Tras una primavera marcada por la crisis en Oriente Medio, el panel de expertos del Observatorio Económico El Confidencial-MAPFRE ha reevaluado los principales riesgos para la economía global de cara al tercer trimestre y se produce un cambio principal. La seguridad energética se sitúa como el mayor peligro percibido, mientras que las probabilidades de una recesión cercana se alejan tras el acuerdo de paz alcanzado en junio entre EEUU e Irán. En total, la lista incorpora quince categorías con amenazas puntuadas del 0 al 15 según la intensidad que tendrían en la economía global si se produjeran, la probabilidad de materialización y el horizonte temporal en el que se contemplan (largo plazo, medio o inmediato). Además, se añade una categorización para comparar la evolución de cada riesgo, mejorando, empeorando o manteniéndose igual que en el trimestre anterior. En esta edición, la seguridad energética y las disrupciones en materias primas estratégicas ascienden hasta lo más alto de la clasificación, con una puntuación media de 13 sobre 15. La categoría hace referencia a interrupciones de suministros energéticos y volatilidad en los mercados financieros de materias primas. Si bien los precios del crudo han caído ya hasta el entorno de los 70 dólares por barril, un precio similar al de antes del conflicto en Oriente Medio, la incertidumbre condiciona el futuro por la necesidad de rellenar las reservas estratégicas gastadas y por la desconfianza de los agentes económicos sobre la duración del acuerdo de paz. Además, la destrucción de infraestructuras energéticas y el encarecimiento en los seguros marítimos se extenderán en el tiempo, dificultando la vuelta a la normalidad, también en lo relativo a otros combustibles. Es el caso del gas, que encara ahora el punto álgido de la temporada de abastecimiento para el invierno. Detrás, casi empatados, se sitúan los conflictos armados interestatales y la ciberseguridad e interrupción de infraestructuras críticas, ambos con 12,5 puntos. El bloque que encabeza los riesgos dibuja un escenario en el que la geopolítica de la energía y de los minerales críticos se ha convertido en la principal correa de transmisión hacia la inflación, las cuentas públicas y la política monetaria. Sin embargo, pese a encabezar el ranking, la seguridad energética y el conflicto armado son de los pocos riesgos que varios expertos consideran que han mejorado respecto al trimestre anterior. La interpretación es que el shock agudo que marcó el segundo trimestre empieza a estabilizarse, aunque siga siendo, por su magnitud potencial, la mayor vulnerabilidad del sistema. La estanflación y la IA, en el segundo escalón En un segundo grupo aparecen los riesgos que en el trimestre pasado dominaban el mapa. La recesión global, la inflación persistente y el estrés financiero obtienen un 12,3, seguidos muy de cerca por los riesgos asociados a la inteligencia artificial avanzada (12,25). Aunque la inflación esté aumentando en todo el mundo por la guerra y aún queden meses para observar una traslación completa, el impacto para cada economía ha sido muy desigual. Mientras varios países europeos rozan la recesión y algunos asiáticos han tenido que recortar drásticamente la demanda de petróleo y de otros hidrocarburos, la industria energética estadounidense se ha visto reforzada y países como España se han beneficiado de una cierta redirección de los flujos turísticos. En conjunto, la última previsión de la OCDE anticipaba un crecimiento del PIB mundial en el entorno del 2,9% en 2026 si se producía una solución de paz en junio. Empatadas en 12 puntos figuran la desinformación y manipulación digital y la escasez de recursos críticos y de cadenas de suministro. Este último riesgo merece una mención aparte: es el único que todos los expertos que lo evaluaron consideran que ha empeorado. Ningún panelista lo ve estabilizado ni en mejora, una unanimidad que no se repite en ningún otro punto del radar y que refleja la preocupación por la dependencia de tierras raras, agua, alimentos y semiconductores. Si se atiende solo a la intensidad, es decir, al daño que causaría cada riesgo si llegara a materializarse, quienes encabezan la tabla son la ciberseguridad y la inteligencia artificial, ambas con una media de 4,5 sobre 5, por delante de la recesión (4,33). Son las amenazas percibidas como más destructivas, aunque su probabilidad e inminencia moderen su posición en el índice agregado. En la zona media del mapa se concentran los riesgos de naturaleza más estructural. La competencia tecnológica y la soberanía digital puntúan 11,75; la fragmentación económica y comercial y la polarización política y el deterioro institucional, 11,5 cada una; los fenómenos meteorológicos extremos, 11,3; la divergencia regulatoria, 10,75; y las migraciones masivas, 10,5. Son amenazas que, sin ser las más inmediatas, erosionan poco a poco la capacidad de respuesta de los Estados y reducen la holgura del sistema para absorber nuevos golpes. TE PUEDE INTERESAR La polarización política y la divergencia regulatoria son mayoritariamente calificadas con una evolución que empeora, en línea con un entorno de mayor confrontación institucional. Cierran la clasificación las infraestructuras financieras y aseguradoras (9,5) y los riesgos sanitarios y nuevas crisis epidemiológicas (8,5). Este último es el que los expertos ven más lejano: su inminencia media apenas alcanza el 2 sobre 5, lo que lo desplaza claramente al largo plazo pese a que su capacidad de daño se considere elevada. Los expertos coinciden, asimismo, en que la capacidad de coordinación internacional se percibe debilitada justo cuando más se necesitaría. La interdependencia que durante décadas fue fuente de estabilidad se ha convertido en un instrumento de presión, con los foros multilaterales clásicos en buena medida paralizados. Para la economía europea, la conclusión es una agenda ineludible de autonomía estratégica: reducir dependencias críticas en energía, tecnología, defensa y financiación sin caer en proteccionismo.