Resume e infórmame rápidoEscucha este artículoAudio generado con IA de Google0:00/0:00Desde la pandemia, la enfermedad mental, tan estigmatizada y secreta, se reveló como uno de los males de nuestro tiempo. Aunque ha existido siempre, hoy la han potenciado las formas de vida urbanas, la sociedad hiperproductiva a la que pertenecemos, y las exigencias y las demandas de un mundo hiperconectado que nos somete a un constante bombardeo informativo y nos impone sus implacables parámetros de éxito. Afortunadamente, ahora educadores y medios han puesto los focos sobre los trastornos mentales, en parte porque la mayor conciencia hace que se esté combatiendo el estigma, en parte porque está afectando de manera grave y evidente a niños y adolescentes. Hace muy poco el Ministerio de Salud presentó la Encuesta Nacional de Salud Mental 2025, y uno de sus datos más alarmantes señala que el 3,6 % de la población entre siete y 17 años ha tenido ideación suicida en los últimos 30 días.La enfermedad mental —contrario a lo que cree la mayoría— es muy amplia. La idea de que enfermo mental es solo el que está recluido en un “manicomio” con una camisa de fuerza porque es peligroso, es falsa. Ese tipo de paciente existe, pero es minoritario. En el mundo, en cambio, están aumentando el trastorno de pánico, la ansiedad generalizada, el estrés postraumático y la depresión, y todos estamos en riesgo de padecer algunos de esos males en cualquier momento de nuestras vidas. Lo terrible es que mucha gente no los reconoce —o no los quiere reconocer— en ellos mismos o en sus seres cercanos, a pesar del enorme sufrimiento que acarrean.Ahora bien, ¿sabían ustedes que las más propensas al sufrimiento mental somos las mujeres? En primer lugar, por cuestiones biológicas que ya han sido confirmadas por la ciencia médica: el trastorno disfórico premenstrual, por el que nos han sometido a burlas y caricaturas, y que puede causar desde irritabilidad hasta pensamientos suicidas; la depresión posparto, de la que se habla muy poco, y que incluye tristeza profunda, ansiedad generalizada y cansancio extremo; y la depresión perimenopáusica, que en unos pocos casos puede llegar a ser grave, hasta el punto de exigir internamiento. Pero, y esto es tal vez más grave, el agobio por las malas condiciones económicas y laborales y por la carga desigual de los cuidados y la violencia sexual, afecta gravemente la salud mental femenina. Un dato relevante: el 70 % de los 1,2 billones de personas en estado de pobreza son mujeres. Según Amnistía Internacional, por cada dólar que ganan los hombres en ingresos laborales a nivel mundial, las mujeres ganan sólo 51 centavos. Ellas trabajan más horas al día que los hombres, si se contabiliza el trabajo remunerado y no remunerado en conjunto (según Oxfam, hoy “una mujer joven trabajará de media cuatro años más que un hombre a lo largo de su vida”). El último informe del ICBF da cuenta de que la mayor cantidad de ingresos al sistema de protección corresponde a niñas y adolescentes mujeres, ya sea por descuido de los cuidadores, violencia intrafamiliar o abuso sexual. Y en el último informe del DANE se precisa que el desempleo en hombres es de 6,4 %, mientras el de las mujeres es 10 %.Urgente, pues, hacer conciencia desde la escuela sobre lo que es salud mental, e implementar políticas públicas con enfoque de género. Conoce más
Género y salud mental
“¿Sabían ustedes que las más propensas al sufrimiento mental somos las mujeres?”: Piedad Bonnett









