El ciclismo se corre en equipo y se gana en soledad, y no gana siempre Pogacar. Vingegaard está de vuelta. El Tour hierve en Barcelona. El sol destroza las piedras y deja surcos blancos de sudor en el maillot negro del danés de caso rojo y tirita respiradora roja en la nariz, que pone la firma final a la obra de arte de su Visma, del fabuloso escaladorcito Piganzoli, del sólido Jorgenson, del sacrificado Kuss, que le dejan al danés al pie de las cuestas de Montjuïc con 13s de ventaja sobre el UAE del monstruo esloveno y su compañero de mariachi Del Toro. Pogacar, su fe en sus cualidades sobrehumanas, acelera bien sentado en su Colnago atómica, una bala, abajo el triángulo rojo del último kilómetro. Ya solo, bye bye Del Toro, se pone de pie a 600m de la meta, un sprint prolongadísimo de un minuto de duración. Tremendo. Alucinante. Inútil. Cruza la meta a 12s de Vingegaard. Todo su talento, su fuerza, su apetito, sirvió para restar un solo segundo en la ascensión a su adorado rival y para salir vestido el domingo con el maillot de lunares de mejor escalador, y su ansia alimentada, y su sed. Vingegaard no le ganaba una etapa del Tour a Pogacar desde Le Lioran, una llegada en alto, en 2024. Aquel Tour lo ganó el esloveno. Sin embargo, en los cinco duelos en la cumbre del Tour que ambos han peleado desde 2021, cuando el danés se ha vestido de amarillo, Pogacar nunca ha podido arrancárselo.Del Besós al Llobregat, atravesando Barcelona en línea recta de norte a sur, unos 20 kilómetros, se puede ir en metro, en autobús y en coche, y también sentado en una taza de café gigante anclada en el remolque de un trasto de la cabalgata de verano que se llama caravana publicitaria. Delante, atado a un arnés flexible, Baptiste, debutante en el Tour, rizos pelirrojos al aire, danza y danza, vocea rítmico, imparable, las maravillas del café Marcilla. Su entusiasmo joven, despreocupado, feliz, contagia las aceras de miles de barceloneses que ya se han clavado detrás de las vallas para concelebrar con caravana, con ciclistas, con ellos mismos, la gran misa del entusiasmo y el verano árido llamada Tour de Francia. En la tienda de campaña preparada a la sombra antes de la salida, los ciclistas, abrigados con chalecos de hielo, chupan como niños enormes polos de hielo para llevar frío por el esófago al estómago y hacer descender la temperatura corporal. Después, aceleran, y se suman pedaleando a la misa del entusiasmo, en bicicleta, un tren volante y silencioso a 60 por hora por las rectas de Aragón y Mallorca hasta la Font del Gat, el rumor de la seda rozando el asfalto, umbríos árboles y chirridos de discos sobre llantas de carbono en las curvas. Después, se encrespa la carretera, dos cuestas para subir la colina de Montjuïc sobre el mar tranquilo, y se exhibe Pippo Ganna que asciende las cuestas, carcasa enorme, pesada, derrochando vatios, y hace palidecer a Mathieu van der Poel, que debería ser el patrón de los lugares. Son flecos de la batalla de los jefes, pero significativos. Que un ciclista tan pesado y rodador como Ganna suba las dos cuestas de Montjuïc más rápido que todos salvo Vingegaard y Pogacar habla del asentamiento de la nueva ley: sube mejor quien más vatios desarrolle; adiós a los sueños de los escaladores pajaritos. También subió más rápido Evenepoel –y se quitó de encima con relevos matadores, al molesto compañero Lipowitz—que Ayuso, pero al español –sin la pareja de Skjelmose, que sufrió una avería—le deja por delante en la general, cuarto, a 16s de Vingegaard, el magnífico desempeño de su Lidl, en las rectas planas. Ayuso tardó 11s más que el danés en ascender los últimos repechos, exactamente el mismo tiempo que el francés Seixas, rizos dorados del ciclista más joven participante en un Tour desde 1937. Seixas, el entusiasmo ingenuo lo perdió hace menos de un mes con una caída en la Dauphiné. Es un corredor que sabe enfriar las emociones sin necesidad de chuperretear témpanos de hielo. La realidad será siempre menos cruel que sus sueños. Ay, el entusiasmo. El entusiasmo es nuestra fuerza, dicen los directores del Movistar, señalando a los componentes de su equipo, muchos jóvenes, muchos debutantes con los ojos brillantes al descubrir y sentirse protagonistas de un mundo del que no hacen más que oír hablar. Y el Tour a veces es el coco, a veces el paraíso, siempre la mayor experiencia que puede vivir un ciclista, el lugar en el que el anhelo choca con la realidad y el amor se puede hacer odio, la aspiración, ambición, deseo. El choque con la realidad de Cian Uijtdebroeks, el líder debutante del equipo navarro, es duro e instantáneo, se produce terrible, desolador, apenas recorridos 14 kilómetros de su primer Tour, el del enamoramiento, en cuanto el equipo enfila el paseo de Santa Madrona, las fuentes de Montjuïc un rumor tentador, y sus compañeros Pablo Castrillo y Jefferson Cepeda le esperan como al amigo que llega tarde a su primera cita. En la meta lo contempla Marc Murtra, el patrón de Telefónica, que visita por primera vez en carrera al equipo que ha puesto en venta. El Movistar terminó 20º de 23, a 1m 18s del Visma, cuatro puestos por debajo del Caja Rural, el equipo debutante cuyo entusiasmo chocó con una realidad más blanda y amable.Clasificación GeneralposciclistaEquipoTiempo1Jonas VingegaardTVL 21:47 2Filippo GannaIGD +00:08 3Tadej PogacarUAD +00:12 4Juan AyusoLTK +00:16 5Remco EvenepoelRBH +00:19 6Isaac del ToroUAD +00:26 7Davide PiganzoliTVL +00:28 8Florian LipowitzRBH +00:35 9Tobias FossIGD +00:38 10Paul SeixasDCD +00:39 posciclistaEquipoTiempo1Jonas VingegaardTVL 21:47 2Filippo GannaIGD +00:08 3Tadej PogacarUAD +00:12 4Juan AyusoLTK +00:16 5Remco EvenepoelRBH +00:19 6Isaac del ToroUAD +00:26 7Davide PiganzoliTVL +00:28 8Florian LipowitzRBH +00:35 9Tobias FossIGD +00:38 10Paul SeixasDCD +00:39 Ver clasificación completa Etapas 1Barcelona - Barcelona19 KmSáb 04-Julio2Tarragona - Barcelona168 KmDom 05-Julio3Granollers - Les Angles195 KmLun 06-Julio