OpiniónCreíamos que las elecciones iban a ser un plebiscito arrasador en contra de un gobierno desastroso. Pero la izquierda chavista conquistó a medio país.ESCRITOR Y ANALISTA POLÍTICO02.07.2026 22:01 Actualizado: 02.07.2026 22:01 Después de perder las elecciones, y fiel a su esencia y a su costumbre, el petrochavismo nos advierte que “incendiarán el país”, al tiempo que la secretaria de la Juco —la cuna de ‘Timochenko’, ‘Romaña’ e Iván Cepeda— afirma que lo harán “invivible” después del 7 de agosto. Cepeda, por su parte, avisa: “No reconoceré la autoridad” del gobierno de Abelardo, y llama a la “desobediencia civil”.Abelardo ganó las elecciones en franca lid y es el presidente electo legítimo de todos los colombianos. No hay el menor asomo de duda sobre su victoria inapelable, reconocida por nuestras autoridades legítimas y por toda la comunidad internacional. Como resultado del calamitoso gobierno de Petro, tendrá que afrontar unos retos enormes en salud, energía, fiscalidad, criminalidad, etc.; pero uno de sus mayores retos será neutralizar política y judicialmente —cuando violen la ley— al petrochavismo, que es la principal amenaza a nuestra institucionalidad democrática.Sabidos y denunciados son los vínculos del petrochavismo con el crimen organizado. Pero lo más grave es que su votación fue enorme. La diferencia con respecto a la de Abelardo fue sorprendentemente reducida: 0,96 % de un total de 26 millones de votos. Es un hecho: el populismo de la izquierda chavista ha conquistado —a la buenas y a las malas— a medio país. Muy grave y muy preocupante para nuestra democracia. Aunque dependerá de una gran variedad de factores, en principio su hipotético regreso al poder no puede descartarse de plano. La suerte del país dependerá entonces del éxito económico, social y político del gobierno de Abelardo. Pero tal vez se necesitarán dos o tres gobiernos democráticos sucesivos y exitosos para neutralizar el riesgo del regreso al poder del petrochavismo.Debemos preguntarnos entonces por qué hemos llegado a esta situación, especialmente cuando creíamos que el fracaso del gobierno Petro le quitaría para siempre el apoyo electoral al populismo chavista en nuestro país. Objetivamente hablando, su gobierno ha sido el peor de nuestra historia republicana. Y, sin embargo, los votos del petrismo aumentaron, en vez de disminuir.Los diez millones de votos restantes son pura opinión pública y capacidad organizada de movilización de su aparato político. Un peligro latente para la democracia.Creíamos que estas elecciones iban a ser un plebiscito arrasador en contra de un gobierno tan desastroso. Y para nuestra enorme sorpresa nos encontramos con que por poquito resulta reelegido. No es fácil entender cómo es posible que un gobierno tan malo, con un candidato tan acartonado y mediocre, con una campaña ensimismada, lerda y opaca como su candidato, sin estrategia y sin norte, que cometió tantos y tantos errores, logre sacar 10 millones de votos en la primera vuelta y en la segunda aumentar su votación en casi tres millones de votos, y pisarle los talones al candidato ganador.Por supuesto que a lo anterior contribuyeron “los votos fusil”, pero mal contados serían solo 300.000 votos; los votos ingenuos de la centroizquierda, unos 2 millones; la nómina oficial y contratistas, un millón de votos. Redondeando, algo más de tres millones. Los nueve millones de votos restantes son pura opinión pública y capacidad organizada de movilización de su aparato político. Un peligro latente para la democracia.El alza desmesurada del salario mínimo —propiciada por una dirigencia gremial políticamente ciega que se negó a acordar con los sindicatos un alza muchísimo menor— y la masiva propaganda negra contra Abelardo —a quien le atribuían falsamente la intención de reducir los salarios, acabar con los subsidios a los más pobres, favorecer exclusivamente a los ricos, etc.— seguramente indujeron a algunos sectores sociales a apoyar el petrismo, pero no explican toda su enorme votación.Sobre los hombros del nuevo gobierno está la responsabilidad de debilitar políticamente al petrochavismo. Debe ser un gobierno competente y pragmático, que solucione problemas, pero también que domine la agenda política, que consolide una sólida y mayoritaria alianza política democrática, que neutralice a sus opositores y que logre y conserve un alto respaldo popular. Son condiciones indispensables para evitar el regreso del petrochavismo al poder en Colombia. 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El petrochavismo sigue vivo
Creíamos que las elecciones iban a ser un plebiscito arrasador en contra de un gobierno desastroso. Pero la izquierda chavista conquistó a medio país.








