La moda parece haberse puesto inesperadamente de acuerdo en una prenda: el traje de baño a rayas blancas y negras de la Barbie original. Y no viene solo. Disfrazado de nostalgia, el ‘revival’ de aquel diseño de 1959 coincide con el retorno de un canon femenino muy concreto

A estas alturas de la película, hablar de tendencias es casi un anacronismo. En la economía de la novedad constante y el supuesto elogio a la individualidad, se lleva todo y nada. Y en el ajuar de baño la premisa es especialmente pertinente. Hay biquinis de estampado tie dye, estética surfera, con volantes, colores pastel y neones, asimétricos, con tiras, trenzados, en crochet, étnicos, con tachuelas, lenceros, a cuadros Vichy, de lunares, ribeteados… Se hacen una idea. Y, en medio de esa oferta tan variada, un único modelo en el que el caprichoso mundo de la moda parece haberse puesto de acuerdo: el bañador de cuerpo entero, a rayas blancas y negras. Como el de la Barbie Original. La primera. La que se presentó el 9 de marzo de 1959 en la Feria del Juguete de Nueva York... y definió el ideal de la mujer perfecta: cintura estrecha, piernas largas, pecho prominente, sonrisa perenne y feminidad codificada.

No es hilvanar fino. La moda es a la vez espejo y catalizador de lo que sucede en el mundo –económica, política, social y estéticamente–, y en lo que se refiere al acto del vestir ninguna puntada se da sin hilo.