Actualizado 03/07/2026 - 12:50h.
Majestades, autoridades, apreciados colegas:
Eneas abandonó Troya con su padre ciego sobre los hombros y su hijo cogido de la mano. Su patria ardía en llamas, arrasada por los griegos. En 1302, Dante salió de Florencia hacia el exilio. Vivió en Verona, Bolonia y Rávena; allí escribió gran parte de 'La divina comedia'. Víctor Hugo dejó Francia tras oponerse a Napoleón III. Vivió en Bélgica y luego en la costa de Normandía, donde escribió 'Los miserables'. En 1939, tras la Guerra Civil, la filósofa María Zambrano cruzó la frontera hacia Francia. De ahí pasó a Estados Unidos, luego a Cuba, México, Puerto Rico, Italia y Suiza. Ocho países en cuarenta y cinco años de exilio.
El destierro y el desplazamiento han sido, después de la muerte, la circunstancia máxima del ser humano. Se es extranjero de la misma forma en que cambiamos de país, de trabajo o de barrio. Incluso al sobrevivir a una enfermedad o a la muerte, nos convertimos en una persona distinta. En las páginas de 'Los bienaventurados', María Zambrano descubre al lector una verdad sobre la condición humana: quien ha perdido su patria, asegura Zambrano, contempla la realidad desde una libertad que los arraigados difícilmente poseen y que yo he procurado transmitir a los lectores en la columna 'Lo que más duele no es el desarraigo', texto que el jurado ha reconocido con el premio Mariano de Cavia de este año.








