Madonna ha publicado Confessions II, su disco número 15, tras siete años sin un álbum y a punto de cumplir 68. Es la segunda parte de Confessions on a Dance Floor, trabajo que publicó en 2005, un homenaje a la música dance, a la que eleva la dopamina en la pista de baile, a lo que mejor sabe hacer, coinciden las críticas. Un tributo a sí misma en una época en la que el reguetón domina las listas de éxitos y los artistas tratan de reinventarse en cada trabajo. Ahí están las Eras de Taylor Swift y los discos conceptuales de Rosalía, por poner dos ejemplos. “Madonna no lo necesita, se puede permitir jugar a ser un clásico y hacerse un revival de sí misma, eso no lo puede hacer prácticamente nadie”, afirma Eduardo Viñuela, musicólogo en la Universidad de Oviedo, especializado en música pop y urbana.Hace más de una década que las luces se encendieron, las salas de baile se vaciaron y el espacio se trasladó a la calle donde se bailan otros ritmos más pegajosos. Desde entonces, la cultura del dance ha tratado de abrirse paso entre perreos hasta abajo. Ahora, Madonna reclama por derecho el centro de la pista sin activar el mecanismo de la nostalgia, sino con la misma ambición que acumula desde hace más de dos décadas. “Es más bien una reivindicación porque ella ya estuvo allí”, explica Laura Viñuela, también musicóloga y autora con su hermano del libro Bitch She’s Madonna (Dos Bigotes).Madonna comenzó la promoción de su vuelta ateniéndose a las estrictas normas que marcan ahora el lanzamiento de cualquier producto tardocapitalista: todo empieza y termina en las redes sociales, entre medias es conveniente convertir en evento cualquier tipo de aparición pública. La artista ha seguido el guion con la publicación de la portada del disco en su cuenta de Instagram, actuaciones supuestamente sorpresa en escenarios como el festival Coachella y Times Square de Nueva York, colaboraciones con marcas como Kiko Milano (maquillaje) y Absolut Vodka que ha teñido de morado —el Pantone que ha asumido para esta etapa laboral—, lanzamientos puntuales de algunas de las canciones, apariciones en fiestas y desfiles de moda. “Nada rompedor en cuanto al contenido porque ahora mismo la exigencia es estar, la manera clásica en la que se ha publicitado siempre Madonna: ha jugado a estar presente en diferentes ámbitos como la moda, el baile, el cine, los musicales”, explica Eduardo Viñuela.Esta estrategia transmedia ha culminado con una película de 13 minutos que reafirmó, por si quedaban dudas, que estaba a punto de salir a la luz una secuela directa de lo que hizo hace más de dos décadas con la misma persona que firmó la primera entrega de Confessions, el productor Stuart Price. El vídeo le sirve para construir esta narrativa y llenarla de metarreferencias para su público de siempre, sin olvidar a las nuevas generaciones a las que como explica, Laura Viñuela, lleva décadas bendiciendo con sus colaboraciones —“siempre ha sabido identificar a las estrellas del pop blanco como Britney Spear, Christina Aguilera, ahora Sabrina Carpenter”— y su capacidad para llevar del underground al mainstream determinados ritmos musicales. “Desde hace mucho tiempo lo que hace es catalizar e impulsar ritmos, bailes, estilos y abrir vías por las que luego pasa mucha gente”, añade el experto. No se encasilla, tampoco se transforma de manera radical, se alía con la ambigüedad. “Lo hace con su sexualidad, su identidad, con la religión”, prosigue, “por eso se mueve con esa libertad porque no sigue una corriente, sino que a partir de ciertas tendencias trata de marcar su propia línea”. De hecho, como recuerdan los dos musicólogos, cuando ha tratado de ceñirse a las modas el resultado ha sido más bien regular. Ahí está Medellín, la colaboración con Maluma en 2019.TransgeneracionalPor el filme desfilan Carpenter, el reguetonero Feid, la artista de electrónica Arca, la actriz de moda Odessa A’zion y Julia Garner, su alter ego en un biopic que sigue sin confirmarse. Pero también están la intérprete Debi Mazar a la que conoció en los años ochenta en el club neoyorquino Danceteria, título de uno de sus singles, y Kate Moss, epítome de la iconografía del escándalo en los inicios del 2000. En un momento de la película Madonna canta: “Aquí está el DJ, esconde la cocaína”, mientras la modelo se mira al espejo del baño de una discoteca y se arregla el pelo. Un mensaje directo a quienes ocuparon los aseos y las pistas en aquella década.Su condición de clásica le permite este equilibrio transgeneracional cimentado por el colectivo LGTBIQA+. “Las personas queer siempre estuvieron ahí, y cuando estalló la pandemia de sida me dije que era mi turno apoyarlas a mi vez, y todavía lo hago frente a cada obstáculo de la sociedad. Quiero protegerlas como ellas siempre me protegieron a mí”, ha explicado en entrevistas recientes. “Dice mucho también de su ojo empresarial, que es como ella siempre se ha definido, como una empresaria”, opina Laura Viñuela, “cuando tienes una empresa tienes que saber cuál es tu público, no disparar a todos lados. Y ella lo tiene muy claro cuando le hace esos guiños a un público adulto, que ha crecido con ella y tiene la capacidad adquisitiva para seguir comprando discos”. Las críticas han sido las primeras en respaldar la decisión de Madonna. “Sigue reinando en la pista de baile como si no hubiera pasado ni un segundo”, se lee en la crítica de la revista Variety. “Deja claro que no va a abdicar”, opina The Telegraph. “Se sigue sintiendo el poder de la música dance en sus huesos y en su alma”, afirma NME. “Su mejor disco en mucho tiempo”, zanja EL PAÍS. El rendimiento del disco en cifras en esta época de la tiranía de las métricas de las plataformas también le va bien. Por eso no necesita recurrir a giras de grandes éxitos, tampoco acepta una residencia en Las Vegas sin riesgos y con grandes beneficios económicos. No hace nada de lo que la sociedad espera de una mujer cerca de los 70. “Eso es algo que a la gente la pone nerviosísima”, dice la musicóloga en referencia a las decenas de comentarios que también se acumulan en redes sociales en los que el mensaje más amable que recibe Madonna es que se vaya a casa descansar. Ha vuelto, sigue bailando, como en sus inicios en Michigan y en la fiesta de lanzamiento del disco este viernes en Londres. “Cada pista de baile es un lugar ritual en el que liberas el cuerpo y la mente; la ansiedad se va y tienes la posibilidad quizá de llegar a un estado de conciencia más profundo”, ha dicho en una entrevista en la revista Vogue.“¿Quién pensó que iba a envejecer de esa manera?”, se pregunta Viñuela. “Ella siempre ha visto muy bien que lo del sexo vende porque escandaliza, es una cuestión sin resolver todavía hoy. Cómo se presenta, enseña su cuerpo, se mueve de una manera muy sexy inquieta ya hasta a las jóvenes a las que se presenta como una mujer de 67 que no lo aparenta, con todas las contradicciones que esto implica. Madonna siempre ha sido muy buen en ponernos delante de nuestras contradicciones y para que nos replanteemos cosas, incomodando. Siempre ha pisado terreno incógnito”.
Madonna se hace un ‘revival’ de sí misma: solo la reina del pop se lo puede permitir
La artista publica ‘Confessions II’, la secuela de su disco de música ‘dance’ de hace más de dos décadas y se reivindica como un clásico en la época de las eras musicales











