Los acusados de violencia sexual desvían habitualmente el foco hacia sus víctimas como “arma defensiva”, explica una jurista
Julio Iglesias ha publicado este jueves en su perfil de Instagram varios mensajes que supuestamente ha recibido desde WhatsApp de las trabajadoras que le han denunciado por agresión sexual. “La evidencia es clara: las comunicaciones de WhatsApp enviadas por las denunciantes durante el tiempo que trabajaron en mi casa y las comunicaciones después de irse, demuestran que la información difundida carece de veracidad”, señala el cantante en un comunicado, que incluye capturas de pantalla de esos mensajes privados. Instagram es el “único medio que me permite ejercer legítimamente mi derecho a la defensa y dejar constancia de la absoluta falsedad de los hechos denunciados”, ha afirmado el cantante después de que la Fiscalía española no le permitiera personarse en el procedimiento que se ha iniciado en este país.
No es extraño que los acusados de violencia sexual utilicen en su defensa el argumento de que lo sucedido es responsabilidad de las denunciantes o de que estas mantienen una vida normal, como ocurrió en el caso de La Manada, en el que uno de los acusados encargó a un detective que repasara sus redes en los días posteriores a su denuncia. Presentó un informe ante el juez que finalmente acabó retirando.









