Una luz cálida se filtra por la inmensa superficie vidriada inundando la sala. Una tela montada de 5 x 8 metros solo puede verse desde la calle, pero en su reverso dos monitores proyectan un video para ver desde dentro. Mientras, en la vereda opuesta a la avenida, una proyección delante del revés de otra tela proyecta un video sorprendiendo a los transeúntes y a los que esperan el colectivo. Solo son algunos de los puntos focales que la presente edición del Premio Fundación Santander a las Artes Visuales 2026 ha puesto en sala, en su edificio corporativo de la Av. Paseo Colón en la capital porteña.Esta vez, el premio recayó en dos artistas que no forman un colectivo, sino que se unieron por afinidades aun cuando cada quien maneja un lenguaje propio. Se trata de Valeria Maggi y Luis Garay, junto al curador Mariano Mayer, y su obra ReversoDoble, que fue seleccionada entre más de 150 propuestas y tres finalistas, y puede visitarse hasta noviembre.El título anticipa una llave para entender cómo se articulan la añoranza, el recuerdo, la proyección, la poesía y la utopía, incitando a experimentar un sistema que se vale de núcleos que reflexionan sobre el paisaje concebido como un escenario vivo. “El gran ventanal, que limita el interior del exterior, se vuelve un portal; permite ver la ciudad y a quienes van de paso, espiar adentro”, dicen los creadores. Y se preguntan: “¿Quién mira del derecho y quién del revés?”. Es la primera vez que el premio se comparte entre dos artistas y que el espacio del gran hall de acceso tiene puntos de atención que implican de manera activa a los que toman un colectivo o pasan por la vereda.Hoja de rutaSensorial es el sentido profundo del proyecto. Y para esto es necesario desentrañar ciertas claves que apelan no solo a la construcción del paisaje, sino también al migrante, que, en alguna parte de su historia, revela un territorio que recompone o trae consigo.Para entender cómo ambos artistas llegaron a producir un proyecto que debe tener un curador asociado para presentarse, hubo un primer contacto en 2025 en Azotea.ars, un espacio autogestionado por artistas que mantiene el objetivo de ampliar el público de la danza contemporánea en diálogo con la ciudad, la arquitectura y el tiempo presente, donde Luis Garay presentó Toque Zombi. Ya había escuchado de Valeria y sus pinturas; justamente le despertaba curiosidad por qué una tucumana pintaba palmeras. Así comenzaron a conversar, teniendo en cuenta una frase de Néstor Perlongher (1949-1992) que se preguntaba “¿Por qué el sur no se tropicaliza?”, como un desafío en tiempos de dictaduras en la región, donde la rigidez cultural y literaria propia del eurocentrismo porteño dejaba de lado la mezcla, el descontrol y la sensualidad del trópico.En medio de varios viajes –como suelen tener hoy los artistas que hacen presentaciones o residencias en el exterior–, consensuaron con Mariano Mayer (Buenos Aires, 1971), poeta y curador, actualmente de la Colección Oxenford y también de la nueva lectura sobre la Colección Federico Klemm, en la exposición por los 30 años de la Fundación. Imaginaron integrarse en equipo para ir en la misma dirección y sintonía, tratando de llegar al mismo punto desde lenguajes diferentes.Valeria Maggi (Tucumán, 1985) estudió en la Universidad de Tucumán, pero se trasladó a Buenos Aires en 2014, cuando fue admitida en el Programa de Artistas de la Universidad Torcuato Di Tella. Tiene un recorrido en numerosas muestras colectivas dentro de la Argentina, Perú, Brasil y Estados Unidos; y en 2025 obtuvo el Premio Braque con uno de sus paisajes de tonos cálidos y formas blandas sobre telas de grandes dimensiones. Estas piezas no representan sino “un anhelo que apela a construir un escenario más que un paisaje”, según sus propias palabras.Luis Garay (Bogotá, 1981) vive y trabaja en la Argentina desde 1998. Es artista de danza, video y performance. Se formó en el Taller de Danza del Teatro San Martín y