“¡Diez islas, un pueblo y un corazón! ¡Bienvenidos a Cabo Verde! La esperanza es tan grande como el mar que nos abraza”. Las estrofas del himno del archipiélago africano se inflamaron en la humedad de Miami como nadie alcanzaba a imaginar en el partido de dieciseisavos contra Argentina. Los cazadores de ideas para documentales encontraron un pozo sin fondo en el emocionante despliegue de Vozinha, Sidny Lopes Cabral y compañía. “Se puede ser pequeño y competir contra los grandes”, proclamó su seleccionador, Bubista, al final de una sesión que dejó para la historia la asombrosa actuación de este pequeño país del Atlántico y, para el corto plazo, el sospechoso encuentro de la vigente campeona, que apenas pudo ganar en la prórroga (3-2). La cita registró la emoción de Cabo Verde, pero también la angustia de la Albiceleste. Su triunfo tras dos goles a balón parado en el tiempo extra y una resistencia final agónica sirvieron de alerta para un equipo demasiado colgado de Leo Messi, que sumó su séptimo tanto en Estados Unidos y amplió a 20 el récord de máximo anotador de la historia de los Mundiales. “Hicimos lo más difícil, meter el primer gol, y pensamos que con eso íbamos a encontrar nuestro juego y estar más tranquilos, y fue todo lo contrario. Perdimos la pelota, nos metimos atrás y no pudimos presionar bien”, alertó el diez, que no pudo ahorrarse ningún minuto para el futuro. Hasta el gran sofoco con Cabo Verde, la vida argentina había transcurrido tranquila, agraciada con una ruta amable (Argelia, Austria y Jordania en la primera fase), y entregada a los hitos de la Pulga. El grupo de Lionel Scaloni ha atravesado las tres primeras semanas del torneo en la paz de Kansas City, sin los calores paralizantes de otras latitudes, y fascinado con el impacto de su estrella. Sin embargo, el mal trago con los africanos le colocó en la realidad de un Mundial que ha entrado en la zona límite y exige respuestas colectivas además de récords individuales. En octavos de final, el próximo martes (18.00, Dazn), le espera Egipto. El partido con los Tiburones Azules mostró dos grietas que habían asomado, aún sin consecuencias, en los encuentros previos: el ataque bebe casi en exclusiva de Messi y el centro del campo tiende a empantanarse. Arriba, ni Lautaro Martínez ni Julián Alvarez desahogan al 10 (solo ha marcado el delantero del Inter, uno de penalti). Mientras, en el medio, al cuarteto fijo de Alexis Mac Allister, Enzo Fernández, Rodrigo de Paul y Thiago Almada le cuesta hilar el juego. Durante la primera fase del Mundial, Argentina se ha visto obligada en varios momentos a protegerse atrás después de perder la posesión, su bien más preciado. No fueron situaciones de agobio ni muy comprometedoras, pero sí la empujaron a hacer algo que prefiere no hacer. “Lo importante es descansar, pensar en lo que se viene, sacar las cosas positivas del partido, que también las hay, y corregir las malas, que fueron muchas también”, reaccionó Messi. “Lo negativo lo hablaré con los jugadores”, despejó el seleccionador, acostumbrado a pocos cuestionamientos en las ruedas de prensa. Cabo Verde había realizado 16 disparos (seis menos que su equipo), de los cuales cinco fueron a portería. En los tres encuentros de la liguilla, solo recibió dos entre los tres palos. Scaloni, sin muchas disquisiciones futbolísticas en público, optó por volver a referirse a la capacidad de resistencia. “Después de una victoria así, no hay manera de no salir reforzado. Argentina es esto, en lo bueno y en lo malo: sufrir. Hay que tener agallas y coraje para salir de estas situaciones”, reivindicó el técnico al término de un encuentro en el que la Albiceleste hizo una falta más que los africanos (13-12). El aviso serio recibido abre la incógnita de si Scaloni intervendrá en un once muy definido, e inamovible en el centro del campo y la delantera cuando ha habido cosas en juego (con Jordania tenía el liderato atado y rotó). Hace tres años y medio, en Qatar, no dudó en realizar cambios de fondo después de la derrota inicial con Arabia Saudí y los apuros para ganar a México. Ahí entraron Mac Allister, Enzo Fernández y Julián Alvarez, claves luego para el título. Entonces, ese gatillazo inicial le dejó sin margen de error para el resto del torneo y ahora el momento del Mundial elimina ese colchón. La ratonera de los torneos cortos esconde trampas imprevistas y crisis impensables de las que hay que huir como sea. El ataque de pánico que sufrió Argentina contra Cabo Verde entra en esa categoría. Después de actuaciones colectivas correctas resueltas por el brillo de Messi, el mal trago de este viernes le fuerza a elevar la vara del grupo.
El mal trago con Cabo Verde acaba con la paz de Argentina
La vigente campeona, muy colgada de Leo Messi, sufre su primera crisis en el Mundial ante la rebelión del equipo africano










