El PaísLos terremotos del 24 de junio han reproducido la imagen previsible que toda catástrofe ofrece a la opinión pública: edificios colapsados en La Guaira y Caracas y un balance de heridos y muertos aún por conocer. Pero la verdadera dimensión del desastre venezolano no se mide solo debajo de los escombros. La sacudida ha evidenciado la realidad de un Estado debilitado por años de deficiencias de gobernanza y con enormes limitaciones para conducir una mínima respuesta. De cómo resuelva este desafío la ayuda internacional dependerá la calidad de la asistencia y las condiciones de un trabajo de respuesta y recuperación temprana que va a ser largo y difícil en estos próximos meses.Puedes leer aquí la tribuna completa
El PaísLa rabia empieza a desplazar al dolor. Cinco días después del doble seísmo que sacudió el norte de Venezuela, las posibilidades de hallar señales de vida bajo las losas de cemento son mínimas, y los vecinos se sienten abandonados. Agotados e impotentes. Muchos no se han despegado de los edificios donde saben que siguen atrapados sus seres queridos. Ahora, ya, probablemente, muertos. La frustración se dispara entre ellos, contra los rescatistas que no llegan y contra las autoridades. También contra el Gobierno de Delcy Rodríguez, que dirige el país de la mano de Estados Unidos desde la caída de Nicolás Maduro.Puedes leer aquí la información completa













