El verano de hace 50 a�os empez� en Madrid con la asfixia del calor y la descarga de aparatosas tormentas. El primer d�a de julio, el Rey hab�a despachado al presidente del primer gobierno de la Monarqu�a, Carlos Arias, despu�s de siete meses de duro enfrentamiento. Poco dur� aquel Ejecutivo que, a la luz de la Historia, hab�a nacido muerto. El futuro estaba sentado en el Consejo de Ministros, aunque nadie ni siquiera lo sospechaba. El preceptor del Rey y presidente de las Cortes hab�a pedido a Arias que nombrara al joven azulAdolfo Su�rez ministro secretario general del Movimiento. Quer�a tener en el Consejo de Ministros a un hombre de su confianza. Como informante.Juan Carlos I, reci�n aterrizado en su alta magistratura, estaba desesperado con Arias. As� se lo hab�a confesado a Fern�ndez-Miranda. �No me deja hablar, no oye, no me acepta como Rey. El otro d�a grit� a la Reina delante de Mond�jar. Por la noche me paseo todo el palacio, parezco un fantasma, le ped� perd�n a la reina y se ech� a llorar. Lo que m�s me irrita es que pienso que Arias me puede, y esto, cojones, no es as�, tu lo sabes�. As� se relata en el libro de Pilar y Alfonso Fern�ndez-Miranda titulado Lo que el Rey me ha pedido, donde se cuenta el esfuerzo que el jefe del Estado tuvo que hacer para lograr que Arias Navarro dimitiera como presidente.El entonces ministro Areilza, favorito de toda la clase pol�tica para sucederle, dijo que hab�a visto al Rey muy contento y aliviado de haberse quitado de encima a Carlos Arias. Empezaban as� dos d�as decisivos para el alumbramiento de una democracia moderna y europea despu�s de 40 a�os de dictadura franquista. En el transcurso de 48 horas, se ejecut� la operaci�n Su�rez, que s�lo conoc�an a fondo el Rey y el presidente de las Cortes y del Consejo del Reino. Y a�n conoci�ndola y habi�ndola dise�ado, tampoco estaban del todo seguros de llegar a buen puerto. Eran demasiadas las piezas del puzzle que ten�an que encajar. Y las piezas eran las �lites de un r�gimen, empezando por los nost�lgicos del b�nker, siguiendo por los m�s rupturistas y acabando con los reformistas.Por all�, en los pasillos de aquel r�gimen moribundo tras el fallecimiento de su titular, se paseaba con un �xito relativo Adolfo Su�rez, un joven seductor, guapo y ambicioso, con escasa formaci�n intelectual y toneladas de encanto personal. Su�rez empez� por encandilar al hombre fuerte del r�gimen, Fernando Herrero Tejedor, que le dej� hu�rfano cuando falleci� en accidente de tr�fico en junio de 1975. Pero logr� ser nombrado ministro del primer Gobierno de Juan Carlos. Lo hab�a esperado mucho tiempo. �Soy un chusquero de la pol�tica. No soy ministro porque no estudi� en El Pilar ni vivo en Puerta de Hierro�, confes� a sus amigos, seg�n relata Gregorio Mor�n en su biograf�a de Su�rez.Hab�a conseguido las dos cosas, aquel 3 de julio de 1976, cuando opt� por quedarse en su casa de Puerta de Hierro y enviar a su familia a la playa. S�lo su hija mayor, Mariam, se qued� con �l y vel� armas a la espera de la reuni�n del Consejo del Reino que ten�a que decidir la terna que se presentar�a al jefe del Estado para que designara a un presidente de entre los tres. Carmen D�ez de Rivera, que ser�a su jefe de Gabinete, le acompa�� tambi�n ese d�a. Los periodistas hac�an guardia en la puerta de la casa de Jos� Mar�a de Areilza, el favorito para el puesto de presidente.En las muchas biograf�as de Adolfo Su�rez, en las memorias de los pol�ticos de la �poca y en los documentos de los protagonistas de aquella operaci�n, se detalla que -sin que trascendiera al gran p�blico-, hab�a un plan preconcebido, astuto y sofisticado, que consist�a b�sicamente en que los consejeros del Reino pusieran en la terna final el nombre de Adolfo Su�rez sin quererlo, ni pretenderlo y muchos sin casi conocerle.Seg�n los documentos, el resumen de aquella trascendente reuni�n fue as�. Torcuato Fern�ndez Miranda control� todos los minutos y las horas. Se supon�a que hab�a un tapado, pero nadie sab�a qui�n era. El Consejo del Reino era libre, por expreso deseo del jefe del Estado para proponerle al Rey tres nombres. A Torcuato le correspond�a orientar la decisi�n siguiendo las instrucciones del Rey. Siete horas duraron las reuniones. La jugada maestra fue incluir en la terna a un azul, Adolfo Su�rez, en todas las votaciones de cribado. De relleno. Un nombre insignificante. La operaci�n iba sobre ruedas, pero hubo un momento de crisis. Federico Silva Mu�oz, hombre del r�gimen, estuvo a punto de lograr la unanimidad de votos. Le faltaba uno. Fern�ndez-Miranda suspendi� la reuni�n para pedirle a Miguel Primo de Rivera, falangista aperturista, que echara una mano a Su�rez. La terna qued� as�. Silva, quince votos, L�pez Bravo, catorce votos. Su�rez, doce votos. El Rey, Fern�ndez-Miranda y Su�rez ten�an una estrategia, el resto de los sectores del r�gimen, no. �Estoy en condiciones de ofrecerle al Rey lo que me ha pedido�, declar� el presidente de las Cortes a los informadores. Nadie supo interpretar aquel enigma hasta meses despu�s. Los �ltimos ser�n los primeros. El hombre cat�lico que siempre fue Adolfo Su�rez hab�a hecho diana en una ense�anza b�blica.Tras recibir oficialmente la terna del Consejo del Reino, el bromista Juan Carlos I marc� personalmente el n�mero de tel�fono de Adolfo Su�rez. ��Qu� haces, Adolfo�, le pregunt�. �Revisando papeles. �Quiere algo su Majestad?