entre 2018 y 2021 completó una maestría en Estudios Performáticos en la Universidad JLU de Giessen, Alemania. Fundó el Laboratorio de Acción, una plataforma para artistas emergentes en Latinoamérica, y sus videos han recorrido espacios como el Museo Moderno de Buenos Aires, e internacionales que incluyen Berlín, Santiago de Chile, el Reino Unido, París y Japón.Escenarios que invitan a quedarseSi bien el tamaño de las telas de Valeria y su colorido vuelven inmersiva a la relación con el espectador, cubriendo la arquitectura, hay algunos escenarios preparados que requieren de un tiempo de atención. Así ocurre con el espacio que se ubica en la ochava, donde hay una instalación audiovisual que denominan “mobiliario de escucha”: desde un camastro cómodo, mullido y con vista a las palmeras del Parque Lezama, se puede ver en una pantalla una figura espectral que recita poemas mientras un grupo de skaters le pasan cerca sin alterarlo.Después de la Ola (o Zombi-do) toma el formato de videoclip para cruzar ciencia ficción y poesía, inspirándose en la poesía concreta de los 50 y 60, como el espiralismo, movimiento literario de Haití centrado en la reescritura y la energía del lenguaje, con fragmentos de autores como Frankétienne (Haití), Barba-Jacob (Colombia), los argentinos Oliverio Girondo y Néstor Perlongher, y Harris (Guyana). Y en 30 minutos va construyendo “un paisaje de variación continua: un lenguaje que, al volverse opaco, deja de pertenecer a quien lo enuncia. Lo espectral se extiende a los cuerpos: persisten en un paisaje donde la naturaleza orgánica ya no organiza la experiencia”.Hacia la escalera caracol que domina el fondo de la gran sala se exhibe una pieza sin sonido filmada en ese mismo lugar sobre una plataforma de 50 x 50 cm. En ella, Emilio Luna realiza Palmas, un ensayo de su arte de bailarín de flamenco. La atención invita a subir a la terraza del edificio donde la obra Atardecer naranja, de Valeria, contrapone por color y por forma a la rigurosa geometría constructiva, mientras dialogan con un olivo traído de Santander.Mostrando el esqueleto de metal que sostiene una de las tres obras de gran tamaño de Maggi, otra instalación audiovisual presenta Ola tras ola, un video de dos canales, sonido estéreo, en 49’, que puede entenderse como un sistema de relaciones en un tiempo no lineal. Mientras DAIMON sorprende mostrando a Karen “La Burbuja” Carvajal, boxeadora profesional, que evidencia lo que el deporte hace de la repetición para el aprendizaje. Solo se ve desde la calle. Otra pintura de grandes dimensiones mira hacia adentro, señalando algo de esa repetición. Un gesto que obliga a una entrega total del cuerpo, la mano, el brazo, moviéndose en ese plano que usa la repetición para disolverse, transformar, desaparecer. Valeria usa óleos fabricados con pigmentos naturales traídos de Brasil, distribuidos con un pincel de no más de 3 cm que produce transparencias y cadencias siempre curvas. Usar la repetición hasta la abstracción y como remarca el curador: “En ambos el movimiento entra, aparece algo de ese movimiento conocido, de lo real en su máxima presencia que se resuelve si sucede esa emotividad física”.El jurado integrado por Guillermo Tempesta Leeds, presidente de la Fundación; Lucrecia Palacios, directora ejecutiva de Fundación arteba; Elena Tavelli, directora artística de Fundación Santander Argentina; y las artistas Gachi Hasper y Solana Molina Viamonte proponen que “no se trata solo de lo que está delante nuestro, sino también de lo que llevamos dentro. A partir de un mismo horizonte, cada mirada construye sus propias imágenes y en esa mezcla de lo real y lo imaginado, en esa convivencia entre lo íntimo y lo compartido, el paisaje también revela nuestra particular manera de estar en el mundo”.ReversoDoble - Premio Santander 2026 Lugar: Fundación Santander, Av. Paseo Colón 1380 Horario: de lun. a sáb. de 15 a 18. Fecha: hasta noviembre 2026 Entrada: libre y gratuita.