ExplicativoLa Casa Blanca habría movilizado funcionarios, abogados y contactos con la cúpula del fútbol para intentar levantar la suspensión del delantero. Donald Trump y Gianni Infantino, presidente de la FIFA, durante un encuentro en la Casa Blanca. Foto: EFE / AFP / IA06.07.2026 07:48 Actualizado: 06.07.2026 07:48

El presidente Donald Trump lleva meses obsesionado con las llamadas “green cards”, o tarjetas de residencia. Pero este fin de semana dejó claro que también lo desvelan las tarjetas rojas o “red cards”.En este caso, la del delantero estadounidense Folarin Balogun, cuya expulsión en el partido contra Bosnia y Herzegovina desencadenó una inusual ofensiva de la Casa Blanca que terminó con la FIFA dando marcha atrás en una sanción que normalmente se aplica de manera automática y casi nunca se revoca. LEA TAMBIÉN La decisión de permitir que Balogun juegue este lunes frente a Bélgica ya desató una tormenta internacional que trasciende el fútbol.La Federación Belga estudia acciones contra la FIFA y la UEFA acusó al organismo rector del deporte de haber cruzado una “línea roja” que pone en duda la integridad de la competencia.Aunque la FIFA insiste en que la decisión fue tomada exclusivamente por un comité disciplinario independiente y niega que existieran presiones externas, el episodio ha abierto un intenso debate sobre la influencia política del país anfitrión del Mundial y la estrecha relación entre el presidente Donald Trump y Gianni Infantino, jerarca del órgano deportivo.Gianni Infantino, presidente de la FIFA. Foto: EFE¿Cómo se habría movido de la Casa Blanca para evitar la sanción?Todo comenzó el miércoles pasado, cuando Balogun, autor de tres goles para EE. UU. en el torneo, fue expulsado tras una revisión del VAR por una entrada sobre el defensor bosnio Tarik Muharemovic.Como ocurre en la Copa del Mundo, la tarjeta roja conduce a una suspensión automática de un partido, lo que dejaba al delantero fuera del decisivo encuentro de octavos de final frente a Bélgica.Aunque varios analistas consideraron que la expulsión había sido excesiva, nadie imaginó que la controversia terminaría instalándose en el Despacho Oval.Según revelaron varios medios del país, entre ellos Politico, The Washington Post y The New York Times, apenas terminó el partido, Andrew Giuliani, director ejecutivo del Grupo de Trabajo de la Casa Blanca para el Mundial, alertó personalmente al presidente Trump sobre la sanción.No era un tema menor para la administración. Desde hace meses, Trump recibe informes periódicos sobre la organización del torneo, los dispositivos de seguridad y el desempeño de la selección estadounidense. Con el inicio del Mundial, esas conversaciones se habían vuelto aún más frecuentes. LEA TAMBIÉN Esa misma noche comenzó una ofensiva coordinada para intentar revertir el castigo.Giuliani, el secretario de Comercio, Howard Lutnick, y directivos de la Federación Estadounidense de Fútbol, que habían presenciado el partido desde el estadio Levi's, en California, empezaron a preparar una apelación ante la FIFA.Las probabilidades eran mínimas. Las sanciones derivadas de tarjetas rojas en una Copa del Mundo rara vez se modifican.Sin embargo, durante los cuatro días siguientes, la estrategia involucró a funcionarios de la Casa Blanca, abogados, dirigentes deportivos e incluso especialistas que comenzaron a revisar los antecedentes del árbitro brasileño Raphael Claus en busca de argumentos que fortalecieran el recurso.De acuerdo con los medios, Giuliani y Lutnick llegaron incluso a ofrecer el apoyo de abogados de la Casa Blanca para colaborar en el análisis jurídico de la apelación presentada por la Federación Estadounidense.Mientras tanto, el caso avanzaba por los canales disciplinarios de la FIFA, donde los equipos legales evaluaban si existían fundamentos excepcionales para revisar una sanción que, por lo general, se considera definitiva.Folarin Balogun tras una entrada sobre el defensor bosnio Tarik Muharemovic. Foto: AFPLa llamada de Trump a Gianni Infantino y la estrecha relación entre ambos alimentan las dudasEn paralelo ocurrió otro episodio que hoy concentra buena parte de la polémica.El jueves, Trump llamó directamente al presidente de la FIFA, Gianni Infantino.Los dos mantienen una relación cercana desde hace años. Durante el segundo mandato de Trump, Infantino visitó la Casa Blanca en repetidas ocasiones y ambos mantuvieron una comunicación fluida, incluso cuando algunas decisiones de Washington, como los ataques militares contra Irán, amenazaban con complicar la participación de ese país en el Mundial.El año pasado, durante un evento relacionado con el Mundial celebrado en Washington, Infantino entregó a Trump un reconocimiento denominado “FIFA Peace Award”, un premio que no formaba parte de las distinciones tradicionales del organismo y cuya creación coincidió con las reiteradas quejas del mandatario por no haber recibido el Premio Nobel de la Paz. LEA TAMBIÉN Durante la conversación, Trump preguntó por las reglas que rigen las tarjetas rojas y los mecanismos existentes para revisar una suspensión automática. Infantino escuchó los planteamientos, aunque, según las versiones, no hizo ninguna promesa.La FIFA declinó confirmar el contenido de esa conversación y sostuvo únicamente que la decisión final recayó en un comité disciplinario independiente.Finalmente, el domingo llegó la decisión.La Comisión Disciplinaria de la FIFA suspendió por un año la sanción de un partido impuesta a Balogun, lo que, en la práctica, le permite disputar el encuentro contra Bélgica.Trump celebró públicamente el fallo y agradeció a la FIFA por, según dijo, “hacer lo correcto y revertir una gran injusticia”.La polémica reabre el debate sobre los límites de la influencia política en el fútbolLa Federación Belga anunció que está estudiando todas las opciones disponibles para responder a una decisión que, afirma, afecta los derechos de las selecciones participantes.La UEFA fue aún más contundente.En un comunicado advirtió que, cuando los guardianes de las reglas dejan de ofrecer certeza sobre su aplicación, queda comprometida tanto la integridad del deporte como la credibilidad de la Copa del Mundo.Rudi García (izq.), entrenador de Bélgica, y Thibaut Courtois. Foto:EFEEl episodio plantea, además, una incómoda pregunta para la FIFA.Durante décadas, el organismo ha defendido con firmeza el principio de que los gobiernos no deben interferir en las decisiones deportivas, al punto de suspender federaciones nacionales cuando detecta injerencias políticas.Por eso, la controversia actual va mucho más allá de si la entrada de Balogun merecía o no una tarjeta roja.Lo que hoy divide al mundo del fútbol es la percepción de que el presidente del país anfitrión pudo movilizar toda la maquinaria de la Casa Blanca, desde funcionarios de alto nivel hasta abogados y contactos personales con la máxima autoridad del fútbol mundial, para intentar modificar una decisión disciplinaria durante el torneo más importante del planeta. LEA TAMBIÉN La FIFA insiste en que la resolución fue completamente independiente y que ninguna conversación con Trump influyó en el resultado.Sin embargo, mientras el organismo mantiene silencio sobre los detalles del proceso que condujo al inesperado cambio de criterio, la controversia amenaza con acompañar el resto del Mundial y convertirse en uno de los capítulos más polémicos de la historia reciente del torneo.SERGIO GÓMEZ MASERI - Corresponsal de EL TIEMPO - Washington Sigue toda la información de Internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.