La periodista y escritora Cristina Fallarás ha sido demandada por el redactor publicitario Israel Bravo después de que este se diera por aludido en uno de los testimonios anonimizados publicados en la cuenta de Instagram de la colaboradora de Público. Aunque el relato no le cita ni le menciona expresamente, Bravo se ha identificado con algunas referencias que aparecen en el texto y considera que se ha vulnerado su derecho al honor, "afectando a su reputación".PublicidadBravo opina que cualquier lector podría deducir que el relato que aparece en un testimonio publicado por Fallarás el 13 de febrero de 2025 en su perfil se refiere a él. Por ello, reclama que la periodista retire la publicación, se abstenga de volver a difundir cualquier testimonio que pueda relacionarle con esos hechos y le indemnice con 20.000 euros por presuntos daños causados a su honor.El testimonio no menciona su nombreEl testimonio por el que se dio por aludido Bravo hablaba de un "copywriter, el mayor referente ahora mismo en España, muy macarra". "Me acosó sexualmente, me engañó, manipuló, chantajeó, presionó para que accediera a ser su amante", relataba la mujer anonimizada por Fallarás. En ningún momento aparecía el nombre de Israel Bravo ni ningún otro dato identificativo directo.Precisamente por eso, buena parte del escrito que integraba el burofax que el publicista le remitió a Fallarás el 24 de febrero de 2025 antes de demandarla se dedica a justificar por qué, a su juicio, esa ausencia de nombre no impide reconocerle. Su defensa sostiene -en el escrito al que ha tenido acceso Público-que las expresiones "es una persona muy influyente" o "el copywriter, mayor referente ahora mismo en España" apuntan "inexorablemente" hacia él.Para sostener esa conclusión, la defensa de Bravo incorpora incluso una captura de una búsqueda de Google sobre quién es "el mejor copywriter de España", donde aparece una noticia sobre el demandante. Bravo infiere, de ese modo, que no hacía falta citar expresamente su nombre porque bastaba con las referencias utilizadas para que los lectores llegaran por sí solos a esa identificación.PublicidadEl escrito trata de reforzar esa tesis recurriendo también a los comentarios que aparecieron bajo la publicación. Allí algunos usuarios escribieron mensajes como "Bravo compañera", "BRAVO por ti", "Se trata de I.B." o que directamente mencionaron a Israel Bravo. Además, atribuye a Fallarás la responsabilidad de haber permitido que esos comentarios permanecieran visibles. Bravo subraya que nunca ha sido condenado ni denunciado por hechos de esa naturaleza.Fallarás "contactó personalmente con la autora del testimonio"Fallarás, por su parte, rechaza de plano que la publicación permitiera identificar de forma inequívoca a Bravo y sostiene que su trabajo consiste precisamente en impedirlo. En su contestación a la demanda presentada por el redactor publicitario, afirma que "se limita a publicar un testimonio, sin añadir nada".Según explica, realiza "un trabajo de filtrado de textos" que impide publicar "datos objetivos que, sin lugar a duda, permitan identificar a una persona". La periodista, además, afirma que "contactó personalmente con la autora del testimonio y contrastó con ella los hechos relatados", por lo que considera cumplido el deber de diligencia exigido al informador.PublicidadLa defensa de Fallarás sostiene que la expresión "el copywriter mayor referente, ahora mismo en España" no constituye un dato identificativo objetivo. Y argumenta que en internet aparecen distintos profesionales al realizar búsquedas similares y añade que, incluso bajo la propia publicación, hubo usuarios que apuntaron a personas distintas o que directamente preguntaban de quién se hablaba.Respecto a los comentarios publicados por otros usuarios, Fallarás rechaza que puedan atribuirse a ella. Su defensa sostiene que la "constante remisión de testimonios" y el trabajo de "comprobar su verosimilitud, anonimizar los textos [y] revisar la inexistencia de datos" hacen imposible supervisar de forma permanente todas las respuestas que aparecen en una cuenta con cientos de miles de seguidores. Exigirle ese control, añade, supondría "un trabajo desmesurado" y generaría un "riesgo de 'efecto desaliento' a cualquiera".La periodista también cuestiona el motivo que puede haber llevado a Bravo a dirigir la demanda exclusivamente contra ella y señala cómo el demandante no actúa contra "la persona autora del testimonio, ni contra los terceros que lo comentan ni contra Instagram", sino únicamente contra "una de las máximas exponentes públicas de la lucha por el feminismo en España".Ello "evidencia" que la reclamación "no persigue resarcir un daño personal directo, sino atacar a quien representa pública y colectivamente un movimiento que él rechaza frontalmente". Cabe mencionar que Bravo, lejos de ser una persona anónima, aparece con relativa frecuencia en entrevistas, podcasts y canales de difusión donde califica al feminismo de "secta" o afirma cosas como "no conozco a ninguna mujer que sea inteligente y que sea feminista", "cualquier cosa, casi abrir una puerta el siguiente paso es que sea para maltratarte ahí dentro, o sea quiero decir, es todo muy exagerado" o "me parece el feminismo, una falta de respeto a la inteligencia a la mujer tan grande ¿Qué son idiotas? Os habéis quejado de que el hombre os dominaba y ahora os está dominando Irene Montero". A juicio de la defensa, esas manifestaciones evidencian "un posicionamiento ideológico beligerantemente antifeminista" y sirven para contextualizar una demanda que, según sostiene, debe interpretarse "dentro del marco de su sesgo y estilo polémico".Contra el movimiento testimonialNo es la primera demanda de este tipo a la que se enfrenta la activista feminista. El rapero Ayax también la denunció en 2025 por presuntamente atentar contra su honor, después de que la periodista publicase un relato de una agresión sexual en el que no se proporcionaba ningún nombre. El cantante reclama una cuantiosa indemnización de 750.000 euros. "Va quedando claro que este no es un juicio contra mí. Es un juicio contra el movimiento testimonial", expresó el pasado mes de marzo Fallarás, tras salir de declarar por este caso en el juzgado de Zaragoza.Fallarás recibe y publica habitualmente en su perfil de Instagram relatos de víctimas de violencia machista, agresiones sexuales y otros tipos de violencias contra las mujeres, en los que nunca da nombres. El abril de 2018, lanzó el hashtag #Cuéntalo que dio lugar a cerca de tres millones de tuits de los cuales más de 50.000 son testimonios de violaciones, abusos o acoso sexual. Se abrió camino entonces el movimiento testimonial en España. Desde agosto de 2023, a raíz del hashtag #SeAcabó popularizado tras el caso Rubiales, la periodista comparte a diario en su perfil de Instagram testimonios de mujeres que le escriben para hablarle fundamentalmente de situaciones de violencia sexual que han sufrido en algún momento de sus vidas.El propio Instituto de las Mujeres, dirigido por Cristina Hernández, ha acordado con Fallarás la creación de un archivo para preservar "decenas de miles de testimonios de violencia machista" que la escritora ha ido recopilando. En concrceto, ha aceptado copreservar los testimonios que atesora desde agosto de 2023 hasta marzo de 2025. "Esta compilación evidencia la diversidad sociodemocrática de las mujeres que han dado el paso de relatar su historia: diferentes niveles socioeconómicos, educativos, edades, profesiones y procedencias. (...) La recogida de estos relatos ha sido concebida y realizada conforme a estándares profesionales periodísticos, lo que garantiza su autenticidad y credibilidad", informó en octubre de 2025 el organismo dependiente del Ministerio de Igualdad.Público se ha puesto en contacto con Israel Bravo, pero hasta la fecha de publicación de este artículo aún no había recibido respuesta.