La Selección está en los octavos del Mundial. La frase, así de austera y potente, es la mejor noticia que nos queda como resumen de una noche inolvidable que se transformó en una montaña rusa de emociones en la húmeda y al mismo tiempo excitante Miami, que recibió a los campeones del mundo para parir una victoria cuyo festejo se vinculó más con el desahogo que con la euforia. Con la premisa de respetar siempre a todos los rivales, Cabo Verde llegaba como la gran revelación, y esto es tan cierto como que la Argentina era la favorita para quedarse con la victoria. Sin embargo, durante más de 120 minutos, el equipo africano le presentó al conjunto de Scaloni una cantidad de dificultades inesperadas que la Argentina resolvió mucho más con orgullo, con temple y con su condición de campeona del mundo que con fútbol. Messi volvió a mostrar que está en otra dimensión. Participó de manera excesiva o, al menos, sin tanto acompañamiento en las acciones de ataque. No obstante, surgieron dos grandes mariscales de la victoria: Cuti Romero y Licha Martínez.

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