Mira Novak Djokovic a la grada, vencedor, e invita a su hijo Stefan a replicar los pasos prohibidos. El serbio, de 39 años, bromea y está feliz porque, en realidad, no le faltan razones. Estos días le acompaña su familia y, de momento, planea sobre los octavos de Wimbledon y su tenis va de menos a más; es decir, en una línea lógica que invita al optimismo. Ha derrotado al francés Arthur Rinderknech (7-5, 6-4, 1-6 y 7-6(4), en 3h 02m) y como ya hiciera en las dos intervenciones previas, lo celebra, ríe, baila y hace gala de su dominio dialéctico. De un control seguramente inigualable de la escena. La gente se lo pasa bien y lo agradece porque, al fin y al cabo, ¿qué es en el fondo el deporte, si no un juego?“Bueno, esto es espectáculo y la gente paga por venir aquí a vernos. En mi caso, siempre he intentado interactuar con los aficionados; a veces bien, otras no tanto... [risas]. En ocasiones intentas desconectar de todo y no le prestas atención a nada, y en otras ves cómo alguien pide matrimonio a su pareja y les dedicas unas palabras [como hiciera el lunes, durante el duelo contra el chino Yibing Wu: “¡Yo quiero una invitación a la boda!”]. Supongo que unos somos más expresivos que otros…”, expone después de una actuación regada de brillos, puesto que Rinderknech es un enredador de manual sobre césped y, aun así, ha logrado rendirle sin verse verdaderamente apurado. Hay un crecimiento. Si a Roland Garros llegó forzado y entre algodones, arrastrando todavía un dolor considerable en el hombro que se lastimó en marzo, en Londres aterrizó con otro rictus y pronunciando un discurso bastante más optimista. El día del estreno sufrió, pero contuvo la arremetida del rival y posteriormente, contra Stefanos Tsitsipas, pudo elevar la temperatura de su juego. En esta última aparición, la primera en la que ha disfrutado de la luz natural y sin la cobertura del techo, emite más señales positivas. Esto es, se le ve bien, y eso es mucho decir teniendo en cuenta de quién se trata; por si fuera poco, la victoria viene acompañada de eso que tanto le gusta. ¿Otro récord? Efectivamente, otro récord.De alto valor simbólico este, además. Con el triunfo firmado ante Rinderknech, el balcánico totaliza 105 en el All England Club y, por lo tanto, iguala el registro alcanzado por el mismísimo Roger Federer, amo y señor del santuario londinense. Ahora bien, nadie festejó más veces que Martina Navratilova (120).Gasolina anímica“Propongo un enfrentamiento entre Roger y yo por el 106… Y quien gane, se lo lleva. Terminemos con esto aquí... ¡Llamemos a Roger para que venga!”, le plantea al entrevistador. Luego, ya en la sala de conferencias, asegura a los presentes que se encuentra físicamente “más fresco” que en París, “sin duda”, aunque matiza que el desgaste que conlleva cada golpe sobre arcilla es superior. “Aquí es diferente”, apostilla, “pero eso no significa que no esté gastando energía y que conforme avance el torneo, el gasto será mayor”. Aun así, precisa que “no hay problemas importantes” en términos musculares ni articulares, y añade que el recorrido hasta los octavos le ha recargado el tanque anímico.No obstante, imaginar a Djokovic alzando su 25º grande —que a su vez supondría su octava cumbre en Wimbledon, plusmarca defendida también por Federer— todavía queda muy lejos. Vive al día el de Belgrado, que ahora mismo no mira más allá del cruce del domingo contra el ruso Roman Safiullin (de 36 años y 132º) y que ha logrado superar la barrera centenaria en tres de los cuatro grandes torneos. Suma 104 victorias en Australia, por las 103 de Roland Garros, las 105 de ahora en Londres y las 95 del US Open, el único escenario en el que se le han negado los tres dígitos. Si no hay contratiempos, en la próxima edición (del 30 de agosto al 13 de septiembre) podría acercarse, si no alcanzarlos; para ello, necesitaría desembarcar en los cuartos.Paso a paso de Djokovic, el mismo ritmo que se ha impuesto Jannik Sinner tras los acontecimientos de París. Allí, el calor lo derritió y el pronóstico inglés anticipa ahora un incremento de las temperaturas de cara a la siguiente semana, cuando el torneo ya habrá entrado en la recta final. El número uno ha superado la oposición de Jenson Brooksby (6-4, 6-3 y 6-4) y pese a que en su horizonte se adivine una autopista hacia las semifinales —se enfrentará el domingo a Shintaro Mochizuki (151º) y en su parte del cuadro ya han desaparecido las posibles amenazas de Daniil Medvedev o Tommy Paul—, desconfía del japonés: “Es muy bueno, sobre todo en hierba, y tiene un golpe muy plano”. EL DÚO DE LAS WILLIAMS, EN EL AIREA. C. | LondresAl siempre atractivo despliegue de Djokovic y Sinner se unió este viernes el de Aryna Sabalenka, que se impuso a Jelena Ostapenko (doble 6-4) y protagonizará el gran encuentro de la siguiente ronda: al otro lado de la red, la japonesa Naomi Osaka (6-1 y 6-3 a Daria Kasatkina).La bielorrusa es una de las debilidades actuales de Serena Williams, que el martes cayó en su retorno individual y este sábado, o así lo dice la teoría, debería volver a saltar a la pista en la modalidad de dobles junto a su hermana Venus. La realidad, sin embargo, podría ser diferente.Según transmitió hace tres días, la estadounidense (44 años) se hizo daño en la rodilla derecha, de modo que dejó en el aire una segunda intervención. Ella y Venus deberían haber competido ya, el jueves o el viernes, y aunque la organización les ha ofrecido margen, su presencia no está garantizada.El cuadro femenino de dobles ya está en marcha. De hecho, están disputándose ya los cruces de la segunda ronda. Y el apellido Williams consta el programa del sábado. “Espero que por el bien del tenis y de todos nosotros, podamos verla más. Veremos... Nadie sabe realmente qué pasará”, dudaba Nole.
Un Djokovic feliz y creciente que reta a Federer: “¡Que venga Roger, terminemos con esto aquí!”
El serbio se adentra en los octavos tras igualar la cifra de triunfos (105) del suizo en Londres. Compite “más fresco” que en París y “sin problemas físicos importantes”












