Por el magistrado Jesús Cadena Alcalá Hace un año, hablar del Tribunal de Disciplina Judicial (TDJ) era hablar de un proyecto en papel. Hoy es una institución con sede, magistraturas en funciones y expedientes en trámite. Ese paso de la promesa constitucional a la operación diaria ya es, por sí mismo, una noticia relevante en un país donde las reformas estructurales suelen quedarse a medio camino. Pero hay una pregunta muy importante, ¿esta nueva institución está acercando la justicia a la gente, o es solo otro nombre para la misma desconfianza de siempre?La naturaleza de los TDJs es correctiva y preventiva, no jurisdiccional. No resuelven controversias entre particulares ni revisan el fondo de una sentencia. Vigilan que las personas juzgadoras actúen con ética, legalidad, imparcialidad y diligencia. Pueden investigar de oficio o por denuncia, sancionar desde amonestaciones hasta inhabilitaciones y, si la falta pudiera ser delito, dar vista al Ministerio Público.Es vital no confundir disciplina con censura judicial. Se sanciona la conducta irregular de quien juzga, no el contenido de sus sentencias. Nadie interviene en su criterio, porque respetar la independencia de cada persona juzgadora es fundamental.Antes de la reforma, el Poder Judicial figuraba entre las instituciones públicas con menor confianza ciudadana: el Latinobarómetro 2024 encontró que el 68.9% de los encuestados confiaba poco o nada en él. Una encuesta de la Konrad-Adenauer-Stiftung documentó algo aún más preocupante: la mayoría de las personas nunca había tenido contacto directo ni indirecto con un juez. Ese mismo estudio reveló que la ciudadanía esperaba que la reforma resolviera la corrupción y acabara con los privilegios. En otras palabras, no exigía un tribunal de disciplina por sí mismo, exigía resultados frente al abuso de poder. El tribunal es el instrumento, la confianza recuperada es el resultado, y ese resultado todavía está en construcción.Por eso sería prematuro decir que un año de operación ya revirtió años de desconfianza acumulada. Lo que sí puede documentarse es que el diseño institucional cambió a fondo y que las primeras acciones del Tribunal mexiquense apuntan hacia la cercanía con la ciudadanía como estrategia central.El Tribunal comenzó a construirse desde el interior, paso a paso, con un mensaje claro: prevenir antes que sancionar, servir antes que juzgar, escuchar antes que señalar. Esto sigue siendo una declaración de intenciones, pero marca una dirección distinta a la imagen punitiva y distante que históricamente ha tenido la disciplina judicial en México.El Tribunal de Disciplina Judicial mexiquense tiene bases sólidas, pero le falta el recorrido que solo dan el tiempo y la prueba de los casos reales. La cercanía, entendida como acceso físico, transparencia y disposición a ser medido por la ciudadanía, es necesaria para recuperar confianza, pero no es suficiente por sí sola.Un año después de la reforma, se puede decirse que el cambio institucional ya ocurrió. Pero crear un órgano no es lo mismo que consolidarlo, y consolidarlo no es lo mismo que ganarse legitimidad. Esta se ganará resolviendo quejas con criterios homogéneos, distinguiendo el error judicial del abuso de poder, y manteniendo su independencia frente a intereses políticos o mediáticos.Ese examen apenas comienza. El primer año fue el de la instalación y la apertura de puertas. El segundo tendrá que ser el de los resultados verificables.En colaboración con Héctor Ávila GonzálezÚnete a nuestro canal
Disciplina y cercanía: el nuevo rostro de la justicia mexiquense a un año de la reforma, escribe Jesús Cadena Alcalá
Por el magistrado Jesús Cadena Alcalá Hace un año, hablar del Tribunal de Disciplina Judicial (TDJ) era hablar de un proyecto en papel. Hoy es una institución con sede, magistraturas en funciones y expedientes en trámite. Ese paso de la promesa constitucional a la operación diaria ya es, por sí mismo, una noticia relevante en un país donde las reformas estructurales suelen quedarse a medio camino. Pero hay una pregunta muy importante, ¿esta nueva institución está acercando la justicia a la gente, o es solo otro nombre para la misma desconfianza de siempre?La naturaleza de los TDJs es correctiva y preventiva, no jurisdiccional. No resuelven controversias entre particulares ni revisan el fondo de una sentencia. Vigilan que las personas juzgadoras actúen con ética, legalidad, imparcialidad y diligencia. Pueden investigar de oficio o por denuncia, sancionar desde amonestaciones hasta inhabilitaciones y, si la falta pudiera ser delito, dar vista al Ministerio Público.Es vital no confundir disciplina con censura judicial. Se sanciona la conducta irregular de quien juzga, no el contenido de sus sentencias. Nadie interviene en su criterio, porque respetar la independencia de cada persona juzgadora es fundamental.Antes de la reforma, el Poder Judicial figuraba entre las instituciones públicas con menor confianza ciudadana: el Latinobarómetro 2024 encontró que el 68.9% de los encuestados confiaba poco o nada en él. Una encuesta de la Konrad-Adenauer-Stiftung documentó algo aún más preocupante: la mayoría de las personas nunca había tenido contacto directo ni indirecto con un juez. Ese mismo estudio reveló que la ciudadanía esperaba que la reforma resolviera la corrupción y acabara con los privilegios. En otras palabras, no exigía un tribunal de disciplina por sí mismo, exigía resultados frente al abuso de poder. El tribunal es el instrumento, la confianza recuperada es el resultado, y ese resultado todavía está en construcción.Por eso sería prematuro decir que un año de operación ya revirtió años de desconfianza acumulada. Lo que sí puede documentarse es que el diseño institucional cambió a fondo y que las primeras acciones del Tribunal mexiquense apuntan hacia la cercanía con la ciudadanía como estrategia central.El Tribunal comenzó a construirse desde el interior, paso a paso, con un mensaje claro: prevenir antes que sancionar, servir antes que juzgar, escuchar antes que señalar. Esto sigue siendo una declaración de intenciones, pero marca una dirección distinta a la imagen punitiva y distante que históricamente ha tenido la disciplina judicial en México.El Tribunal de Disciplina Judicial mexiquense tiene bases sólidas, pero le falta el recorrido que solo dan el tiempo y la prueba de los casos reales. La cercanía, entendida como acceso físico, transparencia y disposición a ser medido por la ciudadanía, es necesaria para recuperar confianza, pero no es suficiente por sí sola.Un año después de la reforma, se puede decirse que el cambio institucional ya ocurrió. Pero crear un órgano no es lo mismo que consolidarlo, y consolidarlo no es lo mismo que ganarse legitimidad. Esta se ganará resolviendo quejas con criterios homogéneos, distinguiendo el error judicial del abuso de poder, y manteniendo su independencia frente a intereses políticos o mediáticos.Ese examen apenas comienza. El primer año fue el de la instalación y la apertura de puertas. El segundo tendrá que ser el de los resultados verificables.En colaboración con Héctor Ávila GonzálezÚnete a nuestro canal








