Sergio LozanoCalella de Palafrugell 04/07/2026 00:19 Actualizado a 04/07/2026 08:04 Con una guitarra, un piano y sobre todo su voz, Bryan Adams abrió la nueva edición del festival de Cap Roig poniéndose el uniforme de cantautor, el que mejor le queda a este paraje junto al Mediterráneo. Lejos de las masas de los grandes conciertos, el autor de 18 till I die mostró esa faceta más íntima -más adulta para quienes consideren el rock una música de juventud- con la adaptación del repertorio canónico del canadiense al sonido folk que derramó acompañado de bromas y anécdotas para enganchar al público que se había acercado a Calella de Palafrugell.Ajeno al incendio que a menos de 20 km de distancia había quemado más de 2.300 hectáreas en la sierra de Les Gavarres, el músico añadió una nueva muesca al Bare bones tour, la gira acústica que realiza desde el 2004 en paralelo a los grandes conciertos, y que este año tendrá en Cap Roig su única parada peninsular. Nadie se quedó en casa pese a las llamadas a la precaución y el humo que podía verse tras las montañas desde un tramo de la C-35, y que el propio Adams recordó pidiendo un aplauso para la labor de los bomberos.Lee tambiénCon la única compañía al piano de Gary Breit, Adams se probó como músico sin trampantojos abriendo a solas con su guitarra Martin y Run to you, lo más alejado de una pieza acústica que pueda imaginarse. Un arpegio, unos pocos acordes y las palmas de la platea bastaron para acompañar y meterse al público en el bolsillo, tanto a quienes sabían a lo que venían como a los atraídos solo por el nombre, que se encontraron por sorpresa con el acústico.Vestido como siempre, con sus vaqueros azules, el pelo echado para atrás y un sombrero de copa como la calavera que le acompaña en esta gira, Adams navegó por su holgado repertorio de éxitos sin renunciar a la seminal Cuts like a knife de un lejano 1983 o Summer of 69, clímax de la noche con todo el público en pie cantando y aplaudiendo su propia nostaliga.Concierto de Bryan Adams en la apertura del Festival de Cap Roig.Pere Duran / Nord MediaEntre la música de campamento y el concierto de taberna, Adams convirtió Can’t stop this thing we started en una pieza de folk clàsico que atemperó la velada, fórmula repetida con Back to you. “Esta es la temperatura ideal para un artista, y para cualquiera” dijo el músico en agradecimiento a la brisa marina que le acompañó mientras cargaba la voz para interpretar It’s only love sin la ayuda de Tina Turner.Adams pidió un aplauso para la labor de los bomberos en el incendio de las GavarresEl piano acompañó sobre todo en las previsibles baladas desde que sonó Please forgive me, temas que explotan al máximo la suave rugosidad en el timbre del canadiense, que anoche mostró en Everything I do o Heaven, dejando que el público diera al estribillo con un coro tímido en volumen pero multitudinario en participación.Y es que estos huesos desnudos (bare bones en inglés) de Adams también se sostienen por las bromas y guiños lanzados constantemente desde el escenario con cualquier excusa, incluido el ruido que el viento provocaba en el techo del escenario. Ganchos que ayudaron a incrementar la complicidad y así darle el alma necesaria a los grandes éxitos para convertirlos en canciones de verdad.Más preciso fue al presentar Love is stronger than hate, para la que se colgó la armónica y explicó cómo el estrés postraumático que su padre, soldado, sufrió tras vivir la guerra anglopakistaní de 1966, le llevó a escribir que dedicó ‘a la lucha de los españoles por los más débiles’ y particularmente ‘por los niños que tanto sufren’.Con cierto aire cabaretero en The right hand en incluso riéndose de sí mismo al presentar Two hands to hold you, del último álbum, y afirmar que ‘es la primera vez que la escucharéis’, Adams bordó el concierto que a todo músico primerizo le gustaría dar en sus comienzos, aunque para ello ha necesitado 40 años de amasar éxitos y, sobre todo, la sabiduría para disfrutarlos a pecho descubierto, o a hueso desnudo.