Opinión

Columnas Diarias

CatalejoHoy hace 15 años desapareció Cristina Siekavizza. Sus hijos piden piedad a quien sabe dónde se encuentra.

Hoy tendré la oportunidad de atestiguar una de las experiencias más emotivas: escuchar a dos jóvenes, Roberto José y María Mercedes Barreda Siekavizza, referirse con valentía, serenidad y también con gran amor al suceso más doloroso de sus vidas. Hace quince años, cuando tenían la inocencia infantil, perdieron de la manera más cruel, inhumana y despiadada a su joven madre, Cristina Siekavizza, y después mantener en sus corazones un peor dolor adicional, habérseles negado el derecho de ir siquiera a colocar flores a donde se encuentra físicamente ahora. Su meta, ojalá exitosa, es despertar el arrepentimiento y vergüenza de quienes están enterados de dónde están, tal vez debido a cumplirse los largos quince años pasados desde su desaparición.

La meta de estos valientes es difícil, pero puede crear esperanzas. Como es lógico pensar, hay personas conocedoras de ese sitio, pero por miedo o deseo de encubrimiento no se decidieron a decirlo. El objetivo es dirigirse a ellos, cuando han pasado quince años, para romper ese silencio de iguales cantidades de crueldad. Es una solicitud de quienes fueron las principales víctimas. No hay motivo válido para repetir esa tragedia, y aunque parece olvidada, al surgir en alguna conversación sobresalen hechos de amor, como la lucha de sus abuelos, Juan Luis y Ángelis, quienes asumieron con enorme amor su tarea de abuelo-padres. Lograron rehacer su vida, aunque esto en realidad no se puede lograr totalmente, porque no siempre el tiempo borra todo. Solo borra algo.