mes una de ellas fue subastada por 107 millones de d�lares. Lo mismo su nuevo due�o la tiene puesta en una esquina de la piscina, como quien pone un buda o una tinaja tumbada, con plantas saliendo de dentro. Fin�simo. Arte.Las casas de mis amigos de Madrid est�n llenas de chollos encontrados en mercadillos europeos o en el Rastro. Cuando yo voy a esos sitios, lo �nico que consigo es que intenten timarme. Una vez intent� hacerme con unas butacas Barcelona de Mies van der Rohe que alguien hab�a dejado en una esquina (de Barcelona), pero en cuanto me acerqu� a ellas salieron de la nada dos tipos para dejarme claro que ellos estaban ah� antes. Yo s�lo quer�a ser una de esas personas que pilla una chaqueta de Larry LeGaspi en una tienda de segunda mano por 10 euros o se tropieza con un Sorollita en Sevilla. S�lo una vez me hice con un tesoro: diez camisetas de Margiela que, en un outlet, estaban claramente mal etiquetadas. Al cajero le pareci� normal que aquellas prendas de colores mustios costasen una miseria. Yo me sent� como un amante de Gala Dal� saliendo del castillo de P�bol con la bragueta abierta y, bajo el brazo, la Leda At�mica envuelta en papeles de peri�dico.Las camisetas eran de la talla M. Ah� est�n, en un caj�n, porque no me caben. Y ni siquiera son bonitas. O no lo que mi madre o cualquier madre entiende por "bonitas". Son, eso s�, un s�mbolo de pertenencia que solo leen quienes babean (babeamos) por los pespuntes a la vista de Margiela. Como los Sorolla reci�n comprados que adornan los salones de los nuevos ricos madrile�os. O sus primos barceloneses: los Mir�. Vas a esas casas y a la m�nima te comentan que los cuadros son buenos, te sueltan el precio y rematan con "una ganga, tuvimos suerte". La pr�xima vez responder�: "Me gusta el marco". Igual as� desactivo una exhibici�n de poder�o tan cutre.