Ocho sonrientes y fornidos hombres blancos de cuerpos y fisionomías clónicas posan sin camiseta en los Alpes. Pese a la majestuosidad del enclave, ningún comentario habla sobre el paisaje. La imagen forma parte de un cartel de imágenes subido a Instagram por Antoni Porowski, el integrante foodie del programa Queer Eye, conocido reality show de Netflix en el que un equipo de cinco expertos homosexuales ayuda a diferentes personas a transformar sus vidas. “Requisitos: ¡Tienes que ser blanco, rico y tener los abdominales marcados para unirte al grupo!”, dice un usuario en los comentarios que acompañan a la fotografía. “¿Qué pasa si uno de los amigos supera el 15% de grasa corporal? ¿Lo expulsan del grupo de WhatsApp y dejan de invitarlo a los eventos?”, pregunta otro. La foto de la polémica es la novena del siguiente carrusel:Esta es una experiencia que no solo afecta a las celebridades o a los poderosos. Muchos usuarios de Instagram lo notan entre sus propios amigos o, al menos, entre la gente a la que siguen en Instagram. Es una imagen que se ha hecho habitual, por ejemplo, con la popularidad del CrossFit: tras la clase, y aún sin camiseta, los asistentes al entrenamiento se hacen la foto de rigor. Pectorales, abdominales, cuerpos clónicos. Pero es más chocante cuando ocurre con las pandillas de amigos. ¿No hay ni uno solo que se salga del canon?, nos lleva a preguntarnos. Y esto ocurre, especialmente, entre el colectivo de hombres gais. Mientras que en la foto de Porowski la mayoría de comentarios hablan acerca de la falta de diversidad del grupo de amigos, en los vídeos que critican la imagen, como en este del creador de contenido y entrenador online Adam Thomas, gran parte de los usuarios se rebelan contra quienes critican al presentador canadiense. “No todo grupo de hombres gais atractivos y musculosos constituye una declaración política. A veces, simplemente se trata de un grupo de amigos”, dice un internauta. “La inclusión es importante, pero asumir que existe exclusión basándose en una sola foto conlleva el riesgo de hacer exactamente aquello que se pide a los demás que no hagan: juzgar a las personas por su apariencia”, añade. Enrique Aparicio, periodista cultural, señala que cada año aparece al menos una foto similar a la que nos ocupa. “Estas imágenes nos hacen preguntarnos qué es lo que hay detrás de este grupo de maricones que salen todos juntos e iguales. Yo creo que todos los maricas hemos aprendido a socializar entre nosotros en espacios hipersexualizados. Nos ha pasado a todos lo de llegar a un bar de ambiente o a la app de ligoteo y tener que disponer de capital sexual para encajar. Lo más fácil para la existencia marica media ha sido estar bueno para lograr ese objetivo”. “Me cansa tener que justificarme cada vez que me hago una foto con mis amigos en la playa o después de entrenar en el gimnasio. Es muy superficial y necio pensar que esos hombres solo son amigos porque están buenos. Lo serán porque comparten un estilo de vida saludable”Jorge A., fotógrafo“Por eso es normal que tantos maricones hayan apostado la carta del físico y hayan entendido que para ser aceptados y exitosos, han de estar normativamente buenos”, continúa. “Esto se logra con mucha disciplina, mucho ejercicio y mucha obsesión. Eso es un poco lo que yo creo que en el fondo hay detrás de esta presión que se ve tan claramente en fotos como esta. Creo que estos grupos no tienen conciencia de estar excluyendo a nadie. Para ellos es un estilo de vida. Creen que si tienes un estilo de vida sano, haces mucho deporte y cuidas tu alimentación, eres así. Y esa es la gran mentira. Porque el fitness no es solo estar sano y estar en forma, sino que se vea a la primera”, dice. Manuel J. Romero, periodista con cuerpo orgullosamente no normativo, tampoco cree que ese grupo esté pensando en la falta de diversidad de la imagen. “Es lo normal, su día a día, el ambiente donde se sienten cómodos. Seguramente no hay una intención activa de excluir. Sus hábitos, gustos y dinámicas generan un entorno que no invita a la diversidad, y eso se retroalimenta porque desaparece el espacio seguro en ese contexto. Una persona diferente a ese canon no se sentiría cómoda ahí y seguramente lo evitaría”, asegura. “No quiero pensar que eso se haga desde una gordofobia consciente o declarada, sino más bien desde lo que yo llamo la tiranía de la normalidad: hacer las cosas sin cuestionarlas y sin ser conscientes de que la representación importa”.Comilonas o hikingJorge A. es fotógrafo, entrena seis veces a la semana, sigue una estricta dieta y se toma una cerveza “muy, muy de vez en cuando”. Su cuerpo es la prueba de que no se salta su estricta disciplina. Él es uno de los que no ven una ofensa inmediata en esa imagen ni en otras parecidas. “Me