�, le contest� el ministro en funciones. �No, s�lo saber c�mo est�s�. Cuando colg� el aparato, Su�rez pens� que su sue�o de ser presidente se hab�a esfumado. No era la primera vez que su ambici�n recib�a un correctivo. Lo consult� con Carmen y �sta le dijo que esperara un poco. Algo sab�a ella, porque el Rey se lo hab�a contado en primavera. A la media hora, volvi� a sonar el tel�fono y el Rey le convoc� a Zarzuela. All� se escondi� detr�s de la puerta del despacho para gastarle una broma y despu�s le pidi� en tono solemne. �Te pido que aceptes la Presidencia del Gobierno�. �Ya era hora, Majestad�, respondi�. Con la mayor sinceridad y sin esconder una ambici�n que le era tan propia como la osad�a y la seducci�n.Espa�a entera puso cara de sorpresa ante un acontecimiento inesperado. De los muchos que vendr�an a partir de la fecha. Televisi�n Espa�ola dio la noticia de la designaci�n del nuevo presidente y ofreci� la imagen de un hombre joven y desconocido, llegando a su casa en un Seat 127 con el que se hab�a desplazado a Zarzuela.Espa�a entera dio un respingo de estupor. Adolfo Su�rez no fue bien recibido por nadie. Ni por los aperturistas, ni por los inmovilistas, ni por sus colegas, ni por la oposici�n, ni por la prensa nacional, ni por la internacional. �Es como si hubieran hecho a La Chelito madre abadesa de las Descalzas�, resumi� el influyente periodista Emilio Romero. �Qu� error, qu� inmenso error�, titul� el historiador Ricardo de la Cierva, parafraseando un c�lebre art�culo de Ortega y Gasset de 1931. �Entente entre la Falange y el Opus�, resumieron los medios internacionales. Todos desconoc�an entonces lo que s� sab�a Eduardo Navarro, su secretario. �Adolfo estaba dotado de unas dotes de seducci�n irresistibles. En la escena del sof�, cuando conversaba con sus interlocutores, todos se sent�an �nicos en el pensamiento del presidente. A todos les convenc�a�.Don Juan Carlos explica que eligi� a Su�rez �porque era un hombre joven y moderno, porque proced�a del franquismo y no era sospechoso de querer hacer cambios demasiado radicales y era suficientemente ambicioso para desear ser el hombre capaz de afrontar los momentos que viv�amos. Su�rez el franquista logr� convencer a los antifranquistas de que depositaran en �l su confianza para poner el cambio en marcha. Su �xito super� todas las expectativas�.Esa capacidad de adaptaci�n la explica Carmen D�ez de Rivera con un ejemplo: �Podr�a casarse con su primera esposa, si se hubiera separado de ella, y hacerlo de gala como en la primera ceremonia y con los mismos padrinos�.El 5 de julio, Su�rez jur� su cargo en Zarzuela, de rodillas y ante un crucifijo. Entre esa foto en la penumbra del blanco y negro y el d�a de hoy s�lo han pasado cincuenta a�os. Los protagonistas no muestran, ni remotamente, el aspecto de estar participando en un hecho hist�rico que alumbr� la democracia.El 6 de julio, mientras la prensa especulaba sobre cu�ntos meses durar�a el presidente inveros�mil, Adolfo Su�rez se dirigi� a los espa�oles a trav�s de TVE. Mal iluminado y sentado el borde de un sof� de sky, pronunci� uno de los muchos discursos que se har�an c�lebres. �Si la sociedad espa�ola aspira a una normalizaci�n democr�tica, vamos a tratar de conseguirla. Pertenezco, por edad, a una generaci�n de espa�oles que solo ha vivido la paz, pertenezco por convicci�n y talante a una mayor�a de ciudadanos que desea hablar un lenguaje moderado, de concordia y conciliaci�n�.EFE Bajo la presidencia de S.M. el Rey Juan Carlos I, el 9 de julio de 1976 en el Palacio de la Zarzuela se reunieron los miembros del gabinete ministerial presidido por Su�rez para celebrar el primer Consejo de Ministros despu�s de la jura del d�a anterior. Entre otros, estaban Alfonso Osorio, Landelino Lavilla, Gabriel Pita da Veiga o Rodolfo Mart�n Villa.
50 a�os del nombramiento de Adolfo Su�rez como presidente del Gobierno: "Ya era hora, Majestad"
El verano de hace 50 a�os empez� en Madrid con la asfixia del calor y la descarga de aparatosas tormentas. El primer d�a de julio, el Rey hab�a despachado al presidente del...






