Seguro que en redes ha visto algún anuncio de un chaval de veintipocos años que vende cursos para hacerse millonario. Habla desde una piscina infinita en Miami, desde un jet privado camino de las Maldivas o desde Lo Scoglio, el restaurante de Nerano al que se llega en yate. Y seguro que, como yo, se ha hecho la pregunta: si es tan millonario, ¿por qué todavía tiene que vender cursos? Millones de jóvenes no se la han hecho y, empujados por el decorado y por el algoritmo, han pagado los 500, 1.000 o 2.000 euros del curso. Bienvenido al larping .LARP son las siglas de l ive action role-playing , el juego de rol de toda la vida pero en la vida real: gente que un fin de semana se viste de elfo o de caballero y representa a su personaje. Un término de los setenta que internet ha reciclado. La diferencia es que el larper de hoy no hace de elfo, hace de millonario, no es un caballero sino un truhán que vende fascículos.En la economía ‘larp’ la riqueza es de mentira; el negocio, de verdadEs el caso de Jason Koebler, que este junio brindaba con una copa de prosecco mientras el móvil se le inundaba de notificaciones de pago en tiempo real —ventas de su curso— y enseñaba a cámara el panel de Stripe, que marcaba 2,7 millones de dólares de ingresos desde enero. ¿Seguro? El jet era un decorado alquilado a 65 dólares la hora dentro de una nave en Los Ángeles; el prosecco , seis dólares; las notificaciones, generadas por una aplicación programable. El «millonario» Koebler resulta que es el editor y cofundador de 404 Media. El periodista hizo de larper quince días para poder contarlo desde dentro: ¡su curso prometía hacerse millonario haciendo periodismo riguroso! Pues colaba.El fenómeno ya es toda una industria. En Telegram, un mercado llamado Fakify, con nueve mil miembros, vende paneles de control falsos para poder enseñar en directo: el de Shopify, 750 dólares; el de YouTube, 550; la aplicación de notificaciones, 100. Dashmock cobra 189 dólares al mes y se promociona con el eslogan fake it until you make it. Hay editores de vídeo con IA que le colocan en la mansión que elija e incluso cursos para ser larper : gente que simula ser millonaria vendiendo cursos de cómo simular ser millonario. Ni Christopher Nolan en Inception .Si piensa que usted no va a picar, que se lo mirará desde la barrera, vuelva a pensarlo. Todos nos hacemos selfis cuando estamos de vacaciones y ninguno cuando estamos en la oficina bajo el fluorescente. Buscamos el ángulo que haga parecer un paraíso la cuarta línea de toalla de Castelldefels, y si en la foto sale demasiada gente, la IA del móvil la borra en un momento. Esto también vale para quien va a Bali o a Formentera. O de safari, cuando hace el pino puente para encuadrar al león adormilado sin que se vean las otras diez furgonetas, llenas de turistas que también larpean .