El reloj de Wembley marcó el segundo gol de Inglaterra el 19 de julio de 1966 y, sin que nadie lo advirtiera entonces, comenzó una de las rachas defensivas más extraordinarias en la historia de la Selección Mexicana. A partir de ese instante, la portería tricolor permaneció intacta durante cuatro partidos completos de Copa del Mundo.La racha sobrevivió al empate sin goles frente a Uruguay que despidió al Tri de Inglaterra 66, con Antonio Carbajal bajo los tres postes. Cruzó el océano y cuatro años de espera hasta renacer en el Mundial de 1970, cuando Ignacio Calderón heredó la estafeta y mantuvo el arco invicto en el 0-0 frente a la Unión Soviética, el primer partido inaugural disputado por un país anfitrión en el Estadio Azteca. Después llegaron el 4-0 sobre El Salvador y el 1-0 ante Bélgica que llevó a México, por primera vez, a unos cuartos de final.Te puede interesar: REVISTA | Raúl "Tala" Rangel: El Frankenstein de la portería y titular con México en el 2026Fueron 375 minutos sin recibir gol. Una marca que atravesó generaciones y que ningún equipo mexicano volvió a igualar durante más de medio siglo.Hasta ahora.En el Mundial de 2026, nuevamente con México como anfitrión, el equipo de Javier Aguirre construyó otra muralla. Venció 2-0 a Sudáfrica, 1-0 a Corea del Sur y 3-0 a República Checa para firmar una fase de grupos perfecta: nueve puntos, cero goles recibidos y un logro que únicamente habían conseguido antes Brasil en 1986, Italia en 1990, Argentina en 1998 y Uruguay en 2018.La historia pidió un capítulo más el 30 de junio en el Azteca. México derrotó 2-0 a Ecuador con un gol de antología de Julián Quiñones y otro de Raúl Jiménez, quien además quedó a cinco tantos de Javier "Chicharito" Hernández como máximo goleador histórico del Tri. Lo verdaderamente simbólico ocurrió atrás: el arco volvió a quedar en cero.Cuatro partidos. Cuatro porterías imbatidas. La misma cifra que unió a Wembley con el Estadio Azteca en 1970. La comparación va mucho más allá de los números.Aquella generación rompió el techo histórico del futbol mexicano al alcanzar por primera vez unos cuartos de final, sostenida por una defensa que parecía inexpugnable. La de 2026 también comenzó a derribar viejos fantasmas: la victoria sobre Ecuador significó el primer triunfo mexicano en una ronda de eliminación directa desde el Mundial de 1986. Otra vez, el punto de partida fue el mismo: una portería cerrada.Raúl "Tala" Rangel ya inscribió su nombre junto al de Ignacio Calderón. Ambos, formados en la cantera de Chivas, son los guardianes de las dos mejores rachas defensivas que ha construido México en los Mundiales.Pero esta historia también tiene otro protagonista. Si Tala representa el presente, Guillermo Ochoa simboliza el puente entre generaciones. El veterano arquero, de 40 años, tuvo un gesto de Javier Aguirre y sus compañeros para jugar 12 minutos ante Chequia, con lo que sumó su cuarta justa jugada y seis mundiales convocado. Su liderazgo ha sido determinante dentro del grupo. Después de levantar como titular las Copas Oro de 2011 y 2023, ahora acompaña desde otro lugar a una nueva generación que busca escribir la página más grande en la historia del futbol mexicano.Como Antonio Carbajal cedió la estafeta a Nacho Calderón hace más de cinco décadas, Ochoa ha hecho lo propio con Tala Rangel. Dos parejas de porteros separadas por 56 años, unidas por la misma misión: proteger el arco de México mientras una generación sueña con cambiar la historia.El siguiente desafío será todavía mayor. Suiza estableció en 2006 una racha de cuatro partidos consecutivos sin recibir gol antes de ser eliminada en penales sin que nadie pudiera vencer a su arquero. El récord absoluto pertenece a Italia en 1990, con cinco encuentros consecutivos de imbatibilidad.México ya igualó una de las marcas más emblemáticas de su propia historia y ahora tiene a la vista otra que pertenece al futbol mundial. El 5 de julio, frente a Inglaterra, tendrá la oportunidad de superarla.En 1966 un gol inglés cerró una puerta. En 1970 esa puerta cerrada abrió la mejor actuación mundialista que México había conocido. Cincuenta y seis años después, bajo el mismo cielo del Azteca, una nueva generación volvió a echar el candado. Esta vez, con Tala Rangel en la cancha y Guillermo Ochoa acompañando desde el vestidor, dos generaciones de porteros sostienen el mismo sueño: que la historia, por fin, se atreva a ir un poco más lejos.