La cara de Donald Trump, en este año del 250º aniversario de Estados Unidos, es ubicua. Aparece en pasaportes nuevos, en los pases de los parques nacionales, en monedas conmemorativas, en pancartas en algunos edificios federales y, por supuesto, en televisión. Pero hay un sitio donde al republicano le encantaría ver su imagen y no está: el icónico monte Rushmore, en Dakota del Sur, donde están esculpidos en relieves gigantescos los rostros de cuatro de los presidentes estadounidenses más admirados. Es el lugar que escogió para dar un discurso este viernes en vísperas del 4 de julio, el día del 250 cumpleaños de la nación. Un discurso en el que arremetió, entre otras cosas, contra un viejo fantasma nacional: el comunismo.En su intervención, ya caída la noche y con las efigies de los cuatro presidentes iluminadas flotando sobre él, apenas mencionó el lugar en el que se encontraba, ni la ambición de acabar figurando allí como estatua de granito. Pero la imagen que quería transmitir estaba clara: el mandatario republicano se ve en el mismo grupo que el primer presidente, George Washington; el tercero, Thomas Jefferson; Abraham Lincoln, que abolió la esclavitud, y Theodore Roosevelt, el creador de la red de parques naturales y descrito por Trump como “el hombre que convirtió a Estados Unidos en una superpotencia”.No es posible, por mucho que Trump lo desee, alterar la estructura del monumento en las Colinas Negras de Dakota del Sur. Las evaluaciones técnicas del Servicio Nacional de Parques consideran que la cara de granito del monte, que ya presenta 140 microfracturas, es demasiado frágil. Los trabajos de una nueva escultura de gran tamaño podrían precipitar un derrumbe. Pero eso no es obstáculo para que el presidente coquetee con la idea. Era la segunda vez que el republicano se desplazaba hasta el monte Rushmore como presidente para un acto oficial. Ya estuvo allí en 2020, durante su primer mandato. Entonces comentó en redes sociales la posibilidad de sumar su cara: “¡Me parece una buena idea!”. Desde entonces no había hecho más referencia, al menos de palabra, al asunto. Pero, hace algo más de un mes, publicaba en su red social, Truth, imágenes en las que su rostro se había añadido a los otros cuatro. Este mismo viernes, la Casa Blanca tampoco lo descartaba. “No habría mejor adición al icónico Monte Rushmore que el presidente 45 y 47 de Estados Unidos, Donald Trump”, indicaba en una breve declaración en respuesta a las preguntas de los periodistas. Poco antes de pronunciar su discurso, publicaba en redes sociales una reproducción del monumento, en oro y con su cara añadida.Su antigua secretaria de Seguridad Nacional y exgobernadora del Estado, Kristi Noem, le regaló en su día una réplica de más de un metro de altura de las efigies, con la de él sumada a las de sus cuatro grandes predecesores.Y el secretario del Interior, Doug Burgum, responsable de los parques nacionales y que se desplazó este viernes con Trump en el flamante avión Air Force One regalo de Qatar, afirmó que hay espacio para incluir la efigie del antiguo magnate inmobiliario, en declaraciones el año pasado a la nuera del presidente, Lara Trump, en el programa de la cadena Fox News que ella presenta. En una reciente entrevista concedida a The Wall Street Journal, no descartó añadirla. “Estoy seguro de que habrá mucha gente que diga que necesitamos levantar algo que en honor de Trump”, declaró, aunque también puntualizó: “Ahora mismo creo que él está centrado en… arreglar todo lo que ya tenemos”. El año pasado, apenas días después de la investidura presidencial, la congresista republicana Anna Paulina Luna, de Florida, presentó un proyecto de ley para esculpir el rostro de Trump en el monumento. La organización creada con el respaldo de la Casa Blanca para organizar las conmemoraciones del aniversario, Freedom 250 ―diferente a la establecida hace una década por el Congreso y en la que participan personalidades de ambos partidos―, anunció la presencia de Trump en el acto en el monte Rushmore con una recargada declaración: “Bajo las majestuosas efigies de cuatro de los más grandes presidentes de Estados Unidos, el presidente Trump pronunciará un discurso histórico para conmemorar el 250 aniversario de la nación y trazar una ruta para el próximo capítulo de Estados Unidos”. Histórico, probablemente no. Lleno de epítetos, sí. Ante un escenario cubierto con banderas estadounidenses, y bajo las efigies de sus cuatro grandes predecesores, Trump pronunció un discurso aún más cuajado de superlativos de lo habitual, directo a la yugular patriótica de su público.“En ninguna crónica a lo largo de las eras ha habido jamás una nación que haya celebrado un triunfo de manera tan magnífica como esta. A sus 250 años, Estados Unidos es la república más antigua sobre la tierra. Somos el pueblo más libre de la tierra. Tenemos la Constitución más justa y duradera del mundo. Somos el país más fuerte y poderoso. Y por la gracia de Dios, Estados Unidos es la nación de más éxito, con más logros y más excepcional que jamás haya existido en la historia de la humanidad”, afirmó en un tono curiosamente apagado, que contradecía lo apasionado del texto.De ahí pasó a arremeter contra quienes él considera “comunistas” ―los progresistas y simpatizantes demócratas― con un lenguaje que llevaba de vuelta a los años cincuenta o sesenta ―los que él considera los últimos en los que Estados Unidos fue grande― y que sus predecesores abandonaron tras la caída de la Unión Soviética.“En los últimos años, ha habido un intento innegable de cambiar este carácter excepcional, de arrancarnos el espíritu estadounidense, enajenarnos nuestra historia y hacer imposible siquiera responder a la pregunta ‘¿qué significa ser estadounidense?… El comunismo es lo opuesto a la vida, libertad y la búsqueda de la felicidad [los principios que recoge la Constitución estadounidense], es la muerte, la tiranía, y la búsqueda del mal”. “En vísperas del 250 aniversario de la libertad estadounidense, resolvemos y juramos para que todos lo escuchen que los ciudadanos de Estados Unidos expulsarán al comunismo de nuestras orillas… ¡Estados Unidos nunca será un país comunista!”, dijo Trump.Un año después de haber desmantelado la agencia estadounidense de cooperación al desarrollo, Usaid, presumió de que “nadie ha dado más dinero a obras benéficas, saciado más hambre, curado más enfermedad o hecho más por elevar la condición humana que los estadounidenses, y ningún país jamás podrá compararse”, entre gritos de “Estados Unidos, Estados Unidos” de los suyos.El parque nacional estaba, desde luego, en terreno amigo. Dakota del Sur, que no ha votado a favor de un candidato presidencial demócrata desde que se inclinó por Lyndon B. Johnson en 1964, se ha decidido por Trump en las tres últimas presidenciales; en 2024, por una diferencia de 30 puntos porcentuales sobre la demócrata Kamala Harris. Un territorio mucho más favorable que Washington, la capital, que en esos comicios escogió a la entonces vicepresidenta con más de un 85% de los votos, y donde el mandatario dio la semana pasada el pistoletazo de salida a los festejos del aniversario con otro discurso: un acto organizado casi en el último momento, para reemplazar un concierto suspendido por las cancelaciones de muchos de los músicos, preocupados por la politización del acontecimiento. El evento, al que apenas asistieron unos pocos miles de personas, se convirtió en un mitin político, en el que el presidente se rindió homenaje a sí mismo.
Trump conmemora el 250º aniversario de Estados Unidos en el monte Rushmore, donde aspira a ver su rostro
Como en los tiempos de la Guerra Fría, el presidente estadounidense arremetió contra el fantasma del comunismo en un discurso cargado de superlativos patrióticos










