Hago mía una frase del periodista argentino Ernesto Cherquis Bialo (1940-2026): “Los periodistas podemos tener dos corazones: uno normal que registra los hechos con la lupa de la objetividad y otro alegre que se acelera ante lo extraordinario. Cuando el corazón normal queda funcionando ante el teclado para escribir, solo se logra reflejar un hecho que da respuesta a la gente. Cuando el corazón alegre vibra en armonía con el teclado, se da algo más que una respuesta: se da un homenaje”.Y lo hecho por Cabo Verde ante Argentina, campeón reinante, merece el más grande homenaje traducido en reconocimiento, en aplauso ecuménico unánime, en aclamación por su entereza y valentía; por ese sentimiento de no sentirse pequeño, diminuto ni inferior ante un rival que lleva la corona conquistada en Qatar 2022 y una tradición de poderío registrada en las más lujosas páginas de la historia del fútbol mundial.Era un sencillo debutante que representaba a un conjunto de diez islas volcánicas situado en el océano Atlántico, aproximadamente a 600 kilómetros de las costas de Senegal, en África occidental, con una población de 530.000 habitantes, lo que lo convierte en uno de los países más pequeños del planeta y, en términos demográficos, uno de los más pequeños que han disputado una Copa del Mundo.PublicidadArribó al certamen sin el respaldo del aspaviento propagandístico de la selección ecuatoriana, sin presumir de seguro finalista y ganador del Mundial. Tampoco abrió el paraguas temeroso y pusilánime con ese detestable estribillo de “Venimos a aprender”, como lo hicimos nosotros en Japón-Corea del Sur 2002 cuando teníamos 102 años de practicar el fútbol y 77 años de pertenecer a la FIFA. La Federación de Cabo Verde fue fundada en 1982 y se afilió a la FIFA recién en 1986. ¡Y qué lección nos dio no solo a los ecuatorianos, sino a los aficionados de todo el planeta! Durante 124 minutos, los caboverdianos mantuvieron en estado de zozobra al mundo entero. Por momentos parecía que una explosión megatónica iba a sacudir al universo: un equipo sin experiencia, en su primera aventura mundialista, iba a dejar fuera al campeón vigente. Jugando buen fútbol, amparada en un gran arquero y una defensa sólida, con volantes de gran manejo y delanteros veloces y de recursos, Cabo Verde fue, en largos pasajes, muy superior a Argentina. Se sobrepuso dos veces a los goles adversarios y empató a dos con un taponazo impresionante de Sidny Cabral, un futbolista de grandes virtudes.Argentina está lejos de ser aquella de Qatar. Solo cuenta con su superestrella, Lionel Messi, para ordenar el funcionamiento, hacer jugar a los demás, crear opciones de gol y anotarlos él mismo. En esta soledad, apenas cuenta con el excelente desempeño de Lisandro Martínez, autor de una asistencia y un gol. El resto del equipo no ayuda, especialmente los volantes, que pasan por un estado de nulidad absoluta. PublicidadPublicidadDe Paul, Mac Allister y Enzo Fernández no aportan nada. A ello se une la ineficacia de Lautaro Martínez, quien en nueve partidos mundialistas únicamente ha anotado un gol, y de penal ante Jordania. Scaloni ensaya con Julián Álvarez, que aparece poco. ¿Será la hora de probar con José Manuel Flaco López, el artillero del Palmeiras?El gol de la victoria argentina llegó casi de casualidad a los 110 minutos, pero el impulso de Cabo Verde no cejó. Fue adelante con todo, mientras el campeón del mundo parecía rogar que el árbitro pitara el final. La selección africana regresa con dignidad y orgullo, y se espera una gran recepción. Le tocó enfrentar a tres campeones del mundo y ninguno pudo derrotarlo en los 90 minutos reglamentarios. Argentina queda llena de dudas: sin Messi es un equipo demasiado normal.Colombia sigue a paso de vencedores con un equipo que funciona casi a la perfección. Y digo casi porque le falta un centrodelantero del tipo Adolfo Tren Valencia o Víctor Hugo Aristizábal. Es admirable el papel cumplido por la defensa que, junto con la de México, no ha recibido goles en los cuatro partidos jugados. Por el centro son impasables Dávinson Sánchez y Jhon Lucumí, ambos muy seguros e iniciadores de los ataques. En Colombia, además, los marcadores de punta Daniel Muñoz y Johan Mojica son, por mucho, los mejores de este mundial. Son eficientes en la marca, se desprenden como volantes y pronto están de punteros. Muñoz es, además, un goleador. No son, ni presumen de serlo, la mejor defensa del mundo, pero sí lo son de este certamen hasta el momento.Otro punto gravitante en el buen rendimiento de los colombianos es su línea media. La aparición de Gustavo Puerta, el novísimo conductor, es un acierto del técnico Néstor Lorenzo. A su lado está Jhon Arias, de gran rendimiento, y de número cinco una de las grandes revelaciones del Mundial: Jefferson Lerma. Firme en la contención y la recuperación, juega para adelante con Arias o Puerta; gambetea (¿han visto alguna vez gambetear a un rival a Moisés Caicedo?), acompaña a los delanteros y llega hasta la portería contraria. Verlo es aprender el manual del volante de contención.Puerta ha suplido el papel de creador de James Rodríguez, de rendimiento discreto. Se mueve, lucha, le pega bien a la pelota, pero marca muy poco y deja claros en la línea media porque ha perdido movilidad. En los dos últimos partidos hemos visto mejor a Juan Fernando Quintero. Veremos qué decisión adopta Lorenzo en el próximo compromiso.PublicidadHay temas muy picantes en este mundial. Soy de los que creen que, a despecho del VAR, las líneas y el chip de la pelota, lo de Croacia ante Portugal fue un despojo. Josep Martí Blanch, en el diario catalán La Vanguardia, lo afirma con dureza: “Croacia se ha marchado del Mundial tras ser asaltada por un cartel de bandoleros arbitrales ante Portugal. Solo que, en esta ocasión, la tecnología proporciona la mascarada del crimen perfecto y los pobres croatas ni siquiera tienen derecho al pataleo. Estamos ante la más depurada técnica de mangoneo futbolístico: el robo digital”.El rostro desencajado y lleno de tristeza de Luka Modric es un signo de luto en el fútbol y en la moral deportiva. Todos deseábamos que siguiera en el Mundial y lo despidiéramos con honor a sus 40 años de edad y 20 en la selección de su país. La perversidad lo impidió, pero se ha ganado el cariño y la admiración no solo como víctima, sino por su calidad inigualable.Portugal sigue en carrera con una idea absurda: todos juegan, corren, pelean por el balón, menos uno. Parado como un tótem, esperando la adoración de sus compañeros, está Cristiano Ronaldo, anhelando que le llegue un balón para retirarse antes de tiempo al camerino y cambiarse de ropa. ¿Bañarse? ¿Para qué, si no corrió, ni marcó a nadie, ni se movió para ningún lado?Es inexplicable que ese sea el sistema de un equipo que tiene a Vitinha, Bernardo Silva, Bruno Fernandes y João Félix, obligados a esforzarse para servir a un jugador que hace el papel de espantapájaros en un sembrío de arroz. (O)
Cabo Verde: el debutante en el Mundial que nunca dijo “Venimos a aprender”
La selección africana llegó al torneo sin el aspaviento publicitario de Ecuador; sin presumir de seguro finalista y ganador de la Copa.















