Tras tres años de prórroga, Catalunya vuelve a tener presupuestos en vigor. Un salvoconducto para que el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, pueda completar la legislatura catalana con cierta holgura y llegar al 2028. De hacerlo, será el primer president que agota su mandato desde el también socialista José Montilla. Rebasado el ecuador de la legislatura, el Parlament ha dado este jueves el visto bueno a los primeros presupuestos del Govern del PSC y se apaga así el runrún que había en los pasillos de la Cámara catalana en los meses previos, cuando se especulaba en los corrillos de la oposición con la posibilidad inédita de un doble adelanto electoral y de que por primera vez en la historia coincidieran las elecciones generales y las catalanas. En realidad, esa posibilidad se esfumó con el acuerdo que sellaron en mayo los socialistas con Esquerra Republicana y Comuns. Hoy se ha certificado. La ley ha contado, pues, con 69 votos favorables -una diputada de Junts, Noemí Nieto, se ha equivocado-. Los 66 diputados de JxCat, PP, Vox, la CUP y Aliança Catalana han votado en contra. Este proyecto, el más importante de un ejecutivo, permite a Illa afrontar y culminar la segunda mitad del mandato. Además, le da oxígeno tras las crisis de Rodalies y la del sector educativo de estos últimos meses. La suma presupuestaria llega a los 49.162 millones, un 22,8% más que la del 2023. Al finar la votación, el president Salvador Illa ha pedido la palabra para agradecer a ERC y Comuns el apoyo a las cuentas.Con el horizonte de la legislatura más lejano que hace unos meses, desde JxCat, el principal grupo de la oposición, señalan que su objetivo es consolidarse “como la única alternativa desde las propuestas claras y nítidas de este Govern”. En realidad, la formación posconvergente está a la espera de lo que suceda con el líder de su partido, Carles Puigdemont, cuyo futuro judicial y político empezará a aclararse a partir del 16 de julio con la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE). El partido también tiene ya un ojo puesto en las elecciones municipales del 2027, en las que aspira a volver a ser la fuerza con más alcaldías y recuperar el poder municipal que se dejó por el camino hace tres años. Desde ERC, aseguran que en esta segunda parte del mandato elevarán la exigencia y se centrarán en el cumplimiento de los acuerdos ya alcanzados con el PSC y con el Gobierno de Pedro Sánchez. Para los republicanos es importante llegar a las elecciones con cuestiones como la financiación o la quita de deuda del FLA resueltas. Por ello, prevén mantener la relación con los socialistas y “aprovechar la oportunidad”. Pese a entrar en ciclo electoral, no descartan negociar los presupuestos del 2027 –cuya tramitación debería arrancar al volver de las vacaciones–, aunque dicen que solo lo harán si se pudiera contar con los 4.700 millones extra del nuevo modelo de financiación, que debe pasar todavía por Madrid. Así lo ha verbalizado Ester Capella: “Tienen las herramientas y recursos ahora. Ya no hay excusas para aplazar decisiones o no desplegar los acuerdos. Empieza una nueva etapa en la que aumenta la responsabilidad para el PSC”.Pese a que el Executiu no renuncia a presentar presupuestos en los dos ejercicios que restan de legislatura, lo que se ha respirado a lo largo del debate es que se trata, probablemente, de las únicas cuentas que recibirán luz verde en este mandato. A partir del próximo año arranca un ciclo electoral que enturbiará las negociaciones entre grupos por este calendario marcado por los comicios municipales en mayo y, si nada cambia, con la convocatoria de las generales. Y en 2028 los catalanes volverán a ser llamados a las urnas para elegir la composición de un nuevo Parlament.Dos modelosJunts, PP y Vox han coincidido en que los impuestos en Catalunya son demasiado altos y “ahogan” a las clases mediasLa consellera de Economia i Finances, Alícia Romero, ha bautizado este hito como una “gran noticia” porque da a Catalunya “estabilidad, certidumbre y herramientas para transformar y avanzar”. Son unas cuentas que “proporcionan recursos para generar prosperidad y reforzar el estado del bienestar”, a su juicio, y ha agradecido a sus socios el “trabajo, responsabilidad, compromiso y exigencia” para cerrar el pacto.En el debate se ha constatado la diferencia de modelos. Junts, PP y Vox han coincidido en que los impuestos en Catalunya son demasiado altos y “ahogan” a las clases medias. Por parte de los posconvergentes, Antoni Castellà ha acusado a Illa de gobernar “con arrogancia” una vez que se ha asegurado los presupuestos, un tono que cree que también muestra con republicanos y ecosocialistas. Por ello, se ha preguntado si esto implica un “antes y un después” en la legislatura. Castellà ha apuntado que la aprobación de esta ley “va más allá” de unas cuentas y, desde la óptica de JxCat, se comprueba que después de dos años “hay proyecto de partido pero no de país” porque es un Govern “centrado en resistir, sin rumbo y que gestiona precariamente”.El diputado de Junts ha pedido “menos triunfalismo” a los socialistas por decir que