Albert Serra ya no es solo uno de los directores más radicales del cine español. Ahora, también es uno de los productores más arriesgados y que busca levantar los proyectos de colegas que buscan los mismos retos y apuestas que él. El cineasta podía haberse apoltronado, quedarse centrado en sus películas y olvidarse del resto. Sin embargo, ha decidido que hay un posicionamiento ético en ayudar a aquellos autores que comparten una visión. Como hicieron los directores de la Nouvelle Vague. Como hace Pedro Almodóvar.

Desde su productora Andergraun —junto a su socia Montse Triola— bucea entre aquellos directores que quieren levantar un proyecto y les ayudan a conseguir una financiación que ya no llega de un solo país, sino de muchos. Lo hicieron el año pasado con Alain Guiraudie, y ahora con Lav Díaz, el director filipino habitual de los festivales de cine y que acaba de estrenar Magallanes, su peculiar y único biopic sobre el conquistador al que da vida Gael García Bernal.

Serra defiende las herramientas que se están dando desde el Ministerio de Cultura para crear filmes que defienden una idea que siempre él ha expuesto, y es que el concepto de cine nacional tiene cada vez menos sentido, y que el lenguaje del cine atraviesa cualquier lengua o identidad nacional. Por eso, la unión de países y de sus ayudas públicas son clave para lograr un cine que se aleje de fórmulas rancias y algoritmos.