En la casi totalidad de las iglesias católicas del mundo hoy la misa se celebra en el idioma de cada país; el sacerdote dialoga con sus fieles mirándolos a los ojos y ellos participan leyendo las partes de la Biblia o cantando acompañados de una guitarra. Pero aún existe un pequeño sector del catolicismo que considera que esas transformaciones alejaron a la Iglesia de su tradición. Ese grupo sigue desarrollando el acto litúrgico en latín; el celebrante permanece mirando al altar y de espaldas a los fieles, y el resto de la liturgia conserva la forma que tenía hace más de medio siglo. Así celebra su credo quienes integran la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, más conocida como la comunidad lefebvrista. Hace unos días, el Vaticano excomulgó a los obispos que participaron en la reciente consagración de cuatro nuevos prelados sin la usual autorización del Papa. Y eso volvió a colocar a esta fraternidad en el centro del debate católico. Según el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, esas ordenaciones constituyen un acto "de naturaleza cismática", ya que la designación de obispos corresponde exclusivamente al Pontífice.

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