La Argentina acalambrada, agotada, en una pierna, sin sorpresas, sin belleza, pero se ganó la primera final de esta Copa del Mundo. ¿Contra Francia? ¿Contra España? ¿Contra Brasil? No, contra una selección debutante, que no había perdido, ni había ganado, que venía como punto y casi casi fue banca: Cabo Verde. La Selección Argentina jugó mejor, tuvo oportunidades y tuvo la pelota, pero no tuvo sorpresa ni resto físico. Tampoco los cambios le aportaron claridad. Sí, jugó mejor Mac Allister que en los partidos anteriores, pero el equipo apenas logra acompañar alguna genialidad de Lionel Messi, porque no aparecen los goles de Lautaro Martínez, ni la potencia de Julián Alvarez. Enzo Fernández tampoco está haciendo un gran mundial, y cuando lo atacan, lo llenan de preguntas. Esta noche en Miami al Dibu le hicieron dos goles en los que nada pudo hacer, y sacó otras dos pelotas espectaculares. Los cien partidos de Lionel Scaloni en la dirección técnica de la Selección Argentina fueron con sufrimiento, con dolor y con angustia. Mucho para 16avos de final, ante un rival a priori inferior, que tampoco hizo un gran partido, sino que pegó en los momentos justos, marcó muy bien y se defendió con armas nobles ante una potencia mundial que defiende su tercer título. Aplausos para Cabo Verde, que se va de su primer mundial invicto en los 90 minutos, y sin perder ni con tres campeones, a los que puso en problemas serios: Uruguay, España y la Argentina.