Al final de todo, la paz sigue siendo la riqueza más grande que un ser humano puede alcanzar. 5 de julio, 2026 - 08h00Vivimos en una sociedad donde el éxito suele medirse por el tamaño de una cuenta bancaria, la cantidad de bienes acumulados o el prestigio alcanzado. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a preguntarnos si esa carrera constante por obtener más también nos está permitiendo vivir mejor. Con frecuencia, las personas dedican la mayor parte de su existencia a trabajar sin descanso, convencidas de que la prosperidad económica resolverá todos sus problemas. En ese recorrido, muchas personas sacrifican momentos irrepetibles junto con sus hijos, descuidan a sus padres, se distancian de sus amigos y relegan a un segundo plano a quienes realmente les brindan amor y compañía. Cuando finalmente miran hacia atrás, descubren que el tiempo perdido jamás podrá recuperarse. El dinero es una herramienta necesaria para satisfacer necesidades, ofrecer estabilidad y abrir oportunidades. No obstante, posee límites que ninguna riqueza puede superar. No compra noches de tranquilidad para quien vive atormentado por el remordimiento; no devuelve los años compartidos con un ser querido que ya no está; tampoco puede fabricar afecto auténtico ni restaurar relaciones que fueron abandonadas por falta de atención. PublicidadLa verdadera riqueza se refleja en la serenidad con la que una persona despierta cada mañana, en la conciencia tranquila que le permite descansar por las noches y en la satisfacción de haber compartido tiempo, cariño y respeto con quienes forman parte de su vida. Es allí donde reside el patrimonio más valioso: una existencia vivida con equilibrio y sentido. Cuando llegue el momento de partir, los bienes materiales quedarán en manos de otros. En cambio, permanecerá el recuerdo de la generosidad, la bondad, la palabra oportuna y el amor sembrado en el corazón de la familia y de los amigos. Vale la pena esforzarse por alcanzar bienestar económico, pero nunca al costo de perder la paz interior. Las mayores fortunas pueden desaparecer de un día para otro; en cambio, una vida construida sobre el amor, la integridad y la tranquilidad deja una huella que el tiempo jamás podrá borrar. Al final de todo, la paz sigue siendo la riqueza más grande que un ser humano puede alcanzar. (O)Elio Roberto Ortega Icaza, mediador y abogado criminalista, El CocaPublicidad¿Tienes alguna sugerencia de tema, comentario o encontraste un error en esta nota?