Las vacaciones de invierno y la Feria del Libro Infantil, se sabe, son una. Y será Isol, hasta el momento, la única autora argentina ganadora (merecidamente) del premio Astrid Lindgren, en el 2013, la encargada de inaugurarla. Este año, los libros infantiles se separan de los juveniles y volverán a su lugar histórico, el Centro de Convenciones porque, según el presidente de la Fundación El Libro, Christian Rainone, “son dos catálogos que crecieron muy fuerte en los últimos años, por lo que pensamos que cada uno merece tener un espacio diferente. Y otro de los motivos es que el público juvenil tiene una dinámica diferente que el infantil, por lo que tenemos que tener distintas estrategias de comunicación”. Por el momento, los jóvenes tendrán que esperar para su propia feria que calcula, “será más corta y estimamos que se hará en noviembre”. Un crecimiento desigual y contradictorio, que en el caso de los libros para los más pequeños se ve reflejado en las múltiples estrategias que las editoriales y las librerías desarrollan para lograr sostener unas ventas que, según algunos de sus responsables, vienen bajando de la mano de la brutal caída del poder adquisitivo.

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