Alfonso Aparicio MadridActualizado Viernes,
julio
00:02Horas despu�s de que los lefebvrianos ordenaran a cuatro obispos en Suiza sin el consentimiento del Vaticano, el ambiente en la capilla de Santiago Ap�stol de Madrid era de absoluta exaltaci�n. Es su principal feudo en Espa�a: la �nica capilla en la que ofician misa diaria. En Granada, Sevilla, Barcelona, Vitoria y Salamanca, donde tambi�n tienen representaci�n, lo hacen s�lo en d�as contados del mes. Adem�s de en Suiza, su fuerza est� en Francia, con m�s de 300 sedes, y en menor medida en el sur de Alemania y en Polonia. Pero los fieles que se reunieron a mediados de esta semana en Madrid viv�an la consagraci�n episcopal como un triunfo, ajenos a las advertencias de excomuni�n inmediata que la Santa Sede hab�a lanzado d�as antes en una carta donde Le�n XIV exig�a que dieran "�marcha atr�s!". No lo hicieron. Y de ello presum�a el sacerdote con voz firme cuando, en mitad de la ceremonia, dio la espalda al altar y exclam� ante su veintena de fieles "la gran alegr�a y el agradecimiento espiritual por la gran valent�a" de los cuatro nuevos obispos de la fraternidad y alert� contra "la destrucci�n reciente de la iglesia desde el Concilio Vaticano II". El resto de la ceremonia, como manda el canon lefebvriano, la ofici� de espaldas a los parroquianos y en lat�n.Para saber m�sHabl� el sacerdote flanqueado por la bandera del Sagrado Coraz�n de Jes�s y por la del Vaticano. Desde all� llegar�a el jueves la consecuencia del desaf�o que supusieron las consagraciones celebradas en el Seminario de �c�ne (Suiza): un decreto del Dicasterio de Doctrina de la Fe confirm� que supon�an "un acto cism�tico" y, por tanto, los cuatro obispos consagrados contra la voluntad del Papa, as� como el espa�ol Alfonso de Galarreta y Bernard Fellay, que concelebraron la ceremonia frente a 15.000 fieles presenciales y miles m�s por streaming, quedaban inmediatamente excomulgados. Expulsados de la Iglesia Cat�lica.Foto de los obispos lefebvrianos a la entrada de la eucarist�aJavier BarbanchoEl mi�rcoles a la salida de misa uno de los fieles, que prefer�a no dar su nombre, aseguraba de manera tajante a Cr�nica que no tem�a a ese destino. "Como no existe una intencionalidad de separarse del Papa, no hay delito y por tanto no puede haber excomuni�n autom�tica", defend�a. Pero lo cierto es que s� la hubo. Y no s�lo para los directamente implicados en la ceremonia cism�tica. "Se advierte a los cl�rigos y fieles laicos que no se adhieran al cisma de la Sociedad Sacerdotal de San P�o X, pues incurrir�an autom�ticamente en la pena de excomuni�n", dice expl�citamente el decreto vaticano conocido ayer.Las normas eclesi�sticas en este sentido est�n en rom�n paladino: no se pueden ordenar nuevos obispos sin el consentimiento previo del Vaticano. Y los lefebvrianos son reincidentes. El 30 de junio de 1988 Marcel Lefebvre, de quien toman el nombre sus fieles, consagr� como obispos a los fallecidos Bernard Tissier de Mallerais y Richard Williamson y a los ahora excomulgados Bernard Fellay y Alfonso de Galarreta. Juan Pablo II castig� la consagraci�n de inmediato con la misma pena de excomuni�n que ahora. Pero fue perdonada por Benedicto XVI en 2009. Galarreta, nacido en Cantabria pero criado en Argentina, es actualmente el superior general de la Sociedad Sacerdotal de San P�o X, que es la denominaci�n oficial de este grupo cism�tico.�l tuvo un rol central en una ceremonia durante la que Davide Pagliarani, la m�xima autoridad del grupo ultraconservador, asegur� que se les acusa "de no amar al Papa, de no respetarlo". "Pero porque amamos al Papa, no queremos verle humillado cuando se pone en el mismo plano de los falsos pastores, de las falsas religiones como hemos visto en varias situaciones", lanz� como reto.Su mensaje resonaba en la capilla de Madrid en pleno terremoto. "La fraternidad siempre ha dicho que no quiere separarse del Papa, de la autoridad y la figura del Santo Pont�fice, m�s all� de que Le�n XIV est� siendo asesorado con un criterio que a lo mejor no es el m�s acorde para la Iglesia cat�lica", dec�a un fiel lefebvriano. Compart�a misa con otro ataviado con una camiseta azul conmemorativa de la reciente visita a Madrid de Le�n XIV, el 'excomulgador'.MISAS EN LAT�N, DOCTRINA TRADICIONALEl inicio de la grieta entre los lefebvrianos y la autoridad eclesial se remonta al rechazo del Concilio Vaticano II (1962-1965) a la mayor parte de los textos propuestos entonces por Marcel Lefebvre. La reacci�n del arzobispo franc�s fue abrir un nuevo seminario en Ec�ne para fundar el ente religioso el 1 de noviembre de 1970 bajo el nombre de Fraternidad Sacerdotal San P�o X, en honor al papa P�o X, pont�fice que a principios del siglo XX combati� las nuevas ideas del modernismo teol�gico que estaban surgiendo.Desde su creaci�n, el pilar fundamental de esta congregaci�n religiosa ha sido la defensa de la "doctrina tradicional", como defiende uno de los fieles de Madrid. Caiga quien caiga. As� lo dijo Lefebvre (fallecido durante la Semana Santa de 1991) en los a�os 70: "Una de dos: obedecer al Papa con riesgo de perder la fe, o desobedecer y mantener intacta la fe; obedecer y colaborar en la destrucci�n de la Iglesia, o desobedecer y trabajar en el mantenimiento y continuaci�n de la Iglesia; aceptar una Iglesia reformada y liberal, o pertenecer a la Iglesia Cat�lica."En el d�a a d�a, p�rrocos como el de la capilla de Santiago Ap�stol, abogan por que las misas se realicen en lat�n y de espaldas a los fieles siguiendo la modalidad ad orientem -"hacia el oriente"-, donde el sacerdote y la asamblea miran al altar de Cristo. Para los tradicionalistas, dicha orientaci�n devuelve a la misa su sentido de misterio.LA APERTURA DE FRANCISCOFrente a la "destrucci�n" de la Iglesia de la que alert� el p�rroco durante la misa, algunos asistentes defend�an ante Cr�nica que "el papa Francisco tuvo una apertura muy grande a la fraternidad". "Bergoglio permiti� a la fraternidad facultades como la de confesar o permitir contraer matrimonio", aseguraba uno de ellos.Durante su mandato, el 1 de abril de 2016, Francisco recibi� en la Santa Sede al Monse�or Bernard Fellay, uno de los obispos cism�ticos de 1988 perdonados por Benedicto XVI. La reuni�n se consider� un gesto positivo y la conversaci�n se catalog� como cordial entre ambas partes. El propio Francisco dijo un a�o despu�s, en 2017, que las relaciones con los lefebvrianos eran en aquel momento "fraternales". Han dejado de serlo.











