En una época atravesada por pantallas, algoritmos y experiencias mediadas por el celular, el teatro inmersivo parece ir exactamente en la dirección contraria. Mientras buena parte del entretenimiento se consume en soledad, Fuerza Bruta insiste en reunir cuerpos, provocar asombro y construir una experiencia física imposible de replicar desde una pantalla. Con el regreso de AVEN, su nueva creación, Diqui James vuelve sobre algunas de las preguntas que atraviesan toda su obra, aunque desde un lugar diferente: “Estamos muy metidos en el mundo digital, pero también estamos muy conectados con los eventos en vivo. La tecnología avanzó muchísimo para que puedas ver un recital o un partido desde cualquier lado, pero la gente sigue queriendo estar ahí. Hay una necesidad humana muy primitiva de vivir lo que está pasando con el cuerpo, en el lugar. Y eso, sorprendentemente, la tecnología todavía no pudo reemplazar”. —En varias oportunidades hablaste de que la naturaleza pasó a ocupar un lugar central en esta etapa creativa. ¿Cómo se transforma esa fascinación en imágenes y escenas? —AVEN es un espectáculo absolutamente urbano. Somos personas que vivimos en la ciudad y durante mucho tiempo encontramos belleza en las luces, los edificios, los puentes o el movimiento urbano. Pero ahora sentimos que la belleza está en otro lado: en el mar, en los animales, en las tormentas, en entender que compartimos un mismo planeta. Empezamos a trabajar una idea de naturaleza artificial: cómo evocar esa belleza utilizando tecnología, mecanismos y máquinas. Todo está construido artificialmente, pero la emoción nace de esa naturaleza que hoy sentimos que necesitamos volver a mirar.