La ejecución de los fondos europeos ha supuesto un importante estímulo para la economía española. La cantidad de recursos recibidos ha permitido estimular la demanda interna con inversiones y gasto público ejecutados por las diferentes Administraciones Públicas. Sin embargo, uno de los objetivos principales del plan era conseguir movilizar una gran cantidad de recursos privados a partir del impulso público. Este extremo no se ha logrado y, a falta de unas semanas para finalizar el periodo de ejecución del plan, ya se puede considerar que ha fracasado. Según los datos publicados esta semana por el INE, la tasa bruta de inversión de las empresas ha vuelto a caer por debajo del 24%. En concreto, en los últimos cuatro trimestres, hasta el primero del 2026, la tasa bruta de inversión fue del 23,9%, el dato más bajo en más de una década (desde el año 2014). Este dato mide el esfuerzo inversor que realiza el tejido productivo de España, medido como la parte del valor añadido bruto (facturación descontado el coste de los insumos). Y lo que muestra es que las empresas españolas no han reaccionado de ninguna manera a la ejecución de los fondos europeos. Es más, la tasa bruta de inversión de las empresas es significativamente inferior a la que tenían antes de la pandemia. En 2019 alcanzaba el 27,6%, mientras que en el último año ha caído hasta el 23,9%. Son casi cuatro puntos porcentuales menos que en 2019. Pero también es una cifra inferior a la media histórica, que es del 25,5%. Estos datos muestran que no se ha logrado el objetivo de reactivar la inversión privada a partir de la palanca de la inversión pública. El Gobierno plasmó en el Plan de Recuperación inicial que el objetivo era movilizar cuatro euros de inversión privada por cada euro de inversión pública. En concreto, figura así en una de las "líneas directrices del Plan". En ese documento, el Gobierno explicaba que "la colaboración público-privada constituye un cuarto principio director indispensable, para aumentar la capacidad de inversión de los proyectos tractores y movilizar empresas y agentes sociales". Y su ambición era elevada: "Los 140.000 millones de origen público podrían multiplicar su efecto movilizando un total de hasta 500.000 millones de euros para inversión del sector privado". TE PUEDE INTERESAR En la última edición del Radar Next Generation EU publicado por EY, el economista de EsadeEcPol, Manuel Hidalgo, escribe que existe una “asimetría” entre el ritmo de cumplimiento de los hitos y objetivos del Plan de Recuperación. Mientras que las reformas están aprobadas en un 87%, la ejecución de las inversiones apenas alcanza el 35%. El fracaso inversor es especialmente evidente en el caso de los PERTE, que eran la gran palanca transformadora del programa. El PERTE chip, por ejemplo, ha sido incapaz de conseguir que se instalara en España ninguna fábrica de semiconductores. Otro ejemplo es el PERTE del vehículo eléctrico, que pretendía movilizar 24.000 millones de euros públicos y privados y que, cerca de su finalización, todavía está un 40% por debajo de lo previsto. Un entorno complicado El Plan de Recuperación sufrió un duro revés durante el segundo año de ejecución con el inicio de la invasión de Ucrania por parte de Rusia. Este hecho marcó para siempre el gran proyecto fiscal comunitario. El shock económico provocado hundió la confianza de las empresas y provocó un parón en la inversión privada. Además, la crisis inflacionista elevó drásticamente los costes de la maquinaria y de las nuevas construcciones para ampliar la capacidad. Desde el año 2021 hasta ahora, España nunca ha dejado de tener una alta inflación, lo que ha supuesto un lastre permanente para la inversión privada. Pero hay más factores. Las encuestas de confianza a empresas, como las que elabora el Banco Europeo de Inversiones (BEI) muestran que la incertidumbre regulatoria también ha frenado los proyectos de inversión. TE PUEDE INTERESAR El Gobierno de España ha estado en permanente pelea con las empresas durante todo el periodo de despliegue del Plan de Recuperación. Subidas de cotizaciones, del salario mínimo, de impuestos o endurecimiento de la regulación laboral han llevado a un enfrentamiento permanente. Hasta tal punto que en la actualidad existe una ruptura total entre el Ministerio de Trabajo y las patronales. Esta situación política no ha ayudado a desatascar la inversión empresarial, sino todo lo contrario. El boom del empleo Lo que sí ha vivido España durante la ejecución de los fondos europeos ha sido un boom del empleo. Las empresas han aprovechado la abundante mano de obra barata del país para hacer contrataciones. El bajo coste relativo de la mano de obra frente a la inversión (encarecida por la crisis inflacionista) ha provocado que muchas empresas eligiesen ampliar su plantilla antes que su capital físico. El gasto en salarios de los trabajadores ha subido hasta el 61,2% del VAB. Son 3,7 puntos más que en el año 2019, previo a la pandemia. Esto es, el aumento del gasto en sueldos es idéntico a la caída en inversión. Esto indica claramente que se ha producido un reajuste desde la inversión hacia las retribuciones. Además, se trata del mayor gasto en salarios desde el año 2008, en pleno pico de la burbuja inmobiliaria. En esos años, las empresas pagaban generosos salarios y tenían plantillas bien nutridas dado el ritmo de crecimiento que experimentaban sus beneficios. En la actualidad, la situación no es la misma: lo que hay es un aprovechamiento de la mano de obra barata para aumentar la producción. Los datos de inversión también muestran la caída cuando se comparan con el beneficio bruto de las empresas. En los últimos 12 meses han destinado el 62,7% del excedente de explotación a la formación bruta de capital fijo. Son cuatro puntos menos que en 2019, antes de la pandemia. TE PUEDE INTERESAR Se confirma así que los fondos europeos han fracasado a la hora de estimular la inversión privada, lo que estaría dificultando la mejora de la productividad. Los cálculos que están realizando las principales casas de análisis apuntan a un impacto del plan sobre la productividad muy moderado, de en torno a medio punto porcentual. Así lo señalan Funcas, BBVA Research o CaixaBank Research. "Hay señales compatibles con un efecto sustitución por el que las empresas habrían empleado los fondos públicos para financiar proyectos que ya tenían previstos", escribe Hidalgo para EY. "El esperado efecto arrastre (1,4€ públicos movilizando 5€ privados) no parece que de momento se esté materializando", explica. La diferencia es más evidente cuando se compara España con Italia, el otro gran país europeo que ha recibido una gran inyección de recursos europeos. En Italia, la inversión empresarial sí ha dado un importante salto en estos años. En concreto, la tasa bruta de inversión ha pasado del 21,8% en el año 2023 a rozar el 25% en la actualidad. De hecho, las empresas italianas llevaban desde el año 2012 con un volumen de inversión inferior al de las empresas españolas, pero en 2024 consiguió dar el sorpasso a España y, desde entonces, se ha mantenido por delante. Ahora, que el Plan de Recuperación está casi completado, llega el momento de los análisis sobre lo que ha funcionado y lo que ha fallado. No sólo en términos de ejecución, sino también de transformación del tejido productivo. Pero estos datos no invitan al optimismo.