El iceberg A23a, considerado durante largos períodos el más grande del mundo, terminó de desintegrarse en las últimas semanas tras un año de fracturas aceleradas y derretimiento en el Atlántico Sur. El fenómeno ocurrió lejos de la Antártida, luego de un recorrido iniciado en 1986, y fue monitoreado por satélites, drones y buques científicos como un caso clave para estudiar el impacto del cambio climático en las masas de hielo. En sus últimos meses, el A23a mostraba en la superficie líneas azules paralelas de agua de deshielo. Cada una anticipaba una grieta que pronto se abriría aún más. Se desplazaba a unos 30 kilómetros por día, rodeado por riachuelos formados por su propio derretimiento. Durante años ocupó entre 3500 y 3900 kilómetros cuadrados, más del doble del tamaño del Gran Londres, según distintas comparaciones. Se estimaba que pesaba cerca de un billón de toneladas. Unos 40 metros sobresalían sobre la superficie del mar y alrededor de 400 permanecían bajo el agua, donde su quilla rozaba el lecho marino.
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