Hay un pánico moral alimentado por afirmaciones difundidas desde lugares de poder que, alejadas de toda evidencia, atribuyen a la Educación Sexual Integral (ESI) un impacto en las conductas personales que esconde, en realidad, otra cosa. Este año se cumplen 20 años de la sanción de una ley que propone una estrategia progresiva e integral para contribuir con información, contención y acompañamiento en el desarrollo educativo a lo largo de todo el ciclo de formación. El objetivo es que niñas, niños y adolescentes adquieran herramientas para tomar decisiones informadas, cuidar su salud, encontrar espacios y construir vínculos que les ayuden a gestionar sus emociones, así como también prevenir situaciones de riesgo o violencia. Una resolución aprobada por el Consejo Federal de Educación en el año 2018 (es decir, las autoridades del área de educación de todas las provincias y de la Ciudad de Buenos Aires, representando a un amplio y diverso arco político) acordaron cinco ejes para llevar adelante este objetivo: cuidar el cuerpo y la salud, valorar la afectividad, garantizar la equidad de género, respetar la diversidad y ejercer los derechos.

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