estos presupuestos son “los más grandes de la historia”: “Crecen en cantidad, pero el PIB por cápita es cada vez más pequeño”. Asimismo, Castellà ha vuelto a subrayar que el problema de fondo es el déficit fiscal. “Madrid ahoga a la Generalitat y la Generalitat ahoga más a los ciudadanos de Catalunya”. Por ello, ha insistido en la fórmula del concierto económico.Por su parte, Esquerra y Comuns han hecho bandera de los acuerdos que han incluido en los presupuestos tras pactarlos con el Govern y han defendido la aprobación para “darle a Catalunya todos los recursos que merece”. La republicana Ester Capella cree que los déficits acumulados en infraestructuras, vivienda y servicios públicos exigen que “no se viva instalados permanentemente en una prórroga presupuestaria”. La portavoz de ERC ha reivindicado la vía de la negociación con el objetivo de “ganar soberanía” y, ante las críticas de Junts, ha sostenido que “hay quien confunde coherencia con inmovilismo cuando es compatible defender los mismos objetivos y, al mismo tiempo, aprovechar cada negociación para acercarnos a esas metas”. “No creemos en los cheques en blanco, pero tampoco en el bloqueo”, ha resumido.En sus palabras, la formación republicana ha centrado estos presupuestos en “ganar espacios de decisión, reforzar servicios públicos y corregir algunos desequilibrios”. Capella ha destacado la línea orbital, el consorcio de inversiones, el traspaso de competencias de seguridad a Mossos en puertos y aeropuertos o la Autoritat Aeroportuària como algunas de las bazas arrancadas en la negociación.Durante su turno de intervención, Jéssica Albiach (Comuns) ha puesto el foco en que este presupuesto tiene 2.500 millones destinados a vivienda, que es el “objetivo claro” de la legislatura. En paralelo, ha reivindicado el acuerdo para impulsar una ley que limite la compra especulativa de casas y pisos porque “parar los pies a los fondos buitre tiene que ser la principal tarea política de la legislatura”. La presidenta del grupo de los ecosocialistas ha pedido al Govern, eso sí, que vaya más allá porque “no hay presupuestos suficientemente grandes para compensar la desigualdad” existente en Catalunya. En lo que resta de mandato, Albiach ha apuntado que su formación mantendrá la mano tendida al Govern “siempre que sea para mejorar la vida de la gente” y que estará “atenta al cumplimiento de los acuerdos”.Desde el PP, su portavoz Juan Fernández ha aseverado que el president “ha perdido la oportunidad de decir que este es el mandato de la estabilidad” por la aprobación de un presupuestos dos años después del aterrizaje socialista en el Palau de la Generalitat y unas cuentas validadas en el mes de julio. Para los populares, este proyecto refleja que el PSC “ha convertido la Generalitat en una delegación política del sanchismo porque cada cesión a ERC y cada renuncia ante los Comuns responde al objetivo de mantener vivo un Gobierno en Madrid”. Según Fernández, estos presupuestos son “la herramienta más eficaz de Illa para culminar el proceso de liquidación de la clase media” y ha tildado de “estafa política” su prosperidad compartida: “Cuesta más ahorrar, invertir y contratar”. Además, ha avisado al socialista que “se le está poniendo cara de Artur Mas, un president atrapado por sus socios”.En una línea parecida se ha pronunciado Joan Garriga (Vox). El portavoz de la formación de extrema derecha ha admitido que “estar sin presupuestos condena a la incertidumbre y parálisis”, pero a su vez ha precisado que “es tan malo no tener presupuestos como tener unos malos presupuestos”: “La Catalunya de 2026 es peor que la de 2023. Hay más listas de espera, más pobreza, más infierno fiscal y más inseguridad”. Garriga ha criticado al PSC, ERC y Comuns por dibujar una Catalunya “imaginaria e idílica” con las cuentas: “La Generalitat recauda más que nunca pero malgasta sus recursos en sus obsesiones. Eso es expolio fiscal”.En cuanto a la CUP, Laure Vega ha justificado el voto en contra de su grupo porque “la gente merece más y mejor”. La anticapitalista ha llamado a “rebelarse” contra un esquema según el cual hay solo tres opciones, una “derecha que se va extremando, la extrema derecha o el mal menor”. “Eso no es un horizonte, no se puede criticar la exigencia, la vida tiene que ser descaradamente mejor y salvar simplemente los muebles no lo garantiza”, ha añadido. Desde Aliança Catalana, Rosa Maria Soberana ha criticado los recursos destinados al cambio climático o los fondos de cooperación para países en vías de desarrollo, y ha arremetido contra un proyecto que “es la expresión de la prioridad del Govern, su supervivencia política”.Calonge, 1998. Redactor de 'La Vanguardia' desde 2024. Licenciado en Periodismo por la Universitat Pompeu Fabra. Cubro la actualidad política catalanaRedactor de La Vanguardia y colaborador de la revista cultural El Ciervo. Cubre la actualidad política catalana desde 2017
Illa apuntala la legislatura con la aprobación de los presupuestos de la mano de ERC y Comuns
Los grupos de la oposición reprochan al Govern el “ahogo” de las clases medias con su política fiscal














