El 17 de julio de 1994, después de un mes de campeonato, Brasil se coronó como campeona del mundo. Habían pasado 24 años desde su último título mundial conseguido en la Copa de México de 1970 con el legendario equipo de Pelé, y esta victoria representó la cuarta estrella para la selección brasileña. Pero el Mundial de Estados Unidos pasó a la historia por muchas otras cuestiones que poco tenían que ver con la alegría de los brasileños.

Todo empezó con la elección de la sede. Estados Unidos se convirtió en anfitriona del Mundial por primera vez en la historia, lo que generó una enorme polémica en el momento. El país, en el que reinaban otros deportes como el béisbol o el fútbol americano, no tenía tradición futbolística, por lo que solo se tuvo en cuenta su desarrollo económico y la enorme infraestructura con la que contaban.

Fue la infraestructura también motivo de comentario para los más críticos. Para la Copa Mundial, se establecieron 9 sedes en todo el país, en estadios utilizados principalmente para los partidos de fútbol americano. No podía ser de otra manera, porque en Estados Unidos no había campos especializados de soccer. La disposición de las gradas, muy alejadas del campo, y la estrechez del terreno, también se criticaron.