En una mujer tan comprometida con vivir en el lugar más sofisticado del presente resulta enternecedor comprobar cómo echa la vista atrás para narrar cómo empezó todo. Lo hace a la altura de la canción número cinco de su nuevo disco, Confessions II, lanzado hoy viernes. Danceteria se llama el tema, el mismo nombre de la discoteca neoyorquina donde estrenó, en 1982, Everybody, su primer sencillo. En la letra Madonna cuenta cómo Martin Burgoyne y Debi Mazar le mostraron los encantos del local y la conectan con el pinchadiscos estrella del club, Mark Kamins. “Él es el DJ, esconde la cocaína y puso mi cinta de Everybody”, canta. También cita en el texto a otras personalidades que frecuentaban el local u otros lugares del circuito de clubes gays y punks de la entonces excitante Nueva York: los artistas Keith Haring, Jean-Michel Basquiat o Kenny Scharf, los músicos Nile Rodgers, David Byrne o B-52’s y “los chicos puertorriqueños”. Incluso realiza un simbólico guiño a Walk on the Wild Side, ese retrato de la Nueva York turbia e hipnótica escrito por Lou Reed. “Así es como empezamos la fiesta”, entona Madonna, y con este homenaje nos está diciendo de lo que va el álbum: la mayoría de los que se encontraban allí han muerto; ella ha sobrevivido, muchas veces no fue fácil, pero está aquí y los amigos que desaparecieron habrían disfrutado al ver a Madonna, con 67 años, aún de fiesta.Confessions II, que se vende como la segunda parte del fantástico Confessions on a Dance Floor (2005), es el mejor trabajo de Madonna en dos décadas. Cierto que el listón no se veía muy alto ya que Hard Candy, MDNA, Rebel Heart y Madame X no están a la altura de lo que significa su autora, pero esto no le resta mérito a este disco liberador en el que la cantante propugna el carácter chamánico del baile. Renunciando a su obsesión por ir un pelín más allá de lo que más se escucha, quizá porque lo que hoy triunfa no le merece atención, la artista se pega un fiestón con música de club de décadas pasadas, como el house o el italo-disco. Al fin y al cabo, son corrientes que encuentras en los álbumes de estrellas jóvenes como Dua Lipa, Sabrina Carpenter, Chappell Roan o Charli XCX. Como ya ocurriera en el Confessions de 2005, el álbum se compone de una secuencia de temas que se enlazan entre sí como una sesión de DJ. No hay silencio entre las 16 piezas. Abre la fiesta I Feel So Free, que no llega a la genialidad de Hung Up, el inicio del primer Confessions, pero a cambio realiza la mejor introducción posible, el saludo de lo que se va a encontrar el oyente, una invitación a la velada de una anfitriona llamada Madonna: “Gracias por venir. / A veces me gusta esconderme en las sombras, crear una nueva personalidad, una identidad diferente. / Puedo ser quien quiera ser, crear una nueva personalidad. / Sinceramente, desearía poder ser como otras personas y simplemente que no me importe nada. / Pero aquí, en la pista de baile, me siento tan libre”. Y ya no se puede parar de bailar.Madonna va dejando por todo el álbum mensajes desafiantes, frases surgidas de la experiencia de una mujer siempre viviendo bajo un examen difícil de soportar. “La gente piensa que la música dance es superficial, pero están equivocados. / La pista de baile no es solo un lugar, es un umbral”, canta en la notable One Step Away. “¿Por qué siempre me haces sentir tan mal conmigo misma? ¿Por qué siempre siento que quieres que sea otra persona?”, denuncia en Everything. En Read My Lips achaca: “Te gusta ser un matón, te gusta ganar siempre. / Pues cierra la boca”. En la producción repite, como en 2005, el británico Stuart Pierce, que consigue con sus juegos de argamasa house una primera media hora imparable, colaboración con Sabrina Carpenter incluida.Con todo, existen elementos que tambalean el buen tono del álbum. En la colaboración con Feid sobra precisamente el colombiano, Bizarre no da la talla, y a la parte última de un álbum que dura una hora y tres minutos, con un ritmo más pausado que invita a dejar la pista y acodarse en la barra, le sobran tres canciones. Se redime la protagonista con un tema final precioso, L.E.S. Girl, donde Madonna vuelve a mirar a la atrevida joven de 18 años que se marchó de casa para conquistar Nueva York: “Una chica del Lower East Side perdida en un mundo frágil. / La noche es amable, el día triste. / Todo se desvanece, excepto tú”. Eso es: después de algunos años de irrelevancia creativa, Madonna ha conseguido no disiparse y está de regreso.
Crítica de ‘Confessions II’: Madonna mira atrás con orgullo para su mejor disco en mucho tiempo
Con letras que rememoran su pasado en el Nueva York de los ochenta, la artista propone un disfrutable álbum de baile que la redime de años de irrelevancia










