Venezuela se enfrenta a las tensiones generadas por los problema de las miles de personas que se han quedado sin vivienda a los 10 días del doble terremoto que acabó con la vida de 2.954 personas mientras se desvanecen las probabilidades de más rescates.
En La Guaira, zona cero de la devastación y donde persisten graves fallas en servicios de telecomunicaciones, ya quedan pocos rescatistas en los edificios derrumbados y los familiares se muestran cada vez más desesperados y enfadados porque aún no han podido recuperar los cuerpos de sus seres queridos.
En esta zona costera, el ir y venir de los más de 3.000 rescatistas internacionales de días anteriores ha dejado paso a la maquinaria amarilla, que ya empieza a excarvar los escombros, mientras los camiones hacen fila en las calles que hoy estaban completamente colapsadas. Además, muchas de estas familias que esperan poder sacar los cadáveres -se presupone que hay numerosos cuerpos aún sepultados mientras las cifras oficiales contabilizan 2.954 fallecidos- se quejan de que ya pasan menos vehículos repartiendo comida.
Después de diez días desde los sismos, numerosas personas siguen fuera de sus casas, muchas de ellas acampando en lugares públicos, calles y en la misma playa, a la espera de que sus viviendas sean inspeccionadas para determinar si los daños fueron comprometedores o no. O simplemente por miedo a que se les vuelvan a caer encima.















