EDITORIALEnviamos nuestro saludo al pueblo de los Estados Unidos en esta conmemoración histórica.

Vamos a comenzar con un dato que acerca enormemente, a diario, a los Estados Unidos y Guatemala: su territorio es hogar de al menos 3.2 millones de guatemaltecos. Históricamente ha sido una tierra de promisión, a la cual han llegado personas de todas partes del mundo en busca de oportunidades que a menudo son limitadas en sus países de origen. Por ello se afirma con frecuencia que se trata de una potencia construida por generaciones de migrantes, desde aquellos primeros colonos cuyos descendientes impulsaron ideales de independencia desde 1775, por los cuales incluso ofrendaron su vida, mientras otros mantenían encendida la aspiración de libertad.

El proceso mismo de Declaratoria no fue fácil, pero en junio de 1776, por múltiples circunstancias y procesos en marcha, comenzó a ganar fuerza entre los representantes legislativos de las 13 colonias iniciales, cuyo número es representado por igual número de franjas blancas y rojas de la bandera. Hubo disensos, dudas e incluso abstenciones en varias votaciones para decidir la emancipación de Inglaterra.

El documento final, manuscrito y consensuado, fue sometido a consideración de los representantes el 2 de julio de 1776 y fue avalado mayoritariamente. Más de un prócer consideró en su momento que esa se convertiría en la fecha por conmemorar. Sin embargo, el 4 de julio se convirtió en la fecha emblemática, debido a que en ese día el llamado Congreso Continental aprobó el texto definitivo que sigue siendo la base de la democracia estadounidense. Se han añadido enmiendas que han afianzado derechos específicos que encajan con la visión garantista del texto original. De hecho, esta misma semana se refrendó una de tales enmiendas, la de ciudadanía por nacimiento.