cansa tener que justificarme cada vez que me hago una foto con mis amigos en la playa o después de entrenar en el gimnasio. Es muy superficial y necio pensar que esos hombres solo son amigos porque están buenos. Lo serán porque comparten un estilo de vida saludable y porque como vemos, cuando están de vacaciones se van de hiking en lugar de pegarse comilonas con sobremesas interminables donde las copas se alargan hasta el infinito. ¿Están todos mis amigos buenos? Sí, pero no por eso son mis amigos, sino porque compartimos una manera de ver la vida”. Un estudio publicado en la revista Men and Masculinities revelaba que los hombres jóvenes a menudo encuentran mayor satisfacción emocional en sus amistades masculinas cercanas que en sus relaciones sentimentales. “Si a esto le sumamos el gimnasio, el vínculo se fortalece aún más: diversos estudios demuestran que el apoyo social de los amigos es uno de los factores que mejor predicen la constancia en el ejercicio. Es más probable que sigas acudiendo a entrenar si tienes a tu compañero de gimnasio a tu lado. Los romances pueden ir y venir, pero tu compañero de gimnasio estará ahí para el día de pecho, el día de pierna y cada intento de superar tu marca personal entre medias”, aseguran desde la cuenta GymFailNation. Manuel J. Romero da la vuelta a esta teoría. “Dios los cría y ellos se juntan. Aquí se ha generado un ambiente propicio para que todos tengan un perfil físico muy concreto, y seguramente también psicológico. Se conocen del gimnasio, de actividades deportivas, comparten retos, preocupaciones, placeres y likes en Instagram. Pasa con casi cualquier grupo de amigos cuando ya hay cierta madurez. De adultos, la gente con la que nos juntamos se termina pareciendo porque comparte la forma de ver la vida. Y en este caso, esa forma de ver la vida también ha definido sus cuerpos. Más que una exclusión directa tipo ‘si no tienes six pack, no entras’, lo que hay es un entorno donde directamente es muy difícil verse dentro si no eres como ellos”. “Yo, evidentemente, jamás podría entrar en un grupo así”, añade Aparicio. “Aparte de marica, soy gorda, lo cual me convierte en una Super Saiyan de las minorías”. Se habla mucho de lo delicado que es hablar del cuerpo de las mujeres pero, ¿y del de los hombres? “Creo que las dinámicas que están operando en esta foto y en este grupo de amigos existen en toda la sociedad”, asegura Aparicio. “Lo que pasa es que, en otros contextos, no son tan llamativas. Y tampoco creo que ellos se consideren personas superficiales ni que hayan hecho un casting para escoger a sus amigos. Estoy convencido de que pueden tener amistades muy bonitas, muy valiosas y que realmente les funcionan”. Y comparte una anécdota. “Tuve un compañero de piso que estaba completamente entregado al gimnasio, con un cuerpo absolutamente esculpido. Muchas veces, antes de salir de casa, hacía no sé cuántas flexiones, no sé cuántos abdominales y un montón de ejercicios simplemente para que los músculos estuvieran más hinchados. Y recuerdo algún día en el que, incluso después de toda esa preparación física antes de salir, se miraba al espejo y decía: ‘No, no. Al final me quedo en casa’. Que esta gente tenga esos cuerpos tampoco significa que se libre de esa batalla. Estoy convencido de que también tienen sus propias inseguridades y complicaciones”, asegura. En un artículo publicado en The New York Times Style Magazine, Mark Harris hablaba de la extendida preocupación de los hombres gay por su apariencia física. “Suele ser tachada de fijación, obsesión o, incluso, de forma superficial, de narcisismo. Lo que se reconoce con menos frecuencia son las fuerzas de inseguridad y ansiedad que impulsan esa obsesión. Para los hombres gay de todas las edades, tipos, estatus y estilos de vida, la imagen corporal sigue siendo un tema tan delicado, extraño, privado y doloroso que, incluso entre amigos que hablan de todo, suele ser tabú”, escribe. Una encuesta de 2018 realizada por la revista gay Attitude reveló que el 84% de los hombres homosexuales encuestados afirmaba sentirse bajo una intensa presión por tener un buen cuerpo, mientras que solo el 1% (¡el uno por ciento!) se consideraba “muy feliz” con su apariencia. James Greig recalca, en un artículo publicado en Dazed, que no se trata de un problema individual y que culpar a personas concretas o a una imagen viral no resuelve el problema de fondo. “Además de estar sometidos a presiones de diversas industrias que se lucran con nuestra constante inseguridad, la mayoría de los hombres gais ya están traumatizados de antemano. Deberíamos tratarnos con más empatía, porque a la mayoría no nos gusta nuestra apariencia y puede que tengamos que esperar mucho tiempo para encontrar una solución estructural a este problema”.