Àlex Tort 03/07/2026 23:17 Actualizado a 04/07/2026 07:49 Cuando el más elegante en Barcelona estos días de calores es quien va con la camiseta de Lamine Yamal (de su club o de la selección, da igual), va y aparece un norirlandés con muchísima juventud acumulada, de nombre Van Morrison, con sombrero clarito, americana azul y pantalones que engalanan. Son tiempos de bermudas y camisas por fuera. Entre las 3.000 personas que han asistido de público este viernes por la noche en el Auditori del Fòrum de Barcelona ha predominado también gente con años de experiencia. Ligera de ropa. Con bermudas y la más oficialmente informal de las camisas: la de manga corta. Arreglados, pero informales. Como toca teniendo en cuenta la climatología, eso sí. Pero nada que hacer con el León de Belfast.Nadie ha podido hacerle la competencia en cuanto a elegancia. Porque además pasa el tiempo y la voz es aún más estilosa, y sopla el saxo con fuerza mesuradamente desmesurada (con Little village ha levantado el público del asiento cuando lo usó). Y no será un Charlie McCoy o un Jean Jacques Milteau con la armónica diatónica, pero hay que ver cómo la maneja a derecha e izquierda para acto seguido, sin darse un solo respiro, coger el micro para deslumbrar otra vez con la voz.El norirlandés ha tirado del medley para homenajear a Sam Cooke o Vince TaylorCon todos estos ingredientes, que apenas hayan sonado clásicos ha dado completamente igual. Van Morrison ha venido al 58 Festival de Jazz de Barcelona sobre todo a presentar su último disco. Y es de blues. Y el desamor es el tema más recurrente del 'bluesero' y se interpreta si hace falta con corbata. Que si te ha dejado tu chica, como mínimo hay que mantener las apariencias. Así que el cantante norirlandés ha desplegado mayoritariamente en el repertorio temas de sus dos últimos álbumes: Remembering now (2025), un cóctel de soul y jazz, y Somebody tried to sell me a bridge (2026), blueser hasta el tuétano. Por tanto, durante una hora y cuarenta minutos, han aparecido temas marcadamente bluesy como Deep blue sea, Kidney stew blues, Snatch in back and hold it, Play the honky tonks, todos incluidos en el último disco. Para pasar después a canciones más rítmicas como aquel Little village, Down to joy, Foreign window o Tore down a la Rimbaud, entre otros.Van Morrison durante el conciertoÀlex Garcia / PropiasTambién ha versionado, haciendo del medley un bueno recurso. ¿Hay que homenajear el rock de Vince Taylor? Bueno es juntar Going down Geneva de Van Morrison con Brand new Cadillac de Taylor. ¿Sam Cooke? Pues mezclamos el Real real gone del norirlandés con el You send me del norteamericano. El público lo ha acompañado durante la hora y cuarenta minutos que ha durado el concierto. Real real gone, Moondance o un Gloria esplendoroso para cerrar han sido de los pocos clásicos que el cantante ha ofrecido. Brown eyed girl ha quedado en el olvido y el público tampoco no ha tenido la ocasión de deleitarse con ese agudo roto de Van Morrison cuando en Into the mystic reclama mecer tu alma gitana (IIIIIIIIIIII wanna rock your gypsy souuul). Ni caer rendido con su voz seductora en Someone like you. Pero Van Morrison ha entusiasmado, así, tan elegante como se ha presentado en Barcelona.Redactor de Cultura. Estuvo en Política del 2014 al 2025. En La Vanguardia desde el 2007, anteriormente colaboró en El País. Licenciado en Humanidades y en Periodismo por la UPF
Un Van Morrison elegante descarga su vena más 'bluesera' en Barcelona
El norirlandés llena el Auditori del Foòrum desplegando buena parte de su repertorio reciente y dejando de lado los temas clásicos







