5 de julio de 202600:003'minutos de lectura“La propiedad nació originalmente como un puesto de estancia y perteneció a los padres de mis clientes”, nos dice la arquitecta Paula Lloret. La premisa de los dueños de casa fue poner extremo cuidado en mantener intacta la mística rural.Al conectar los ambientes fundamentales con la galería, el exterior revivió por completo; ahora la gente entra, sale y el lugar se vive de otra manera”Magalí Saberian“Por ejemplo, restauramos las molduras muy minuciosamente: si las hacíamos perfectas, la casa iba a verse como una construcción nueva, y había que evitar a toda costa que terminara pareciendo una casa de country”, comparte Lloret. ¿Otro gran desafío? Coordinar la dinámica de trabajo con gente idónea que se instaló a vivir en el campo durante más de un año.La fachada original estaba negada al paisaje y la entrada se reducía a una puerta de 65cm de ancho. “Agregamos el porche para darle escala y diseñamos una gran puerta doble de hierro negro que hoy le devuelve categoría al casco principal”.Magalí SaberianInterioresEn un extremo del estar construimos un hogar a leña revestido con los ladrillos que sacamos del piso de la vieja despensa”, revela la arquitecta.Paula Lloret junto a la nueva chimenea hecha con ladrillos antiguos. El cuadro, herencia de la casa, fue restaurado (Copes).MAGALI SABERIAN“El living era un lugar oscuro, encerrado y sin calefacción; nadie lo usaba. Lo rescatamos abriendo unos vanos hacia el comedor; así logramos comunicarlos visualmente y hacer entrar luz natural para que tomara otro color. Hoy es súper luminoso: te sentás en cualquier sillón y tenés el paisaje de fondo”.La mesa ratona pertenecía al comedor principal. “Es una pieza ovalada divina. Como no encontraban su nuevo lugar, decidimos aprovecharla acá, cortándole las patas”. Alfombra (Awanay). Se mantuvo el techo vidriado para coronar el espacio donde alguna vez estuvo el aljibe.Magalí SaberianEl comedor principal se ubica donde antiguamente existió un patio abierto con un aljibe, techado en reformas anteriores. “Decidimos renovar el piso y, mientras se sacaban los mosaicos viejos, ¡la superficie se hundió por completo hacia el pozo! Tuvimos que rellenar ese hueco enorme con escombros para poder reforzar el espacio”, recuerda Lloret.Cocina de campo“Cuando empezamos a rasquetear la puerta para restaurarla, saltaron como siete capas de pintura de diferentes épocas. Fue como hacer arqueología en la obra; decidimos dejarla así, con toda esa historia a la vista”.Magalí SaberianLa reforma transformó una cocina rústica en una planta cómoda y abierta al paisaje. El diseño sumó metros de mesada, incorporó una gran isla central y resolvió la funcionalidad diaria al integrar la heladera, eliminando la incómoda circulación que obligaba a buscar todo en la despensa. Además, se abrieron generosos ventanales.“El piso de la cocina fue donde más nos la jugamos: buscamos una opción que dialogara con la casa, pero que también fuera práctica si uno llega con barro".“La zona de los fuegos es de locos: mientras hacés la comida, pasan caballos, vacas y ovejas; ves el potrero del fondo con sus árboles, y hasta la puesta de sol”.Junto a la cocina crearon este comedor diario, y reemplazaron la ventana por una puerta-balcón.Magalí Saberian“La Matera”La gran estrategia fue descomprimir la vivienda principal y mudar el ruido del asado multitudinario hacia el exterior. Para eso, se proyectó un volumen independiente que funciona como un quincho totalmente equipado. “Diseñamos este quincho con todas las comodidades necesarias para no depender de la casa principal (que se ve al fondo) cuando se está armando un asado”.“Hacer este quincho fue una forma de dejar tranquila la casa original, que bancó cien años con sus muros de ladrillo y adobe, y abrir el juego a la dinámica de esta familia llena de hijos, nietos y amigos que necesitaban un lugar cómodo para encontrarse y disfrutar”, explica Lloret.En el campo, un asado no es algo sencillito, es todo un despliegue. Por eso equipamos el fogón con un horno empotrado y una cocina económica de fundición"Magalí Saberian“Rescatando el concepto de las estancias antiguas, este anexo se llamó ‘La Matera’: ese fogón donde los gauchos se reunían a tomar mate y charlar al final de la jornada. Hoy sigue siendo el gran punto de encuentro de amigos y nietos”.Problema resueltoHubo mucho trabajo para llevar la casa a un nivel de confort actual que hiciera posible un uso intensivo. “¡Había cinco dormitorios y un solo baño para una familia numerosísima!”, explica Lloret. Así fue como la planta se reorganizó desde la funcionalidad, solucionando el tema de los baños como primera medida.En el hall de acceso, los mosaicos calcáreos originales. El mueble y la lámpara, herencias de la casa, fueron restaurados (Buen Gusto).MAGALI SABERIAN La antigua despensa se transformó en dos baños contiguos: uno en suite y otro compartimentado de uso completo; se sumó un tercero en suite, mientras que el existente se convirtió en un luminoso comedor diario para seis personas, que ahora conecta la cocina de forma directa con la gran galería. Porcelanato ‘Bulnes’ de la firma española Vives en el piso y paredes en ‘Vivant Blanc’, de Portobello.Magalí Saberian“La idea era un baño sobrio, al estilo de la casa. Descartamos el mosaico porque nos parecía que iba a dar una pisada demasiado fría, y nos armamos de paciencia hasta encontrar la opción ideal”.“En este dormitorio cuelga el retrato de la dueña original. Se conservó todo: desde los tejidos hasta las piezas sobre la cómoda, que hoy custodian la historia familiar”. Ropa de cama (Lote Propio). Pisos de pino tea existentes, restaurados
Un centenario puesto de estancia en Chascomús se actualizó como sede de encuentros de una gran familia
La arquitecta Paula Lloret nos lleva a recorrer una reforma encantadora que rescató infinidad de reliquias familiares






